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Greta y la necesidad del desarrollo sustentable

La aparición pública de Greta Thunberg, la chica sueca de 16 años que se expresó hace pocos días en la Cumbre del Clima en la ONU contra la falta de acción de muchos “líderes” mundiales frente el cambio climático, ya genera posiciones encontradas en distintas partes del globo. Sin embargo, sus dichos y su condición, al padecer síndrome de Asperger, la han llevado a transformarse en un ejemplo para las jóvenes generaciones y esto ha generado un fenómeno más que interesante en muchos países del mundo: miles y miles de jóvenes salen a las calles y se interesan por la compleja discusión de como preservar el planeta y con él, la especie humana.

En este sentido, queremos aportar algunas ideas que contribuyan, desde un punto de vista situado, a introducirnos en el debate:

Para elaborar políticas ambientales acertadas en Latinoamérica, es necesario tener un diagnóstico correcto sobre el origen de nuestros problemas como sociedad (pobreza, atraso tecnológico, falta de soberanía, dependencia económica, pérdida de la cultura propia, etc.) por lo cual debemos comenzar señalando que la Argentina, al igual que el resto de los países de Latinoamérica, se encuentra en situación de semi-colonia. Esta categoría es inseparable de otra: “imperialismo”, la cual ha caído en desuso y es necesario recuperar.

El objetivo debiera ser plantear un concepto de desarrollo sustentable propio de nuestra realidad, vale decir, que responda a las necesidades de un país que tiene un 40% de pobreza y necesita por lo tanto imperiosamente generar industria, producción y trabajo para vivir dignamente.

Sin embargo, al “cruzar el océano” estas concepciones, cambian de signo. Mientras que en los países industrializados los problemas ambientales surgen como consecuencia de un alto grado de industrialización y su concentración, de “este lado del río”, dado el carácter primario de nuestras economías el problema (y no solo ambiental, sino en cuanto a la posibilidad de garantizar un nivel de vida digno para toda la población) es exactamente opuesto.

Dado el bajo nivel de industrialización que existe en América Latina, el principal problema en cuanto al cuidado del medio ambiente está vinculado con la depredación de los recursos naturales, renovables y no renovables, y sobre todo a las actividades extractivas en materia de minerales y petróleo.

Sorprendentemente no son los latinoamericanos quienes explotan ni se benefician con esta explotación sino los países centrales que necesitan de nuestras materias primas y recursos extractivos para abastecer sus industrias.[1]

Lo que no se puede dejar de mencionar, pues sería un análisis sesgado de la realidad, es que ese desarrollo ha sido posible gracias al no desarrollo de la periferia. Y esta es la situación que se pretende mantener.

Ahora bien, y siguiendo con Orduna, para que esta política anti-industrial haga eco en nuestras sociedades es necesario instalarla y legitimarla culturalmente, y es aquí donde aparecen las organizaciones conocidas como internacionales ecologistas. Sus mejores exponentes son Greenpeace y WorldWildlifeFoundation (conocida en nuestro país como fundación Vida Silvestre).

En este marco, cualquier planteo ecologista que presente al medio ambiente como un problema de “la humanidad”, sin distinción entre clases sociales o entre Naciones opresoras y países oprimidos, sin reconocer la diferencia que existe entre las grandes corporaciones transnacionales y las incipientes industrias de algunos países, es decir, tratar como igual a lo desigual tiende, siempre, a perjudicar a los más débiles en la relación: nuestro pueblo.

Sin embargo, de ninguna manera este análisis apunta a restarle importancia a la necesidad de encarar un desarrollo sustentable en nuestra región, que contemple la protección de nuestros recursos naturales, el clima, el suelo y paisaje que se extiende a lo largo y ancho de Nuestra América. Simplemente pretende mostrar la necesidad de que sean los Estados Latinoamericanos los que de forma independiente determinen las medidas a tomar en este sentido.

 

Referencias

[1] En 2010, los recursos naturales concentraron el 43% de la inversión hecha por las transnacionales en América del Sur. (http://www.revistapueblos.org/spip.php?article2225)

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