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El fracaso neoliberal y el necesario retorno al proyecto de Patria Grande

Afortunadamente el reparto de poder en el mundo es confuso. Es cierto que EEUU sigue siendo la primera economía mundial y posee las Fuerzas Armadas mas poderosas, por lejos, del planeta; pero tiene muy poco para ofrecer al resto de los países del mundo. Salvo algunos pocos países que tienen una muy particular situación geopolítica, el resto lo único que reciben de parte del país del norte y sus empresas es saqueo de sus recursos naturales, expoliación financiera y, en muchos casos, intervenciones militares abiertas o encubiertas.

Mientras tanto, China crece en influencia internacional y propone proyectos de integración euro-asiática, el desarrollo de mecanismos de financiamiento paralelos a los tradicionales (Banco Mundial, FMI, etc.), la Nueva Ruta de la Seda para crear el mercado integrado mas grande del mundo y no dispara una sola bala en ningún lugar del mundo, a pesar del enorme desarrollo de sus FFAA. Por supuesto, esto tiene su correlato en el crecimiento de las inversiones de este país en América Latina y su consiguiente aumento de influencia política en la región que pone nerviosos a los estadounidenses.

La Federación Rusa, bajo el clarísimo liderazgo de Putin, vuelve a tener un papel protagónico en la política internacional al desafiar de forma abierta a EEUU sosteniendo militarmente a gobiernos contrarios a los intereses norteamericanos, tales como el de Siria o Venezuela.

También el proyecto europeo de ser socio de la tríada EEUU-Europa-Japón parece mostrar su fracaso, con Estados de primera y otros de segunda o tercera, generando reacciones por izquierda y por derecha que amenazan con dar por terminado este plan y el nacimiento de otro que todavía no queda claro que orientación tendrá.

Es decir, que el poder, como siempre, está en disputa pero se puede observar que está mas repartido que hace 15 o 20 años atrás. Esto aumenta las posibilidades de tener una política exterior soberana por parte de los Estados latinoamericanos, siempre y cuando existan gobiernos populares con voluntad de aprovechar los nuevos márgenes de autonomía que presenta este escenario internacional para ejecutar un proyecto nacional en beneficio de las mayorías postergadas.

Un proyecto nacional implica no seguir a rajatabla las órdenes de ninguna potencia. Ni de Estados Unidos como lo hace el actual gobierno de Macri ni de ninguna otra. De lo que se trata es de dejar de lado prejuicios y preconceptos para someter la política exterior de nuestro país a sus necesidades de desarrollo interno estableciendo las relaciones que sean convenientes para nosotros. Se trata de buscar un destino propio y dejar seguir el plan de otros.

La integración regional se transforma en indispensable para poder hacer frente a este desafío. Debemos dejar de ser competidores en materia de flexibilidad laboral y concesiones al capital extranjero para supuestamente atraer una “lluvia de inversiones” y comenzar a desarrollar un proteccionismo moderno (no chovinista) que desarrolle determinados sectores identificados como estratégicos para la economía del siglo XXI. La propuesta del Ministro de Economía de Evo Morales de realizar una OPEP del Litio donde podamos concretar la extracción del mineral pero también la fabricación de baterías, es un ejemplo concreto de lo que se puede lograr con la integración latinoamericana.

Las convulsiones que viven los países latinoamericanos expresan el fracaso de los proyectos neoliberales que proponen la entrega de los resortes estratégicos de la economía al manejo desregulado de los capitales concentrados locales y extranjeros y el mantenimiento de los privilegios de las oligarquías tradicionales de cada país. Mientras tanto, la mayoría sufre todas las penas del atraso y la pobreza.

Los denominadores comunes en cada país son innegables: crecimiento de la deuda externa, extranjerización de la economía, saqueo de recursos naturales, ajuste y empobrecimiento; tiñen de tristeza y angustia la vida de nuestros pueblos que al parecer comienzan a sublevarse contra este orden.

En nuestro país, el peronismo se presenta como la herramienta que tiene el pueblo para salir de la tristeza. Todo parece indicar que a pesar de los nuevos profetas del odio, el movimiento justicialista sigue contando con gran prestigio entre los sectores populares y es posible que vuelva al poder el 10 de diciembre. Se sigue confirmando lo que decía la compañera Evita: “el peronismo es la fe popular hecha partido en torno a una causa de esperanza”.

Será tarea del próximo gobierno tratar de contagiar de esperanza a nuestros hermanos latinoamericanos para que juntos volvamos a pensar en un proyecto de Patria Grande que nos permita vivir mejor.

 

 

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