Home   /   Análisis  /  Lecturas Recomendadas  /  Feminismo  /   “El patriarcado del salario”: Fundamentos sobre la necesidad del salario para el trabajo doméstico
“El patriarcado del salario”: Fundamentos sobre la necesidad del salario para el trabajo doméstico

Silvia Federici, autora del libro “El Patriarcado del Salario. Críticas feministas al marxismo”, en su primer capítulo “Contraatacando desde la cocina”, desarrolla como tema central, la naturaleza del trabajo doméstico como reproductor de la fuerza de trabajo en la que se asienta el funcionamiento del sistema capitalista y qué implica que este no sea reconocido como trabajo y, por lo tanto, no sea remunerado.

Esta nota constituye una especie de reseña sobre el capítulo, pero introduciendo contenido adicional que permita clarificar a un más, el tema que tratamos.

Federici va a partir explicando cómo, desde el surgimiento de la sociedad capitalista y de la implementación del salario obrero se ha podido llevar adelante la explotación directa de los y las obreras. Pero en lo que se pretende hacer hincapié es en que, precisamente a través del salario, es como se ha organizado la explotación de los trabajadores no asalariados.

La falta de remuneración hace aparecer a el trabajo doméstico, tarea que realizan mayoritariamente las mujeres, como un servicio personal, ajeno al funcionamiento del sistema capitalista.

Para entender, cuál es la naturaleza del trabajo doméstico y por qué a partir de este trabajo, se produce el producto más preciado que se pueda ofrecer en el mercado capitalista, que es la FUERZA DE TRABAJO, debemos remitirnos a algunas categorías de la teoría económica marxista, especialmente: La Teoría del Valor – Trabajo.

“Todas las mercancías, hasta las más diversas, tienen una única propiedad común, que es que su valor proviene del trabajo humano incorporado a ellas”[i].

“De este modo, como cualquier otra mercancía, la fuerza de trabajo del hombre tiene un valor, determinada por el “tiempo de trabajo necesario para su producción”. Como resulta que el tiempo necesario de trabajo para la producción de mercancía “fuerza de trabajo”, corresponde a los medios de subsistencia del trabajador… Y que no puede reducirse al simple mínimo de las necesidades fisiológicas) …[ii]

Esto quiere decir que el valor de uso (necesidad que satisface) del trabajo humano, siempre es mayor que su valor de cambio (precio) por el que se intercambia en el mercado.

“A partir de un determinado nivel de la productividad del trabajo humano, la fuerza de trabajo comprada por el capitalista y utilizada por él, produce más valor que el que hace falta para cubrir los gastos de subsistencia y de reproducción del trabajador[iii]”. Eso es la plusvalía, una porción de trabajo no pago.

Lo que debiéramos preguntarnos es ¿Por qué el trabajador vende, no obstante, su fuerza de trabajo? La respuesta es porque es lo único que tiene. No es propietario de tierras, de capital, de los medios de producción, etc. Lo único que posee es su fuerza de trabajo y la vende a cambio de un salario.

Ahora bien, si la fuerza de trabajo es una mercancía que se vende ¿Quién produce esa mercancía fuerza de trabajo? La respuesta es, el TRABAJO DOMÉSTICO.

En que consiste el trabajo doméstico

Es mucho más que la limpieza de la casa. Consiste, esencialmente, en servir a los que ganan el salario, física, emocional y sexualmente. Es tenerlos listos para el trabajo del día siguiente. Es la crianza y cuidado de los hijos, los futuros trabajadores, cuidándolos desde el nacimiento hasta la adultez.

Detrás de cada trabajo en la fábrica, de cada escuela, oficina, supermercado, etc., está oculto el trabajo de millones de mujeres que han consumido su vida y su trabajo en estas tareas.

Federicci explica porque el trabajo doméstico y la familia son los pilares de la producción capitalista.

La falta de salario actúa como un elemento disciplinador. Y la familia institucionaliza esa falta de salario y por consiguiente nuestra dependencia hacia los hombres; fundado en la idea de que las mujeres realizan aquellas tareas por amor, cuando en realidad lo que se espera recibir a cambio es un salario, el sustento para vivir. Lo que se consolida es una división de poder desigual, que ha disciplinado no solo la vida de las mujeres, sino también la de los hombres, que quedan atados a trabajar porque si quisieran dejar de hacerlo se encontrarían con que su familia no come.

Esta concepción socialmente impuesta, condiciona especialmente a las mujeres a la hora de buscar trabajo, viéndose obligadas a vender su fuerza de trabajo a bajo costo en trabajos que suelen ser una extensión del trabajo reproductivo o doméstico, basado en estas habilidades domésticas cuasi naturales que se nos adjudican.

Oculta, además, la duración real de la jornada de trabajo y divide a la clase trabajadora, oponiendo supuestamente, a los que trabajan frente a los que no trabajan, que serían parasitarios respecto de los primeros. Es una forma de ponerlos en competencia y hacernos creer que tenemos intereses distintos.

Quedan así planteados los fundamentos teóricos del problema. En una próxima nota nos referiremos a como se ha tratado el tema en la Argentina y cuál es el estado actual del mismo.

 


[i] Marx va a plantear que el valor de las cosas corresponde a la cantidad de trabajo medio socialmente necesario incorporado a ellas, considerando condiciones normales de producción, una especialización y una intensidad media de trabajo en el momento de producción.

[ii] Marx, Karl. “El Manifiesto Comunista. Antología de “El Capital””. Colección Fontana. Pag. 156.

[iii] Ídem.

Etiquetas

Notas Relacionadas