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¿Europa cambia su rumbo económico debido a la crisis del Coronavirus?

Muchas veces se cree en el imaginario colectivo que en el llamado “primer mundo” – y la Eurozona entraría en esta denominación – no existen los problemas. Que dichas sociedades son más avanzadas que otras y que en estos países gobierna la “civilización” mientras que en otros la “barbarie”. La crisis de muertos y contagiados que atraviesa la gran mayoría de los países europeos ha dejado en evidencia que éste “sentido común” que se tiene de una Europa, no es así.

La ilusión neoliberal que regía el sistema económico  del Mercado Común Europeo ha sido develada, y la realidad que vemos no nos gusta: sistemas de salud público ínfimos e ineficaces para atender a los afectados, aparatos del Estado en condiciones deplorables, crisis políticas que llevaron a tomar las decisiones de prevención de manera tardía, y en general una sociedad despreocupada e individualista, que no acató las medidas de aislamiento en un principio.

Hablamos aquí de un Estado débil o ausente, como se lo quiera denominar. Yo preferiría el término neoliberal, ya que así se explica mejor. Vamos a los datos.

En la última década se le recortó al sistema de salud italiano más 37.000 millones de euros, además de miles de médicos y enfermeros que tuvieron que emigrar. La decisión política de privilegiar el sistema financiero en perjuicio del Estado luego de la crisis del 2008 hoy pasa factura. “La extensión del parate debido a la agudización de la peste, está arrojando a millones de personas a la calle y a su suerte y comienzan a producirse saqueos en países como Italia” resalta Marcelo Cantelmi en una nota para el diario Clarín. Si bien a esta altura del partido Italia ya adoptó medidas para contener y frenar la crisis, resultan insuficientes y de manera superficial, ya que no resuelve el problema estructural. A saber, “se trata de un paquete económico de unos 7.500 millones de euros”, y otras medidas que buscan inyectar dinero en una economía que ya viene estancada de antes.

Tanto Italia como España son considerados por algunos analistas como los países más pobres de la Unión Europea. Son de los más endeudados de la región –de hecho la deuda pública española es de casi el 100% en relación con su PBI – y ambos reclaman en estos momentos a la UE más ayuda económica que hasta el momento está en discusión, ya que los países del Norte como Holanda y Alemania, se niegan a asumir riesgos compartidos a la hora de endeudarse. “Cualquier Estado miembro que reciba un préstamo del MEDE (fondo de rescate de la Unión Europea) deberá someterse a un plan de ajustes y reformas con supervisión de la troika, tal y como exige la normativa vigente”, es el argumento último que esgrimen estos países. Hasta el momento se ha llegado a un acuerdo de habilitar un fondo de 500.000 millones de euros para los países europeos que soliciten dinero para hacer frente a la crisis. Se ha establecido que no habrá “condiciones” siempre y cuando los gastos estén destinados al sector salud. Restan detalles por pulir.

Cruzando el charco, en un primer momento el Reino Unido desestimó las recomendaciones de la OMS y no tomó las medidas necesarias de cuarentena y aislamiento. “Privilegió la economía” frente la salud de los británicos, los más vulnerables claro. No fue sino hasta que le estalló el problema encima – hasta el propio Boris Johnson dio positivo de CODVID-19 – que empezaron a tomar medidas. La economía británica vive momentos de incertidumbre en medio de las negociaciones por el Brexit. Con un crecimiento anual del PBI en 2019 de sólo 0,3% muchos analistas vaticinan una recesión. En medio de la pandemia y ante las preocupaciones en el mercado laboral, el gobierno de Johnson ha prometido hacerse cargo del 80% de los salarios de los trabajadores para evitar despidos. ­

El patrón común que vemos en estos países de Europa – salvando las diferencias– es una economía neoliberal, donde prima el sector financiero y especulador; países altamente endeudados, un Estado ineficaz, un sistema de salud colapsado – a tal punto que se elige quien vive y quien no – y una dirigencia política, me atrevería a decir, poco humanitaria y poco solidaria, que a la hora de elegir entre las personas o la economía ha optado por la segunda.

Sin embargo debemos hacer  una salvedad y entenderemos el porqué de nuestro título al comienzo de la nota. Como dijimos, Italia está invirtiendo 7.500 millones de Euros para intentar dar vuelta la crisis. España también ha implementado un importante paquete económico y social de ayudas para “no dejar a nadie atrás”. En Alemania, un Estado económicamente más fuerte y con un sistema de salud mejor preparado (pero no tanto), que el de España e Italia, la propagación del virus genera enorme preocupación y se cree puede llegar a colapsar el sistema. En este país se prevé una contracción económica y una reducción de alrededor del 5% del PIB, por eso, se aprobó en marzo un presupuesto suplementario de 156.000 millones de euros para hacer frente a la crisis.

Este volantazo hacia medidas de protección social y beneficio de sectores productivos va en contra de todo lo que han hecho en la última década. Muy acostumbrada a vivir de las utilidades de las multinacionales, del endeudamiento, de salvatajes económicos del Banco Central Europeo o el FMI – y los procesos de ajuste subsiguientes -; ahora se encuentra ante una situación sumamente distinta. Se ve en la necesidad de relegar los negocios y priorizar la “economía real”, que son las personas que la realizan. Algunos empiezan a mirar con cariño el “modelo argentino”, otros comienzan a decir que el llamado “populismo” no es tan malo. Sin embargo, estamos ante un momento bisagra. Los Estados se encuentran ante la posibilidad de cambiar el rumbo de exclusión que han sostenido después de la crisis del 2008.

Podemos concluir diciendo que hasta ahora las medidas que han tomado, aunque son diferentes al rumbo económico anterior, parecen ser superficiales, momentáneas o asistenciales, ya que no intentan una modificación estructural del sistema o del rol del Estado. Se ve más – y perdonen la generalización – como un Estado asistencialista y no garante de derechos.  Pareciera que estas medidas se toman porque “no queda otra” como se dice popularmente. Veremos cómo sigue.

 


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