Home   /   Especial  /   Feminismo y lucha política por Jorge Abelardo Ramos
Feminismo y lucha política por Jorge Abelardo Ramos

Desde la Agrupación Universitaria Nacional compartimos un documento titulado «Feminismo y Lucha Política» del escritor y político Jorge Abelardo Ramos.

En una época en donde los temas en materia de igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres han tomado un especial protagonismo, poniendo en tela de juicio toda situación hasta el momento naturalizada, un documento como el citado nos muestra aquellos que defienden esta causa hace más de 50 años. Ramos recalca, desde un primer momento, cómo desde la mitad del siglo XX se empezó a tomar una conciencia mayor sobre la opresión y dominación del género femenino. Vale recalcar, que este período estuvo caracterizado por la independencia que aquellos países semicoloniales, que hasta el momento habían permanecido bajo el yugo de países imperialistas, lograron tomar las riendas de sus destinos. Consecuentemente, las mujeres de dichos países pudieron romper con una de las cadenas que la someten. Es imposible que una mujer sea libre, en un país que no lo es.

Además, creemos menester recalcar el concepto que el autor describe como un feminismo más político; nuestras compañeras deben descubrir el gusto por la política para contrarrestar el individualismo y la indiferencia en la que está inmensa nuestra sociedad, para llegar así a ser personas más totales.

—-

1. La introducción de la cuestión femenina en nuestro partido no ha sido obra del azar. Baste recordar que el año 1975 fue designado como el año Internacional de la Mujer por las Naciones Unidas, gracias al cambio de la relación de fuerzas operado en esa organización por la revolución colonial posterior a 1945. El tema de la explotación de la mujer (nacional, social, sexual) se ha abierto paso en la escala planetaria por los votos decisivos de los
estados coloniales y semicoloniales en revolución. Nuestras compañeras han cobrado una conciencia aguda de la cuestión y desarrollaron en los dos últimos años una serie de discusiones y contribuciones teóricas de importancia notable. Hace falta ahora extraer las consecuencias políticas de tales estudios y debates.

2. No es propósito de la presente tesis exponer el papel de la mujer en la sociedad contemporánea y las características de su relegamiento personal, económico, político, sexual o psicológico. Dichos aspectos han sido tratados por los trabajos redactados por diversas compañeras y que el partido conoce, o debiera conocer. Me propongo estudiar en qué medida la liberación.

 

3. Los textos de los grandes maestros del Socialismo no son abundantes, si exceptuamos el libro de Bebel, por otra parte poco conocido. La clásica obra de Engels acerca del origen de la familia, fundada en las investigaciones de Morgan, ha sido superada en parte por los estudios del siglo presente y, por lo demás, estaba consagrada a examinar más bien la institución de la familia que el rol específico jugado en ella por la mujer.
Las observaciones de Lenin son más particulares. Se encuentran sobre todo en las conversaciones con Clara Zetkin acerca de la organización revolucionaria de millones de trabajadores de Rusia y Europa. No obstante su valor, tales ideas de Lenin omiten el drama específico de la condición femenina tanto en la sociedad como en el interior de la familia. (Lenin señala puntos clave de la esclavización, por ejemplo, la creación de guarderías infantiles, cocinas y lavanderías colectivas, liquidación de la legislación civil que despojaba a las mujeres de sus derechos, etc. Pero al mismo tiempo se oponía a que Inés Armand, su amiga política y personal, escribiese un libro sobre las peculiaridades de la sumisión sexual de las mujeres.

También reprochaba a Clara Zetkin que muchas obreras de la socialdemocracia alemana “perdiesen el tiempo” en discutir tales cuestiones). El propio Marx conservó a lo largo de su vida una visión más o menos victoriana de la moral familiar y sexual (lo que no ocurría con la misma reina Victoria, cuyas relaciones con su mayordomo escocés algo ebrio, a partir del fallecimiento de Alberto, el príncipe consorte, eran muy poco victorianas). El trágico destino del hijo de Marx y Elena Delmuth, que ensombreció la vida de Marx y añadió una nueva cruz sobre los hombros de Engels, subraya el peso de una tradición milenaria sobre  el espíritu del genial revolucionario. Que Marx no estaba solo en esta actitud se comprueba en las biografías escritas por Mehring, Cornú o Mayer, donde no existe la menor referencia a este asunto, así como en las ediciones de la correspondencia entre Marx y Engels, donde toda alusión al único hijo varón, que era ilegítimo y cuya paternidad reconoció Engels está evidentemente expurgada. La sociedad y la época generaban una moral dominante y como
el mismo Marx había enseñado, nadie por más genial que fuese, podía elevarse por encima de su tiempo sin pagar el debido tributo.

4. Para entrar directamente en materia, sostengo que nuestro partido debe incluir en su programa la liberación integral de la mujer como presupuesto básico del Socialismo. Esto quiere decir que para definir el Socialismo o un régimen socialista no bastará la enunciación de la naturaleza de clase del estado, sino que el papel que en ese estado desempeñe la mujer debe ser evaluado con la misma importancia crítica que la atribuida a la socialización de los medios de producción o el gobierno de los trabajadores. Del mismo modo que Trotsky, Racovsky y otros fundadores del estado soviético pusieron en duda el carácter del estado, no sólo por sus rezagamientos productivos y el bajo nivel de civilización resultante, sino también por la desaparición de la democracia política, nuestro partido debe establecer categóricamente que ningún revolucionario digno de ese nombre puede excluir a la mujer de una participación plena en la dirección de la vida social, de las fuerzas armadas, el estado, la educación o la estructura económica.

5. A este respecto, vale la pena observar que el actual gobierno militar no sólo ha suprimido las conquistas incluidas en el contrato de trabajo por el gobierno peronista que beneficiaban a la mujer obrera, y a la mujer madre, sino que han desaparecido por completo de la vida pública los funcionarios mujeres. No hay un solo alto cargo en la administración del estado que aparezca desempeñado por alguna mujer, lo mismo que en la diplomacia, los
gobiernos provinciales, etc. La idea central del presente régimen es: “la mujer en su casa”.

6. La declaración de principios del PSIN no hace referencia al problema de la mujer. Tampoco está incluido en las 60 medidas del FIP. Propongo la inclusión de textos específicos en ambos documentos.

7. Debemos establecer clara e inequívocamente que el feminismo no es un asunto de las mujeres del partido, sino de todos, hombres y mujeres. La política feminista, para dar un simple ejemplo, es más importante que la política universitaria y en cierto modo más importante que la política obrera, puesto que también afecta a los trabajadores de la industria. Se trata de una concepción estratégica, ya que no toca a 200 mil estudiantes universitarios sino a la mitad de la sociedad argentina. En consecuencia, los hombres del partido no pueden ser indiferentes a esta cuestión. Y no podrían serlo aunque quisieran porque nuestro partido, si logra ser un partido feminista, modificará internamente las relaciones entre hombres y mujeres (para solteros o no). Estos cambios que ya han comenzado a manifestarse, aumentarán energía potencial del partido e infundirán a hombres y mujeres una nueva perspectiva.

8. Durante casi dos años el partido ha discutido los temas del feminismo, pero no ha logrado avanzar todo lo esperado. En primer término, no hemos logrado incorporar a todas las compañeras del partido a la discusión y a la acción feminista. En segundo lugar, no hemos logrado organizar un movimiento
no partidario, de amplio carácter, que movilice a un número relativamente importante de mujeres. En tercer lugar, no tenemos todavía bien claro los “canales institucionales” para la acción política. Hay dos buenas razones para ello: a) nuestra inmadurez en la materia y las resistencias que encuentra el asunto en el partido; b) la supresión de las libertades públicas en el último año y el terror generalizado que ha dominado la vida del país. Esto último ha
impedido las atractivas experiencias que podían derivarse del éxito en la Convención Feminista de La Matanza.

9. Consideremos el primer asunto. Es preciso admitir que nuestro partido no ha comprendido, “internalizado”, la cuestión feminista en toda su complejidad e impulso creador. Se sabe que la primera reacción que despierta la sociedad patriarcal (incluido nuestro partido) ante el tema del feminismo, es de rechazo
irónico, sea explícita o implícitamente, se trate de hombres o de mujeres. La esclavitud de las mujeres no es una mera frase. Se expresa también en su resistencia a tomar conciencia de tal situación. Ninguna expresión podría abarcar todo un período histórico sin crear la actitud psicológica que contribuya a mantenerla y de la que
participen sus víctimas. Hay una especie de “derecho natural” que obliga a que la mujer lave los platos o cuide los hijos. Si parece una fatalidad biológica es exclusivamente porque su duración histórica es tan prolongada que nadie concibe su desaparición. Lo histórico, es decir, lo provisorio, se transforma en algo biológico, poco menos que en sinónimo de eterno. Pero la esclavitud integral de la mujer no es “natural” sino histórica. Nuestros militantes de ambos sexos han observado, en los comienzos de la discusión interna, el carácter explosivo de un tema que hunde sus raíces en los orígenes de la humanidad. Hemos resuelto, no obstante, pasar a la ofensiva en este terreno. No participamos de la exclamación que Shakespeare lanza en “Hamlet”: “fragilidad, tu nombre es mujer”, ni de las respuestas que Marx da a sus hijas en un cuestionario célebre: “¿qué te atrae más en un hombre?”. Respuesta: “la fuerza”. “¿Y en la mujer?” Respuesta: “la debilidad”.

10. La cuestión está lejos de ser simple. Ya es una gran victoria de nuestras compañeras haberla planteado. Vamos a luchar para que se desarrolle como un ser de igual o mayor talla que integra con el hombre la pareja humana y compone con él la humanidad.

Ahora bien, ¿cómo luchar? Empecemos por decir que el feminismo no es un nuevo “frente” del PSIN-FIP.
Aunque el partido trabaje en el área universitaria o cultural, a nadie se le ocurriría decir que tenemos una “ideología universitaria o cultural”. Sin embargo, el trabajo feminista supone poder decir que nuestro partido es feminista pues de otro modo no podría ser socialista. Es una cuestión de principio y tiene carácter estratégico, no táctico. Nuestras compañeras, según su decisión y capacidad, deberán poder ocupar en los niveles de dirección del partido tantos cargos como los ocupados por los hombres. Pero también para obtener este objetivo es preciso luchar y desarrollar en las compañeras el gusto y la vocación por la política, puesto que hemos experimentado que ciertas formas de indiferencia en realidad ocultan el viejo terror a ser personas totales.

11.Además, cada hombre del partido deberá estar en condiciones de hablar o escribir sobre la cuestión feminista y encontrar en este asunto tanto interés para luchar por él como en otros aspectos de nuestro programa. En otras palabras, el feminismo no es opcional en nuestro partido, sino obligatorio. El inmenso alcance político de este concepto debe ser explicado pacientemente a todos los militantes. Una resistencia prolongada a entenderlo así debe ser considerada como una actitud reaccionaria.

12. De las primeras elaboraciones teóricas redactadas por las compañeras de Buenos Aires, a los escritos redactados luego en Córdoba, hasta las discusiones públicas en La Matanza, pueden desprenderse numerosas conclusiones. Me reduciré en las presentes Tesis a dos de ellas: a) algunas compañeras ponen el acento en los aspectos “políticos” (socialistas o no) de la acción feminista; b) otras compañeras subrayan la necesidad de abarcar el problema en términos más genéricos, como un feminismo más “total”.

13. Estimo que no podemos encarar la política feminista con la aspiración de incluir en las filas de un gran movimiento de mujeres tanto a las obreras como a Victoria Ocampo, o personalidades similares de la pequeña burguesía calificada. La realidad semicolonial de la Argentina nos obliga a luchar por la organización
de las mayorías femeninas, es decir, por las mujeres más explotadas, humilladas y oprimidas del país: las obreras, las mujeres del campo, las empleadas de la ciudad, el servicio doméstico, las maestras, las vendedoras de tienda, las cajeras, en suma, la aplastante mayoría. Considero que este concepto, se acepte o no, es cardinal para determinar el alcance político de nuestra acción.

14. Ni siquiera en Francia o en la Europa avanzada es posible elevar por encima de las clases la cuestión feminista. Con mayor razón en una semicolonia. De ahí que sea posible en Europa referirse a un “feminismo burgués” y en la Argentina a “un feminismo oligárquico” o “pequeño burgués”. Diversas experiencias (en Buenos Aires) indican que la incorporación de mujeres de la pequeña burguesía intelectual en un frente feminista “amplio” genera rápidamente, sea una ofensiva declarada contra el partido, sea la manifestación abierta de una actitud antiperonista. Por añadidura, tales debates en el Mofep de la Capital pusieron de relieve contradicciones políticas entre nuestras propias compañeras, así como derivaciones de algún modo extrapolíticas, mediante la apelación a una profesional psicóloga para consultarla acerca de desinteligencias internas en el grupo 3. De estos hechos y del desconcierto, en cierto modo general, que se advierte acerca de los mejores medios para llevar a la práctica una política feminista, creo advertir la necesidad de llevar esta discusión al plano estrictamente político.

Una línea muy general, de “feminismo genérico”, conduce a determinar un contenido social y cultural muy claro: con la clase de mujeres a que pertenece Victoria Ocampo, el debate se elevaría muy rápidamente a regiones sublimes. Pero nos separaríamos irrevocablemente de las mujeres del pueblo. Es preciso tener en cuenta que para Victoria Ocampo (y de al MOFEP: Movimiento Feminista Popular. Aunque finalmente no prosperó, el Mofep pretendió ser un “frente de masas” lanzado por el fip.

El debate dentro del fip sobre la línea a seguir en la política feminista quedaba subsumido en el debate más general que tenía lugar en vísperas del vii Congreso Nacional. Ramos parece criticar en este párrafo a las concepciones feministas pequeño burguesas que sostenía el “ala derecha” del Partido, ligada al periodista Jorge Raventós y a su mujer Cristina Noble. Pero tras el golpe de 1976 y el abandono del Partido por parte de Raventos y sus seguidores
(muchos de los cuales se fueron a vivir a Europa), esta corriente partidaria terminó por desaparecer. De ningún modo para sus congéneres antiperonistas de la clase media intelectual) el feminismo ha dejado de ser una cuestión personal. Están emancipadas por su situación económica, social, cultural. De algún modo, participan de la explotación que sus maridos y su clase ejercen sobre el conjunto de la sociedad
argentina. Pero la mayoría de las mujeres en nuestro país no pueden soñar en emanciparse como tales, si no encuentran el camino de la lucha social. Por el camino del “feminismo puro”, nos encontramos en una situación sin salida.

15. Tampoco sería deseable adoptar el criterio de una “rama femenina” de la Izquierda Nacional. Sería otra forma de cortarnos de las masas y de crear y educar a una minoría de mujeres “esclarecidas”, como en el viejo Partido Socialista. En mi opinión, deberíamos crear dos formas orgánicas de acción feminista: a. todas las mujeres afiliadas al psin-fip serían automáticamente miembros de la Fracción Feminista Socialista del partido. Esta Fracción debería contar con sus autoridades, congresos y formasde discusión para analizar y resolver todos los problemas feministas desde un punto de vista socialista. Pero su tarea central sería la de adoptar un criterio táctico para la acción de las compañeras designadas por la Fracción para su militancia en el organismo de masas no partidario, por ejemplo, el Mofep.

b. El Mofep debería ser una entidad Feminista Popular, no feminista a secas, para la defensa, organización y educación de la mayoría de mujeres argentinas, de las clases oprimidas ya mencionadas. No debería luchar por el socialismo, obviamente, sino por los derechos de la mujer que trabaja, adecuando sus formulaciones políticas según las circunstancias y siempre dentro de una línea popular y nacional sin partido. Hay que sumar y no restar.

c. La Fracción Feminista Socialista, de carácter interno, determinaría, según su criterio y en consulta con la dirección del partido, el número de compañeras destinadas a ese gran movimiento externo de masas. Este debería ser resuelto con razonabilidad puesto que las afiliadas al partido deberían actuar en los organismos comunes del partido en la base, en los cuadros medios o en la dirección provincial o nacional, sin separarse de los otros compañeros. La participación de las compañeras en los núcleos “mixtos” del partido es un requisito esencial para evitar el aislamiento de las mujeres con respecto al movimiento. Una separación radical de nuestras compañeras de un “movimiento autónomo”, desconectadas por completo del partido, no sería útil ni al feminismo ni al socialismo. Tal movimiento autónomo, tendería inevitablemente a adecuarse a la sociedad semicolonial y a la postulación de meras reformas sin perspectiva de una transformación fundamental.

A su vez, un “feminismo socialista”, no menos “puro”, estaría incapacitado para atraer a millones de mujeres. Integración en el partido y política feminista de masas, es el verdadero camino.

16. Para terminar, creo indispensable que la lucha por la emancipación de las mujeres empiece en el partido. Si el partido desea conquistar a las compañeras feministas de modo irrevocable, es preciso crear las condiciones para que las compañeras feministas conquisten el partido. Sólo una intervención decidida de las compañeras en la vida del partido, en los puestos de dirección y de responsabilidad, permitirá al feminismo encontrar en nuestra organización un sólido punto de apoyo y al partido un gran aliado.

 

Notas Relacionadas