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Entrevista a Jorge Rulli, experto en soberanía alimentaria e histórico referente de la Resistencia peronista

Jorge Rulli es historia viviente.

Emblemático militante de la Resistencia Peronista, que hizo frente a la represión durante la larga noche de las dictaduras militares argentinas, comenzando por el derrocamiento de Perón por parte de la autoproclamada Revolución Libertadora (1955) y hasta la última y sangrienta tiranía militar inaugurada por Videla, pasando por breves lapsos de pseudo democracia, donde el partido más popular estaba prohibido y la censura y la persecución a la orden del día.

11 años de su juventud pasó Rulli en las cárceles de Argentina y Uruguay, donde también luchó por la causa latinoamericana en tiempos de una subordinación regional absoluta a los poderes de Washington, trágicamente similar a lo que vemos en la actualidad.

Hombre de ideas claras, referencia intelectual entre sus compañeros es conocido por su honradez y entrega en la actividad política.

Con la entrada a la senectud se convirtió en un especialista en Ecología y Soberanía Alimentaria, obteniendo un reconocimiento mundial como pensador alternativo en dichas materias.

Por César Arribas, Juan Martín Cafferini y Andrés Cano

 

¿Qué significa la soberanía alimentaria y cuál es su relación con la soberanía nacional?

Jorge Rulli: La soberanía alimentaria implica que un país posea y administre los recursos alimentarios que necesita su población.

Esto quiere decir dominar el manejo de la flora, de la fauna y de los recursos con los que el país cuente, la preservación de las semillas, el control del ADN y de su calidad, velar porque la población pueda nutrirse de manera adecuada.

No es lo mismo que el anglicismo de “Seguridad Alimentaria”, porque en el Norte parecieran preocupados por las normas sanitarias que rigen a los laboratorios, que desde nuestra perspectiva no son lo primordial, ya que priorizamos lo humano.

Preferimos a un puestero de feria que muestre su cara a las marcas con grandes capitales y despliegue de marketing.

Es una relación más humana donde podemos obtener la mejor información de cómo se produjeron los alimentos.

Nos parece más confiable que la certificación de calidad que se le expide a holdings que pagan por ella.

Es una práctica (la del diálogo con el productor) de países de tradición campesina donde lo rural se respeta.

En ese sentido, además, es fundamental educar al pueblo.

Tanto para identificar los venenos a la hora de producir (que los tecnócratas cuantifican y legalizan) como para elegir cómo alimentarse.

Un triste ejemplo es el de Venezuela, que en su monocultivo petrolero abandonó por completo los esfuerzos por lograr una soberanía alimentaria, importando gran cantidad de alimentos.

De haber tomado otro camino se habría evitado la actual crisis de hambre que le produjeron las sanciones y ofensivas imperialistas.

La magnitud de la crisis es la justificación que usan otros países para querer intervenir.

Subestimando la soberanía alimentaria se llegó a esta fragilidad de la soberanía política venezolana.

es fundamental educar al pueblo. Tanto para identificar los venenos a la hora de producir (que los tecnócratas cuantifican y legalizan) como para elegir cómo alimentarse

¿Cuáles son los principales modelos que se han aplicado en América Latina?

Jorge Rulli: El principal modelo aplicado en los últimos 30 años de globalización en América Latina es el del agrobusiness. Convertir lo agrario en un negocio.

Habrá quién me pregunte ¿Y por qué no debe ser un negocio?

Nosotros llevamos años planteando sacar la agricultura de la OMC porque fija reglas muy duras para importar y exportar alimentos.

El que no quiere comprar debe justificar por qué no quiere comprar y el público ha salido perdiendo con esta modalidad.

Por ejemplo en el caso de la leche con hormona recombinante bovina que usan en Estados Unidos.

En Europa, el público europeo se manifestó numerosas veces rechazando este producto, hasta lograr que sus gobiernos se hagan eco del reclamo.

Inmediatamente Estados Unidos cobró revancha impidiendo el ingreso a su país del roquefort francés, entre otros productos, e iniciando un juicio a lo Unión Europea, que al no poder probar según los estándares del Tribunal que la leche daña la salud humana se vio obligada a indemnizar en forma millonaria a los productores norteamericanos.

Este suceso inauguró la llamada “Via camponesa” de José Bové, plataforma que busca priorizar la agricultura familiar y sostenible sobre el esquema de agrobusiness.

A nosotros, en Argentina, nos tocó en el reparto globalizador, el pequeño rol de alimentar con soja transgénica a los porcinos de China, que prohíbe esa misma soja para el consumo humano. Al igual que Europa.

Pero los niños argentinos sí pueden alimentarse igual que los chanchos chinos. Es lamentable.

¿Existe un ecologismo funcional al poder global? ¿Cómo identificarlo? ¿Es Greenpeace un ejemplo?

Jorge Rulli: Hay políticas ambientales funcionales al proyecto de dominio hegemónico occidental.

La WWF es la cabeza del ambientalismo hegemónico y tiene dos patas:

La Fundación Vida Silvestre y Greenpeace.

La primera organización, cuya filial en Argentina resultó bastante inocua hasta entrados los 90s, cuando la presidía el marido de María Julia Alsogaray, sucedido por un productor de transgénicos.

A partir de ese momento las cosas cambian rápidamente.

Convocaron encuentros entre sectores institucionales y gubernamentales, ambientalistas y empresas del sector biotecnológico para lograr un gran acuerdo, bajo la excusa hipócrita de que se trataba de llegar a las cien millones de hectáreas sembradas de granos sin afectar los ecosistemas argentinos.

En aquella convocatoria Greenpeace tuvo un rol preponderante, y un cuarto de siglo después tenemos una cantidad de hectáreas ampliamente superior y una situación desastrosa en los ecosistemas.

A raíz de haber difundido las actas secretas de dichos encuentros, Greenpeace Argentina desactivó todas sus campañas de biodiversidad contra la soja y los transgénicos.

Los responsables de esta ignominia ocurrida hace veinte años ahora son parte del gobierno de Macri, algunos son diputados nacionales y otros conducen la Dirección de Parques Nacionales.

Hay políticas ambientales funcionales al proyecto de dominio hegemónico occidental.

¿Cómo evalúa las políticas del gobierno de Macri en relación a la agricultura y el medioambiente?

Jorge Rulli: Se mantiene el modelo agroindustrial que está en franca decadencia, con la tonelada sojera a la mitad de su valor en los años dorados.

Muchas de las principales empresas productoras han quebrado, al igual que las dedicadas al corral de engorde.

La soja al mercado, hoy por hoy, apenas le alcanza para subsistir.

Macri no encaró ningún tipo de proyecto, en sintonía con su absoluta incapacidad para resolver el colapso general de Argentina.

En cuanto a políticas ambientales, la gestión del rabino Bergman es desastrosa.

En las peores situaciones a invitado a rezar. Es lo mismo que no tener un responsable del área.

Ha heredado el desprecio por el medioambiente y un modelo agrario al que ni siquiera retocó.

En lo que concierne a otros candidatos, como Lavagna, por ejemplo, su propuesta no sugiere mayor innovación que pasar del monocultivo de la soja al del gas.

Me induce a pensarlo el apoyo que le da Techint, que ha invertido fuertemente en Vaca Muerta.

Para exportar esa enorme cantidad de gas del que disponemos sólo hace falta construir un ferrocarril a Bahía Blanca y un gasoducto a Rosario, pero como una suerte de reprimenda a sus antiguo socio Paolo Roca, el gobierno de Macri no tomó la iniciativa.

¿Qué debe hacer a su criterio la Oposición para imponerse a Macri en las elecciones de este año?

Jorge Rulli: En principio ser mejores que Macri.

Ser capaces de elaborar proyectos que persuadan a la población.

Macri realizó promesas, todas incumplidas. En lugar de pedir disculpas y decidió postularse nuevamente a la presidencia.

Pero en el caso de la oposición vemos numerosos personajes que también han fracasado, pero se sienten con derecho a reemplazar a Macri. Se trata de un círculo vicioso.

Yo estoy intentando de reunirme con todos los dirigentes posibles para convencerlos de organizar un nuevo Plan Rural, un nuevo modelo.

Lo venimos implementando a nivel municipal, como por ejemplo en Gauleguaychú.

Desarrollo local.

Conversamos con las federaciones de productores, impulsamos las ferias urbanas de alimentos, tratamos de reconvertir la agricultura en pastoreo racional a fin de evitar el uso de agrotóxicos, que es sinónimo de la muerte de niños.

Se hace necesario reunir diferentes protagonismos del campo argentino para elaborar una estrategia productiva.

Podemos volver a las chacras mixtas o seguir con la agricultura industrial, o tal vez formular algo superador.

Fomentar la repoblación del campo a través de ecoaldeas con un proyecto productivo acorde.

A lo largo de los últimos 3 años no he conseguido movilizar preocupaciones sobre estos temas en los sectores políticos que dicen oponerse a Macri.

 

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César Arribas
Profesor de literatura. Periodista vocacional. Ha colaborado con La Opinión, Revista Veintidós y La Jornada de México.
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