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Estado, recursos naturales y una necesaria revolución industrial

Los resultados electorales de las PASO han demostrado el fracaso de un modelo de valorización financiera creciente.

No será fácil retomar donde habíamos dejado, el retroceso es demasiado grande: una deuda de 57 mil millones de dólares con el FMI sin cumplir con las metas pactadas, las reservas del Central caen para sostener el precio del dólar y el aumento inflacionario se hace insostenible para cualquier bolsillo.

En este sentido, se hace necesario establecer políticas de desarrollo productivo que generen un incremento de las exportaciones y sustituyan importaciones de manera genuina para rehacerse de dólares, es decir, que el resultado de esa política de sustitución implique un ahorro efectivo de divisas.

Para eso, hay que pensar en el desarrollo de nuevas tecnologías que permitan agregar valor a los recursos naturales superando la dicotomía entre medio ambiente e industria.

Los recursos como el petróleo, gas o la minería serían una buena salida si su objetivo fuese una política industrialista para el desarrollo económico y social del país rechazando de lleno cualquier actividad que hipoteque el agua, suelo y aire para las futuras generaciones. Esto permitiría generar un superávit de divisas que nos llevaría a acumular reservas genuinas y revertir la crisis en la que nos ha sumergido el macrismo.

La planificación estatal en la explotación de estos yacimientos tienen una importancia  vital.

– En el caso de la minería, hay que propiciar empresas estatales para explotar de forma mixta -con privados- los recursos, ya que el Estado en sí mismo no lo puede hacer debido a la legislación minera, vigente desde la década del noventa. De este modo, se evitaría el saqueo de la renta minera al exterior por parte de concesionarios extranjeros.

– Con el fraking sucede lo mismo; si se entrega la responsabilidad absoluta del cuidado ambiental  en la explotación de Vaca Muerta a empresas que viven de la extracción de nuestras riquezas  para trasferir sus ganancias al exterior, estamos en un gran problema. El inconveniente del fraking está en los químicos agregados al proceso, los cuales, si se filtran, pueden contaminar las napas de agua subterráneas.

Poco les importa a las petroleras la sustentabilidad del medio ambiente, por lo que el Estado debe establecer un riguroso control y participar activamente en la posesión y administración de los hidrocarburos. En cuanto a medios y formas de extracción, se puede establecer también un régimen mixto con vistas a la inversión en tecnología. Bolivia es un ejemplo de ello.

Un nuevo desarrollo tecnológico en vistas a la Tercera Revolución Industrial

Para generar riquezas genuinas es necesaria la explotación de los recursos naturales con presencia estatal.  Sin embargo, esta explotación trae aparejado otro problema: nos encontramos a nivel mundial en un punto crítico en la era de los combustibles fósiles. Algunos expertos, afirma el economista Jeremy Rifkin, ya han comenzado a sugerir que la producción global podría tocar techo e iniciar un descenso continuado mucho más temprano que lo previsto. Nuevas fuentes de energía están remplazando al petróleo, así como este en su momento reemplazó al carbón.

En este sentido, siguiendo la explicación del economista, esta infraestructura basada en las dos primeras revoluciones industriales llegó a su límite y su manifestación fue la crisis del 2008. Ésta no se habría iniciado con la crisis financiera sino con una crisis provocada unos meses antes por el aumento del precio del petróleo que llegó a 147 dólares/barril tornando imposible la actividad económica productiva y provocando un incremento en el precio de otros bienes.

Más de dos siglos de revolución industrial en Europa y EEUU, han generado un grado de concentración de la riqueza sin precedentes poniendo en grave peligro al medio ambiente y a quienes allí habitan. Las consecuencias están a la vista y algunos gobiernos latinoamericanos entreguistas no les importan las consecuencias. Sin ir más lejos, la posibilidad de que hayan sido provocados  los incendios para la deforestación en la Amazonía, es un ejemplo.

Para salir de esta crisis, algunos países están llevando a cabo la llamada “Tercera Revolución Industrial” basada en internet de las comunicaciones, energías renovables (eólica y solar) y transporte eléctrico.

La tecnología solar y turbinas a base de energía eólica se están abaratando cada vez más. El coste marginal de producir esa energía (costo adicional a los costos fijos por producir una unidad adicional del bien) es cero, el sol no nos envía la factura.

Gracias a la inversión y planificación del Estado, en Alemania han logrado reducir el costo fijo por Watt producido por paneles solares de 78 dólares/watt a 0,45/watt y el 95% de su matriz energética es solar, eólica o de biocombustible. En China la red eléctrica estatal anunció una inversión de 82 mil millones de dólares para digitalizar todo el tendido y que los chinos produzcan su propia energía solar y eólica.

¿Es posible en un país como la Argentina aplicar este tipo de energías alternativas?

Es fundamental un desarrollo económico que la ponga a tono con una nueva infraestructura basada en la tercera revolución Industrial. Los países latinoamericanos no tienen que tener el esquematismo de tener que pasar por la primer y segunda revolución industrial antes de plantear la tercera. Puede, según Marcelo Gullo, aplicarse la estrategia del “salto de rana“, aquel por el cual una economía subdesarrollada logra explotar eficazmente una nueva tecnología y así, de un solo salto, consigue alcanzar a los países avanzados. Perón no desarrolló primero el carbón imitando a las potencias imperialistas, desarrolló paralelamente la energía nuclear o la industria aeronáutica para un proyecto industrial innovador y competitivo.

Hoy la Argentina debe apropiarse de las nuevas tecnologías para aplicar, de un solo salto, la tercera revolución  industrial, sustituyendo importaciones de manera genuina y a bajo costo para el consumo interno. La energía se encuentra actualmente extranjerizada y convertida en un negocio para un puñado de empresas- vía tarifazos- en lugar de ser un derecho humano esencial para el desarrollo de los pueblos.

¿Vamos entonces a dejar de lado la explotación de hidrocarburos o minera?

De ninguna manera; empezamos hablando de la importancia de su explotación sustentable y planificada. Además, la contaminación en América Latina es resultado no de su desarrollo tecnológico, sino de la falta del mismo, producto de la penuria económica que provoca la situación de dependencia de estos países hacia las potencias imperialistas. Pero toda esa renta generada por el petróleo, gas o minería, debe redirigirse necesariamente hacia el financiamiento de la Tercera Revolución Industrial.

Las nuevas fuentes de energías alternativas podrían ser más baratas y competitivas, es decir, determinando los sectores productivos, mediante una política para su desarrollo, que podrían adquirir en plazos relativamente cortos competitividad internacional. Esto debe ser desarrollado en conjunto con toda América del Sur según Helio Jaguaribe.

Esperamos contribuir al avance de un programa nacional para los próximos años de un nuevo gobierno que pueda dejar de lado la falsa dicotomía entre recursos naturales e industria, retomando donde habíamos dejado.

 


FUENTES

-Marcelo Gullo,” La Insubordinación fundante”

-Marcelo Gullo “Perón y su estrategia del salto de rana”

-Jeremy Rifkin “La tercera Revolución Industrial”, conferencia en el ciclo “Santa Fe debate ideas”

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