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El FMI y el G-20 encantados con el país de Macri

Desde el día de hoy se realiza en Buenos Aires la cumbre del de G-20, que convoca a titulares de bancos y ministros de finanzas de las principales economías mundiales, entre otros. Mauricio Macri, conociendo a sus invitados, ha estado ansioso por mostrarse como un buen y servil anfitrión. Es la ocasión perfecta para propagandizar y prolongar sus promesas de “lluvia de inversiones” y “apertura al mundo”. Pero la apertura que nos trae el presidente no es la que sus votantes esperaban.

Como previa del encuentro del G-20 Macri se reunió el viernes con la titular del FMI, Christine Lagarde y para no escatimar en esta idea de “inserción internacional”, también recibió en la Casa Rosada al titular del Banco Mundial, Jim Yong Kim. No es de extrañar que estos dos personajes se encontraran muy a gusto con la Argentina macrista; parece que Mauricio es un excelente alumno y su plan de reforma, ajuste y represión sigue al pie de la letra las órdenes de estas entidades mundiales.

“Los dos primeros años del gobierno de Macri han sido asombrosos. En esos dos años las autoridades argentinas han logrado mucho en política monetaria, en la reorganización del gasto público, reducción de la presión impositiva, libre competencia, desarrollo de talento y reducción del gasto innecesario en algunos sectores”. De esta manera celebró Christine Lagarde la política económica monetarista y de apertura comercial aplicada por el macrismo.

Entre las principales preocupaciones de los reunidos en esta cumbre del G-20, se encuentran la política proteccionista aplicada por Donald Trump en Estados Unidos y el impacto de la economía China, que no para de crecer. La Argentina solicitó tratar en la agenda el tema de “el futuro del trabajo” con énfasis en la incorporación de tecnología en las tareas. Además, discutir también la necesidad de movilizar la inversión privada que, como decíamos, es uno de los temas centrales para Cambiemos, debido a que el modelo económico planteado depende de ellas y del endeudamiento.

Ni las inversiones ni la tecnología vendrán de la mano del bienestar de los argentinos; las primeras han sido y son esencialmente especulativas, y la segunda tiene como condicionantes un sinfín de patentes y licencias que deben pagarse para su utilización. Si hay algo que no quiere tratar el G20, compuesto entre otras por las principales potencias industriales del mundo, es la democratización y el fácil acceso a la tecnología de punta.

Corresponde aclarar que no es casual que la cumbre del G-20 se realice en nuestro país. El concierto internacional está signado por una ola de proteccionismo que las principales economías no piensan revertir. EE.UU., uno de los países que más enfatizaban el libre mercado, comienza ahora a aplicar medidas de este estilo, entendiendo la importancia de proteger su mercado interno. Sin embargo, la Argentina se abre a las importaciones y al libre flujo de capitales, quitando los obstáculos para la usura internacional y la intromisión de productos extranjeros. El haber elegido nuestro país para realizar dicho evento y el retorno del FMI acusan no solo el acuerdo ideológico de Macri con esta entidad, sino también la vuelta de las auditorías contempladas en el famoso Artículo IV del organismo. El segundo informe de los “expertos” del Fondo, publicado en diciembre de 2017, advirtió que “un reequilibrio fiscal más acelerado permitiría tasas de interés más bajas, reduciría las presiones al alza sobre el peso y limitaría las vulnerabilidades ante un endurecimiento repentino de las condiciones de financiamiento externo”. Otra vez el FMI introduce su receta con términos tan ornamentados como nocivos en nuestro país.

Pero ni siquiera durante los 90 el contexto era tan negativo para pugnar por la apertura económico-financiera como lo es hoy. Las altas posibilidades de aumento en las tasas de interés de la Reserva Federal y esta nueva tendencia de las potencias a cerrar sus mercados, anticipan un futuro casi ineludible para la economía nacional. No habrá sorpresa cuando Caputo (si es que no lo renuncian)  y Macri tengan que doblegarse, mucho más aun que Menem y De la Rúa, por conseguir algunos dólares para dar oxígeno un modelo que cada vez se sumerge  a mayor velocidad.

Por su parte y antes de empezar el acto central, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne se reunió con el Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Steven Mnuchin, a quien le pidió que Estados Unidos exima a la Argentina del arancel al aluminio y al acero. Según voceros oficiales, Mnuchin aseguró que el pedido está “en consideración”. Sin embargo, aún no hubo ninguna definición por parte del Gobierno de Donald Trump. El presidente norteamericano no encuentra motivos que exijan el darle un trato privilegiado a la Argentina, salvo la instalación de nuevas bases militares dentro de las fronteras nacionales o algún trato “especial” a la hora de negociar la explotación minera o hidrocarburífera en nuestro territorio.

A partir de mañana se publicará un comunicado con los resultados del G-20 por parte del Gobierno Nacional, será solo cuestión de esperar para saber cuánta deuda más tomará la Argentina y cuánta soberanía más se le entregará al extranjero.

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