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El retorno de la esperanza nos pone de pie

Diría un marxista que toda manifestación política tiene una base material como fundamento. Es cierto. Recesión, destrucción de la industria nacional, aumento del desempleo, tarifazos, pérdida del poder adquisitivo, miles de argentinos trabajando más y ganando menos, más pobreza; estas “condiciones materiales” generaron el rechazo de enormes sectores de la sociedad al gobierno y al Presidente. Este sentimiento se expresó en diversos lugares públicos a través de los cantitos ya conocidos. Pero con esto no alcanzaba. Era necesario pasar de la bronca y la angustia a la esperanza. Esta brotó cuando se logró la unidad del campo nacional a través de la fórmula Fernández-Fernández. Lo vimos en Rosario en el acto de cierre de campaña y lo verificamos en las urnas con el contundente triunfo de TODOS.

Los derrotados son los portadores del odio. El pueblo argentino se reapropió de su soberanía raptada por EEUU a través del FMI. Ninguna encuesta lo vio venir. Durán Barba, el consultor prestigioso pero de corazón frío, tampoco. Ya lo dijo Favio, el peronismo es una “sinfonía de un sentimiento” que solo escuchan aquellos que tienen buen corazón, en particular, los más humildes. Los que se informan solamente a través de Focus Group y Big Data no la van a escuchar nunca. El sentido común, moldeado por los grandes medios, indicaba que el peronismo es un ejército de corruptos pero la razón colonial fue derrotada por el sentimiento nacional. El sentimiento nacional abre paso al pensamiento propio, soberano y, por lo tanto, popular.

En silencio, la enorme mayoría de los argentinos, incluso muchos con vergüenza de que alguien “más informado” los reprendiera por opinar otra cosa, expresaron su sentimiento en las urnas y comenzaron a escribir lo que quizás sea un nuevo capítulo de la apasionante sinfonía popular argentina. Frente a este veredicto popular, abundan los pedidos de disculpas: los periodistas alegan que su mirada no alcanzó a contemplar el dolor de gran parte de la sociedad y los dirigentes políticos derrotados piden disculpas y se comprometen a escuchar más pero al mismo tiempo castigan al pueblo por su dictamen en las urnas con devaluaciones sucesivas para inyectar el terror. Mientras tanto, la mayoría de los argentinos y las argentinas esperan de manera pacífica al último round electoral para terminar definitivamente con esta pesadilla. Será responsabilidad del gobierno no agotar la paciencia del pueblo para lograr una transición con vigencia plena de la institucionalidad como lo hizo el gobierno anterior.

Mientras Cristina emociona a miles de argentinos en sus presentaciones por todo el país, Alberto no titubea en dar definiciones políticas que marcan un rumbo nacional, popular, democrático y latinoamericano. Con el retorno de la esperanza reaparece el proyecto sanmartiniano y bolivariano de unidad latinoamericana que se presenta como un dictamen inexorable de nuestro destino y nos recuerda los momentos más felices de nuestro pueblo. En su gira reciente en España, dio dos lineamientos que dejan claro su programa:

“Vamos a honrar los compromisos asumidos pero no nos pidan que lo hagamos a costa del deterioro de nuestra gente porque ya mucha postergación tienen los argentinos” y también dijo que “para que América Latina florezca como continente, tiene que ser un continente, no tiene que ser una serie de estados cada uno corriendo por su propia cuenta, eso nos debilita frente a un hecho inexorable que es la globalización, con lo cual hay una primer tarea a realizar que es reconstruir la unidad latinoamericana”.

Este es el rumbo que necesita ser confirmado con un contundente respaldo popular en octubre para darle a la fórmula de TODOS el poder necesario para enfrentar los enormes desafíos que se avizoran en el horizonte: renegociar la infame deuda tomada por el gobierno de Macri, desalentar la especulación financiera y promover el desarrollo agrario e industrial con justicia social, fortalecer el debilitado Estado de Derecho e integrarnos con nuestros hermanos latinoamericanos en un proyecto de PATRIA GRANDE. Que así sea.

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