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Las elecciones no pueden diluir el objetivo estratégico peronista de la liberación nacional

El partido Justicialista es sólo una herramienta electoral, nos enseñó nuestro conductor, reafirmando la concepción de movimiento nacional y popular, como andarivel de construcción política hacia el modelo social y productivo, que contenga los objetivos de Justicia Social, Independencia Económica, Soberanía Política y Tercera Posición Internacional.

Si éstas premisas siguen siendo válidas y así lo creemos, quienes caracterizamos la política internacional como eje prioritario del análisis de la situación nacional argentina y de la Patria Grande, nos enfrentamos a un desafío en el cual las elecciones son sólo una batalla más, de las múltiples confrontaciones, que empujan al pueblo argentino a la movilización, en defensa de sus derechos conculcados por un régimen títere de la Embajada de EEUU, el FMI y los servicios de informaciones extranjeros.

Entonces esta batalla, como las demás, debe darse en un marco de conducción y organización, que prevalezca a cualquier circunstancia histórica que pueda devenir. En ese esquema las organizaciones libres del pueblo de la Comunidad Organizada, que Perón planteó como forma de superar la trampa democrático burguesa liberal, de que: “el pueblo No Gobierna ni delibera, sino a través de sus representantes”, como dicta una Constitución a medida de los poderes hegemónicos, deben ser esas organizaciones, partes vertebrales de la toma de decisiones política.

El Movimiento Obrero Organizado, las organizaciones sociales, nuevos actores de nuestro tiempo, las mujeres organizadas, las organizaciones políticas de cuadros y territoriales, siendo cuerpo y voz en la conducción política, garantizan vencer las herramientas del enemigo, que a través de los medios hegemónicos, verdaderos factores de poder antes que ser comunicadores, una Justicia cooptada por el enemigo externo, jugando para el diseño estratégico de EEUU y una política sumisa y colonizada, entrega todas las herramientas soberanas del país, a la extranjería.

Es Neocolonialismo más neoliberalismo.

Entonces estamos en una etapa organizacional, en un marco de lucha, nadie debería pensar en las elecciones como asistir a una fiesta de cumpleaños, ya que el enemigo tiene todos sus jugadores en la cancha, el esquema de poder desarrollado y los medios para hacerlo, más allá del desastre social, económico y político hacia el cual han conducido al país, triunfando en sus objetivos, que debemos evitar que sean estratégico, porque nos conduciría, por largo tiempo, hacia una Argentina Dependiente.

El Movimiento nacional, desde el PJ hasta la última de sus organizaciones, deben evitar la fragmentación sectaria, que es la victoria del enemigo, deponiendo con humildad actitudes personales, que aunque legítimas dispersan y atomizan, convocando a una discusión franca, sin especulaciones electorales, con un programa claro y compromisos que apuntalen la construcción de un modelo social solidario del siglo XXl.

Ese modelo sólo se consigue con lucha, en la calle, movilizando, organizando y conduciendo, sin entrar en la agenda del enemigo, construyendo agenda propia, desplegando acción territorial plena dando la batalla cultural, deconstruyendo el discurso del enemigo y derrotando al enano neoliberal que todos llevamos adentro, del personalismo posibilista especulador, que derrota la construcción colectiva.

No es el dinero el eje de la política, es el pueblo y sus utopías y esperanzas apuntaladas por una militancia cotidiana de entrega y compromiso, que es tomada como bandera por nuestros jóvenes a quienes debemos apuntalar, antes que competir, los setentistas “heroicos”, debemos ser humildes y sin soberbia, a la hora de sembrar pensamiento nacional, historia y futuro, sin esperar cosechas, sólo militando la causa del pueblo de la Patria Grande. Así contribuiremos a la construcción de un nuevo tiempo de felicidad del pueblo y de grandeza de la Nación, objetivos estratégicos del peronismo.

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