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El 27 los argentinos volvemos al sol

El dicho de “tapar el sol con la mano” al Presidente le queda grande y pretende vedarnos el futuro a todas y todos sólo hablando de un dedo índice del candidato que representa la esperanza de millones. Y a decir verdad, el pueblo argentino busca un poco de sol en este octubre.

A ese astro resplandeciente, que da vida, calor, alegría y esperanza, hace cuatro años lo pretendieron reemplazar con insípidas circunferencias de látex color amarillo. Muchos, sin querer quizás, anonadados por la cantidad, creyeron que esas bolas eran soles. Otros, malintencionados, los inflaban con mentiras y engaños por doquier. Así, la Argentina se llenó de falsos “soles” que más temprano que tarde se pincharon y explotaron.

El problema fue, que esos soles de látex no daban calor en las mañanas, sino telegramas de despido a cientos de trabajadores argentinos, llegando, al terminar el 2019, al 12% de desocupados. Tampoco aliviaban el dolor de los enfermos, sino que reducían el presupuesto en salud, rebajando el ministerio a secretaría. Los globos amarillos tampoco alumbraban las escuelas: cada día más niños pasan hambre y la mitad de la población infantil es pobre.1 En cuanto a los adultos mayores, el gobierno amarillo recortó sus jubilaciones, les quitó medicamentos y los reprimió a balazos de goma en diciembre de 2017.

También provocó que más de 20.000 empresas cierren sus puertas en los últimos cuatro años,2 los usuarios paguen tarifas con el 3600% de aumento en promedio,3 que el país alcance un nivel de endeudamiento insostenible y escandaloso, y todos los argentinos queden endeudados durante cien años.

A los que inflaban los globos amarillos sí que les fue bien: los bancos por ejemplo, ganaron en el último año un 165% más que en 20184; transfirieron al exterior más de U$S 133.000 millones y las empresas privatizadas de servicios públicos tuvieron ganancias superiores al 430% desde que asumió Mauricio Macri.

Ahora que los globos están pinchados, las argentinas y los argentinos anhelamos un rayo de sol. No es ninguna extravagancia: queremos trabajos y salarios dignos, así como alimentos porque no queremos pasar hambre; y contar con salud y educación pública. También queremos que se reabran las fábricas y que todos tengamos un techo. Este 27 tenemos a quiénes exigirles todo esto.

Mientras los medios de comunicación ocultan y desinforman y otros tantos reavivan cuadernos de las cenizas, el pueblo argentino que vive del trabajo, el salario y la producción nacional, cuando llegue al cuarto oscuro va a tomar la boleta que hace nacer la esperanza de una vida mejor.

Acaso ¿podemos imaginar cuatro años más de ajuste, de pobreza, de tarifazos, de miedo? ¿Estamos dispuestos a ir a despedir a miles a los aeropuertos que buscarán trabajo lejos de su tierra? ¿Soportaremos más personas muertas en la calle por hambre y frío? Esto se juega en las elecciones de este domingo.

A pesar de que el olvido, que todo destruye, haya matado la vieja ilusión, los argentinos guardan escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de su corazón.

La palabra revolución proviene del latin “revolutio” que significa “una vuelta”. Quizás esto nos indica que siempre para avanzar tenemos que volver.

No queremos dádivas, queremos derechos. En este octubre, el índice de millones de argentinos apunta hacia la esperanza y la alegría de todos.


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