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El papel del Estado: avances y retrocesos de la Salud Pública argentina frente a la pandemia

En pleno siglo XXI, la humanidad atraviesa una nueva crisis, esta vez de la mano de una pandemia que no distingue entre clases sociales, todos por igual estamos en riesgo de ser contagiados. Sin embargo, por la inmensa inequidad social que existe en el mundo, unos pocos tienen más posibilidades de acceder a servicios esenciales de salud, mientras millones de personas requieren del Estado como escudo defensivo frente a tal necesidad sanitaria.

El coronavirus obliga a rever el orden mundial vigente, la peste muestra que la globalización sin fronteras ni Estados perjudica seriamente[1]. Los exponentes del sistema financiero como el FMI o el BM, analizan que habrá una recesión global mayor que en el 2008. El encuentro del G-20 exige ayuda colectiva y Alberto Fernández pide crear un Fondo Mundial de emergencia Humanitaria, ya que “nadie se salva solo”, en consonancia con el Papa Francisco.

Se entiende entonces que son los Estados -el poder político materializado con sus características centrales de “soberanía, burocracia profesionalizada, potestad impositiva, monopolio de la coerción física[2], o definido según el autor que el lector tenga más a gusto- los que están tomando las políticas necesarias para detener la pandemia, con medidas más radicales que otras, más temprano o más tarde, pero siempre con fuerte control público sobre lo privado.

Sin embargo, sabemos que Estado siempre interviene, ya sea ordenando lo privado para proteger el bienestar general, o dejándolo actuar sin proteger a aquellos que el mercado abandona a su suerte. Esto último es lo que ha sucedido en la Argentina en los últimos años.

ESTADO CONDUCIDO POR EL GOBIERNO DE MACRI VS. EL GOBIERNO DE ALBERTO

El gobierno de Alberto Fernández busca aplanar la curva de contagios para que el sistema sanitario pueda contener los casos y no colapse como ya sucedió en Italia (con un previo ajuste en salud en años anteriores), España, o en EEUU (donde los testeos cuestan fortunas), todos ellos países industrializados. Es entendible que en tal situación de angustia colectiva, se necesite estar por encima de cualquier diferencia política para tomar y hacer cumplir estas medidas.

Sin embargo, esto no puede significar ser negador de las causas que llevaron a tener una dificultad enorme en el sistema de salud para contener esta pandemia. Una economía en recesión desde hace más de dos años, con una tasa de desempleo elevada, el fisco desfinanciado, una deuda agobiante que condiciona toda decisión y, en especial, con el recorte del servicio público de salud como derecho humano.

Los medios monopólicos de comunicación en complicidad, evitan hablar de la pesada herencia macrista para tratar la pandemia; por el contrario, necesitan instalar cualquier cortina de humo para derribar a un gobierno que no es afín a sus intereses.

Desmantelamiento del sistema de salud macrista

El Estado actual aún tiene herramientas para enfrentar la pandemia debido a la estructura sanitaria que quedó de los gobiernos de Néstor y Cristina  que no pudieron desmantelar por completo. Pero desde 2016, la salud y la caja del Estado sufrieron recortes que complican de sobremanera a Alberto.

El papel de rectoría en términos de política sanitaria nacional es ejercido por el Ministerio de Salud, que se interrelaciona con los respectivos ministerios provinciales en el marco del COFESA (Consejo Federal de Salud).

Una de las medidas más devastadoras del macrismo fue eliminar el Ministerio de Salud y convertirlo en Secretaría, bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Social, es decir, su inclusión en otro ministerio que está por encima de ella. La modificación más significativa que sufrió Salud se vio en su presupuesto, que varió significativamente entre 2018 y 2019.

El presupuesto total del Ministerio de Salud en 2018 fue de 46.123 millones de pesos. Según indica la información disponible en la web de Presupuesto abierto, para 2019, ya como Secretaría, recibió 37.794 mil millones de pesos. Pero además, el porcentaje interanual de inflación -según indican los datos del INDEC- fue 47,8%. A pesar de eso, el presupuesto de 2018 en comparación al 2019 fue casi 10 mil millones menor, solo hablando nominalmente, falta restarle inflación. [3]

El médico sanitarista Luis Migueles elaboró un informe sobre la subejecución presupuestaria en Salud a junio 2019. Algunos números nos permiten ver la gravedad del asunto:

– Hay importantes programas de salud que no ejecutaron siquiera el 10% (Lucha contra el SIDA y enfermedades de transmisión sexual 9,4%), en otros programas como el CUS-Medicamentos (que reemplazó REMEDIAR) solo se ejecutó el 17,8.

– En el caso del Hospital Posadas, del Hospital El Cruce y del Hospital Garrahan, se vieron afectados en años previos por restricciones presupuestarias y despidos masivos en el caso de Posadas. Este hospital es la institución más grande del país en su tipo, mientras que el Hospital El Cruce y el Hospital Garrahan son centros de alta complejidad estatales líderes en el país y en Latinoamérica.

– Argentina atraviesa la epidemia de dengue más importante de la historia que no se controló (hoy ya son más de 2942 los casos confirmados y probables para dengue en el país), luego del desmantelamiento de la Dirección Nacional de Control de Vectores.

– Entre 2015-2019, el instituto Malbran que hoy trabaja en los testeos para detectar COVID-19, ¡fue recortado en un 50% su presupuesto, el 10% de su personal y 65% en salarios! En ese marco, la cantidad de testeos lógicamente se ve reducida mientras el nuevo gobierno trabaja en su ampliación y descentralización en varias provincias. A junio de 2019, solo llegaba al 40% de ejecución. Quienes exigen testeos masivo, que por cierto sería muy eficaz, deberían comprender esto para dejar de correr por izquierda al gobierno actual.

Papel del Estado conducido por el gobierno de Alberto

A fines de 2019, 12,4 millones de dosis de vacunas estaban retenidas en la Aduana por falta de pago de impuestos, entre ellas contra el sarampión (enfermedad que se encontraba extinguida, reapareció en el país). Afortunadamente pudieron ser liberadas con el nuevo ministro de Salud, ahora con rango de Ministerio. El Estado conducido por otro gobierno ahora interviene dando prioridad al bienestar general y regulando lo privado.

Bien asumido, Alberto envía al Congreso el proyecto de Ley de Emergencia en materia económica, social, sanitaria y cambiaria, teniendo como prioridad poner en marcha la economía y empezar a ocuparse en la negociación de la deuda. El proyecto faculta al Ministerio de Salud restablecer el suministro de medicamentos genéricos y garantizar los medicamentos para tratamientos ambulatorios a pacientes de alta vulnerabilidad social y económica, el objetivo es dotar de amplias facultades al ministro de Salud, para ser intérprete de la delicada situación social en materia de salud.[4] Nuestros abuelos adquieren nuevamente prioridad garantizando sus medicamentos básicos gratuitos con el PAMI.

– Hoy ganar tiempo se vuelve apremiante para ir adquiriendo los recursos y la infraestructura sanitaria suficiente para no colapsar (producción de barbijos y alcohol en gel, compre de toda la producción de respiradores artificiales en fábricas nacionales, se amplían camas, se están construyendo 8 hospitales modulares de emergencia, etc.)

– Se han anunciado diversos programas de ayuda y recuperación productiva paralelamente al cuidado sanitario: Aumento a jubilados con  bono de $3000, salario social complementario; AUH y AUE aumento  por $3100, a monotributistas por $10.000; aumento de capacidad prestable de los bancos por $320.000 millones para pymes a tasa del 24%, aumento del gasto de obra pública $100.000 M, 100.000 créditos PROCREAR. Líneas de crédito Banco Nación por 25.000 M$, para teletrabajo $8.000 M y para parques industriales $2.800 M. Todo ello totaliza más de 735.000 M equivalente al 3,4 % del PBI. Licencia laboral para los mayores de 60 años, embarazados y menores de 60 con condiciones de riesgo. Congelamiento de alquileres y suspensión de desalojos por 180 días, etc.

Miles de trabajadores se ven afectados en un aparato productivo muy diverso, con muchas categorías de autónomos, y una capacidad ociosa  heredada, con alto grado de informalidad. Llegó la hora de exigirle a los sectores concentrados que han ganado siempre, el aporte necesario para afrontar tal situación.

Esta crisis reorientará las prioridades en el gobierno, la deuda y el equilibrio fiscal entran en segundo plano ante las necesidades más elementales de salud. Se vienen tiempos complejos. Pero también pueden significar grandes oportunidades. El mundo se reordena, y en ese marco, América del Sur también debe hacerlo. ”Los países de América del Sur necesitan  comprender que precisan- para el desarrollo industrial y tecnológico-una actitud de subordinación ideológica para con el pensamiento dominante, así como un eficaz impulso estatal…”[5]

Las medidas de Argentina vienen por buen camino, Alberto podría ponerse al frente del nuevo orden regional que nos permita avanzar en conjunto con el pueblo latinoamericano.

 

[1]Mario Rapoport https://www.pagina12.com.ar/255464-la-peste-negra-la-gran-depresion-del-siglo-xiv-y-el-coronavi

[2]Fernández Lucía “Patria, país, Estado, Nación. Elementos, caracteres, analogías y diferencias”.

[3] https://www.iprofesional.com/health-tech/296786-argentina-salud-publica-ley-Presupuesto-2019-un-peso-a-la-salud-veinte-a-los-intereses-de-la-deuda

[4] https://www.telam.com.ar/notas/201912/416169-nuevo-proyecto-de-ley-de-emergencia-economica-social-y-sanitaria.html

[5] Gullo Marcelo. “La insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las Naciones”. Setiembre 2008

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