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El plan de los trabajadores frente a la destrucción de la industria macrista

El pasado jueves 16 de agosto, se reunieron en un Congreso Nacional las 875 organizaciones (gremios, movimientos sociales, partidos políticos, etc.) que conforman “La Multisectorial 21F”, con el fin de presentar un plan de acción nacional contra las medidas económicas macristas que tanto han vapuleado el bolsillo de los trabajadores.

La crítica situación socioeconómica ha llevado al movimiento obrero de hoy, a actuar en la misma o similar dirección que en 1957 y 1962 que surcó el camino hacia los programas de La Falda y Huerta Grande, respectivamente.

Entre los tantos temas que trata el Programa Nacional Multisectorial, que va desde los derechos de los trabajadores hasta la aplicación de una política integradora de toda la América Morena, en los primeros puntos del segundo apartado titulado “POR LA DEFENSA DE LA PRODUCCIÓN NACIONAL” se lee:

  1. Suspensión de todas las importaciones de productos que puedan ser fabricados en el país alentando procesos de sustitución de importaciones. Reactivar una ley de Compre Nacional.
  2. Implementar rápidamente una administración del comercio exterior. En el corto plazo regular las importaciones, en particular de bienes de consumo y vehículos terminados de manera tal de reducir el gran déficit comercial que atraviesa nuestra economía” (ver programa completo)

La claridad política durante los tiempos de crisis, como demuestra el programa, proviene de quienes sienten con el bolsillo, o sea: los trabajadores empleados y desempleados que sufren las políticas de Cambiemos. Macri, fuera de éstas categorías y movilizado por intereses ajenos a los del pueblo argentino, establece un plan de acción directamente contrapuesto.

Publica Ámbito en relación al déficit de la balanza comercial que, “entre enero y julio, el rojo comercial se disparó a u$s 5.867 millones, contra 3.363 millones del mismo período del año anterior, con un fuerte aumento del 74,5%.” Vale agregar que, durante el 2017, el déficit comercial fue el más alto de la historia, llegando a u$s 8.471 millones. Si sumamos las predicciones para el año en curso, que superan los 10.000 millones de dólares en negativo, la cuenta resulta en que la Argentina habrá perdido cerca de u$s 20.000 millones en dos años.

El desangramiento es equivalente a más de diez presupuestos anuales para Salud o más de tres para Educación.

Aclaramos: el déficit comercial, de por sí, no es necesariamente un indicador negativo, como tampoco lo es la toma de deuda. Si el desbalance deviene de la compra de bienes de capital, partes o repuestos para esas maquinarias, o cualquier importación cuya finalidad sea incentivar el desarrollo técnico-industrial nacional, es justificable por su impacto positivo a mediano/largo plazo. Algo similar puede darse respecto del endeudamiento externo. Claramente, eso no es lo que ocurre en la Argentina de hoy, cuyo plan liberal permite importar inclusive artículos producidos en el país.

Según datos de la consultora Radar las cantidades importadas de bienes de consumo aumentaron 11,1 por ciento en julio frente al mismo mes del año pasado. Es decir que el proceso de desplazamiento de producción nacional por bienes del exterior siguió incluso en medio de la recesión y complicó aún más al dañado tejido industrial argentino.”1

Lo que sigue puede anticiparse: la Argentina deja de producir los bienes manufacturados que consume, para comenzar a importarlos. El valor de las importaciones aumenta en comparación con el de las exportaciones (agro-ganaderas, mineras, con poco valor agregado) y profundiza el déficit comercial. Hoy se “recupera” a través del ajuste y del endeudamiento, uno consecuencia del otro. Los miles de millones de dólares que Caputo y Dujovne consiguieron vía Wall Street o FMI se destinan al financiamiento de estas cuentas en rojo y de la bicicleta financiera y desemboca en la transferencia de renta nacional al exterior.

La indefensión de la industria nacional imposibilita la sustitución de importaciones que tantos frutos dio al país. La ingente rentabilidad que propicia el negocio de la especulación financiera, entierra cualquier plan que se oriente hacia una economía productiva.

Todo lo dicho transforma en utopía que el Estado pueda proveerse de los artículos requeridos para el funcionamiento de su estructura mayoritariamente con productos, tal como propone la Ley de Compre Nacional planeada por la Multisectorial, con base en el programa económico confeccionado por Gelbard para el tercer gobierno peronista.

Por último, poco queda que decir sobre la idea de una administración del comercio exterior, cuya plataforma histórica puede encontrarse en la creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) en 1946.

Desde los ´90 y durante el Kircherismo el oligopólio sojero controlaba gran parte de las exportaciones argentinas. ¿Qué pensar hoy? Siendo que el macrismo ya había eliminado el plazo máximo de liquidación de divisas por exportaciones, y había establecido la reducción progresiva de las retenciones, la conclusión es que su poder se ha incrementado: las últimas medidas de retenciones fijas anunciadas tensan sin romper las relaciones con los mismos.

De industrias y trabajo ni hablemos, todo es soja y dólares prestados.


1 Se van dólares por espejitos de colores (https://www.pagina12.com.ar/137022-se-van-dolares-por-espejitos-de-colores)

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