Home   /   Latinoamerica  /   Geopolítica del “Acuerdo” Mercosur-UE
Geopolítica del “Acuerdo” Mercosur-UE

Las comillas del título se deben a que la propaganda oficial ha mentido, tal como lo viene haciendo asiduamente desde que Macri se sentó en el sillón de Rivadavia.

El “Acuerdo” no es tal hasta que los órganos legislativos de los Estados miembros de cada bloque voten a favor, por lo que resta bastante para que inicie o no la actividad del mismo. Sin embargo, no puede negarse la pretensión librecambista de los representantes que rubricaron el escrito, cuyas causas geopolíticas nos interesa traer a discusión.

A saber, Argelia y Egipto firmaron un acuerdo similar al que nos atañe en el año 2001, Chile lo hizo en el 2002, Marruecos en el 2000, Sudáfrica en el 2004 y México en el año 1997. Podría ser útil para cualquier representante diplomático argentino, acudir a algunos antecedentes del convenio que pretenden aplicar, observando el impacto comercial que tuvo hasta el momento en economías más o menos similares en cuanto a su desarrollo científico, industrial y técnico. Todos estos países han visto aumentar más las importaciones que las exportaciones desde que acordaron con el viejo continente:

  • La balanza comercial argelina aumentó su déficit hasta los U$S 13.387 millones
  • El resultado del comercio bilateral Chile -UE fue negativo para los transandinos en U$S 6.676 millones. Entre el 2008 y el 2018 sus exportaciones a Europa cayeron en un 25%
  • El déficit egipcio tocó el techo de U$S 10.481 millones
  • En el caso marroquí, el mismo fue de U$S 5.826 millones
  • México fue a mayores pérdidas, llegando al total de U$S 17.976 millones
  • La balanza sudafricana se tornó deficitaria en U$S 598 millones

La conclusión de lo dicho es poco auspiciosa. ¿Cómo pretender mejores resultados a sabiendas de tales precedentes y de la asimetría real entre las economías del Mercosur y la UE?

Una historia de déficit

La composición actual de la relación comercial que detallan los cuadros anteriores no pretende ser revertida sino profundizada, lo cual nos lleva a una de las claves histórico políticas de la subordinación latinoamericana hacia Europa: el déficit comercial.

Sintéticamente, las bases del modelo de dominación primigenio, ideado por el Imperio Británico desde principios del siglo XIX, consistieron en el establecimiento de la División Internacional del Trabajo. Las semicolonias americanas (con aparente independencia política, pero en verdad profundamente subordinadas) exportaban materias primas e importaban bienes con valor agregado, generando déficit comercial permanente. El rédito británico no era solo económico, sino político. La corona obtenía ganancias en metálico, se garantizaba la materia prima necesaria para continuar el desarrollo industrial, generaba avance científico-técnico, pero por sobre todo mantenía un lazo de dominación en las semicolonias.

Ningún país latinoamericano lograba reinvertir en su economía, no habían saldos positivos y las pérdidas debían saldarse con deuda. Macri no es ningún adelantado. Los bancos prestamistas, evidentemente no eran otros que británicos, al igual que los beneficiarios de las condiciones de cada empréstito. Con el paso del tiempo, los intereses no se pagaban ya con divisas (que no habían), sino con soberanía, territorios, empresas del Estado Nacional, y concesiones jugosas a empresas de capital extranjero. Por su parte, las economías sentenciadas a un ciclo de reprimarización permanente, no podían integrarse entre sí, ya que sólo producían bienes primarios. Así, la integración regional para fortalecer el mercado latinoamericano frente a las potencias quedaba frustrado.

Un acuerdo para transferir la crisis y mantener el dominio

Ahora bien, dejando la historia de lado, pero sin desmerecer los conceptos, sino actualizándolos, debemos pensar el acuerdo UE-Mercosur con los cambios ocurridos hasta hoy. Ya no es la Baring Brothers el prestamista, sino el FMI, que también impone condiciones espurias. El déficit comercial argentino ya viene financiándose con deuda de hace tiempo, pero agravar la desigualdad del intercambio permite a las potencias occidentales el logro de varios cometidos.

Hoy EE.UU., por medio de la banca y del capital financiero globalizado, es el principal obstáculo para el desarrollo latinoamericano, más allá de que varias potencias lo secundan. No en vano es el principal inversor del FMI, y esencial tomador de decisiones.

Desde los ’90, pero ante todo desde la crisis del 2008, la grave acumulación del capital puso en jaque ya no sólo a las economías periféricas, sino que resquebrajó a varias cercanas al centro. La avaricia especuladora entonces satisfecha del sector financiero mandó a la crisis a Grecia, España, Italia, Irlanda, Portugal, etc. El brexit, la victoria de Trump y los chalecos amarillos son prueba de que lo dicho, con el paso de los años, ha dañado el entramado económico-financiero de las principales economías.

Los sucesos enunciados ponen en riesgo inminente a centros financieros como Londres y París. La impopularidad de Macron, sumada a las iracundas manifestaciones de la clase trabajadora francesa, amenazaron con expulsarlo del Palacio del Elíseo. De ahí surge su dicotomía a la hora de tomar posición sobre el posible tratado. Más allá de ser un hombre de la banca Rothschild, consecuentemente propulsor del convenio, no puede permitirse un nuevo enemigo, que es en lo que pueden transformarse los productores del sur agrario.

Hace poco, el Ministro de Agricultura belga se manifestó en contra del acuerdo, al igual que los ganaderos irlandeses. Las causas son idénticas.

La crisis se acerca al centro, aunque el centro norteamericano se anticipó, quizás no tan temprano, poniendo al magnate millonario como presidente, y llevando adelante políticas proteccionistas como las que lo hicieron posicionarse como hegemonía bélica, industrial y económica un siglo atrás.

La más alta casta de banqueros y miembros de las élites gobernantes, continúa sus esfuerzos por trasladar los efectos de la crisis que crearon a los países “periféricos”. Los Macri y los Bolsonaro son su herramienta, y por ello firman este tipo de acuerdos a ojos vendados, al igual que promueven la continua transferencia de renta al exterior, que en lo que va desde el 2015, se ha llevado más de U$S 133.000 millones (más de un quinto del PBI). En ese marco, es que deben entenderse la llegada de Cambiemos al poder, los tarifazos, el endeudamiento con el FMI, las reformas previsional y laboral, el ajuste y éste acuerdo.

Esto que el oligopolio mediático expone como prometedor, es una nueva estratagema para expropiar aun más el fruto de nuestro trabajo, seguir reprimarizando nuestra economía y reeditar aquel país exportador del centenario, viable sólo para algunos millones de argentinos.[1] 

Por su parte, lo mismo que intentó en su momento el Imperio Británico frente a la influencia norteamericana en la región, hoy los EE.UU. pretenden hacerlo con el despliegue chino, que pone en vilo su preponderancia. Finalmente, esquilmar la cohesión del Mercosur profundizando el comercio extrabloque, cuando internamente la integración es todavía malograda, no parece distinto a la histórica aspiración inglesa.

Queda, para octubre, bajo nuestra responsabilidad como argentinos y suramericanos, dar rienda suelta a esos propósitos extranjeros y explotadores o apostar a nuestros propios designios.

 


Referencia

[1] El Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Odep-Umet) estimó que 186.000 empleos industriales ingresarían en zona de riesgo. En términos absolutos, los principales afectados serían metalmecánica (48.000 empleos), sensibles (calzado, textil, marroquinería, muebles (47.000), autopartes (32.500), química (19.000) y automotor (9500).

Etiquetas

Notas Relacionadas