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Estalló la interna macrista y destruyó la final de la libertadores

El sábado se jugaba la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors en el Monumental sin público visitante. El micro que trasladaba al plantel boquense fue atacado por ¿barrabravas? y quedaron jugadores heridos y asustados. La Confederación Sudamericana de Fútbol primero postergó el partido dos veces en el mismo sábado, luego lo trasladó al domingo y finalmente lo suspendió.

Los responsables de la seguridad del espectáculo eran, por parte del Estado, el presidente Macri, la ministra Bullrich y el Jefe de Gobierno porteño Rodríguez Larreta, además de los clubes, claro está; y sobre todo el equipo local. El reglamento de Conmebol es claro en este punto en su artículo 8 inc. 1º.  Incluso, hay un detalle poco citado: el  Secretario de Seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco, también es el titular del departamento de seguridad de River Plate. Pero nadie cumplió correctamente sus funciones. Resta saber por qué.

Macri no puede perder

El presidente de Boca Daniel Angelici pidió los puntos y que se declare al club de la Ribera campeón. Nadie desconoce que Mauricio Macri necesita ganar la Libertadores sí o sí. La debilidad de su gobierno le exige mantener intacta su base de sustentación. Recordemos que no fueron únicamente los millones del Grupo Macri los que lo impulsaron al Congreso nacional, y luego a ganar la Jefatura de Gobierno porteña; sino la fama y el poder que conquistó al frente de Boca Juniors.

Fue una nueva experiencia de la derecha argentina, en que un gran empresario adquiere una base populista a través del control y desnaturalización de una organización libre del pueblo, un club deportivo, con arraigo en la CABA y proyección al resto del país.

No puede perder. Otra derrota pondría fin quizá al poder del presidente Angelici, quien maneja parte del poder judicial. Todo a partir del xeneize. Como decimos, no ganar la Libertadores abre la posibilidad de poner fin a veinticinco años de macrismo en la institución y algo que parecía casi utópico: un Boca Juniors no manejado por el macrismo tras un cuarto de siglo. En 2019 se va Angelici y no tiene reelección. La parada es brava para Macri.

Barras, gobierno y  privatización del fútbol

Todos, desde la autoridades políticas de Cambiemos hasta D’ Onofrio y Angelici culpan a los “inadaptados de siempre” como responsables exclusivos del desastre. Al mismo tiempo se exculpan y patean la responsabilidad hacia abajo.

Los barrabravas no tienen buena prensa pero son una fuerza delictiva al servicio de los negocios que colonizan el fútbol, que los necesitan para excluir a los verdaderos socios e hinchas de la soberanía de las instituciones y recuperar la función social de las mismas.

Por eso, debemos sospechar siempre cuando se echa la culpa a los “inadaptados”, porque es una maniobra de distracción. Ese vocabulario esconde la realidad porque no se trata de un problema moral o psicológico de “inadaptados”,  sino de organizaciones criminales que llevan adelante negocios sucios más o menos ocultos.

En un nivel más alto viene la mercantilización del fútbol a gran escala donde participan los representantes de jugadores, los medios masivos, los grupos económicos. No es casual que el gobierno acabó con Fútbol para Todos, reprivatizó la televisación de la Superliga como en los años ’90 y enajenó el negocio al capital norteamericano (FOX y ESPN).

Esto demuestra que las reglas las pone el poder político a través del Estado y la legislación. El vinculo barras-dirigencia-medios-empresas se proyecta políticamente. El submundo de las barras llega hasta la Casa Rosada, o más, bien allí empieza. Una banda de CEOS y hampones financieros concentra y transfiere la renta nacional al exterior destruyendo la industria, el salario y el trabajo de pueblo argentino.

Así como el macrismo quiere mercantilizar la educación pública, alienta la mercantilización del fútbol. Se trata de un fenómeno típico de la apropiación por parte del capital concentrado de un bien cultural de los pueblos. Por eso Macri quiere privatizar los clubes a través de las SAD. El plan es transparente.

Pero Macri y la partidocracia en general, requiere de las barrabravas, que son grupos de lumpen que están durante la semana al servicio de la cierta dirigencia, y durante el “finde” al servicio de la dirigencia mercantil que ha secuestrado las entidades deportivas. Hay poquísimas excepciones.

Para cerrar la idea: las barras subsisten solamente porque el poder político las necesita. No son un problema policial y judicial, sino esencialmente político: hacen uno de los trabajos sucios de las democracias de baja intensidad y de las élites que contratan elementos “populares” para disimular su naturaleza antipopular y antinacional.

Putrefacción intestina del PRO

Angelici presionó al plantel para disputar el partido. Como dijimos, a Macri le conviene ganar sin jugar. Boca y SOCMA son las canteras de funcionarios PRO. Además, a Mauricio también le viene bien una licencia para reprimir la creciente protesta social.

No es casual que el grupo Clarín titule “El fracaso del país barrabrava”. Para la dictadura mediática, la culpa del desastre es del país. Luego, si los argentinos son, culturalmente barrabravas, está bien reprimirlos. Remata la idea Rodríguez Larreta, quien afirma que el problema de las barras existe desde hace “más de cincuenta años”; poco faltó que dijera que lo causó el peronismo.

Los testimonios indican que las fuerzas de seguridad “liberaron” la zona. Prefectura a cargo de Bullrich no actuó en el primer cordón de seguridad. O sea, el gobierno de Macri dejó hacer.

Luego, intervenía la Policía Metropolitana de Rodríguez Larreta que disponía de más de 5000 efectivos en la zona. Pese a ello el micro con los futbolistas de Boca Juniors cayó en una emboscada. La policía reprimió con gas pimienta a los agresores que destruyeron vidrios a pedradas, causando heridas a varios deportistas por los vidrios y otros intoxicados por los químicos policiales.

Una palabra sobre los atacantes. Algunos medios sospechan de la existencia de infiltración policial entre los agresores, tal como sucedió en las protestas en el Congreso para justificar la represión. Daniel Angelici había sugerido hace tiempo que los hinchas de un club podían hacerse pasar por los del rival, provocar disturbios y conseguir la descalificación del oponente. Esas palabras dichas hoy son alarmantes.

Todos sospechan del ministro porteño de Seguridad, Ocampo y su relación con Angelici. El secretario de seguridad de la Nación, Eugenio Burzaco, ex jefe de la Metropolitana y actual segundo de Bullrich en el ministerio nacional, entró como un hincha más al Monumental en vez de estar cumpliendo sus funciones en el club y en el gobierno.

Recordemos que el segundo a bordo del ministerio de Patricia Bullrich -quien debería renunciar por estos hechos- es simultáneamente el jefe de seguridad de River Plate, y tiene una conocida relación con la barrabrava. Su hermano Alejandro es el coimero de TyC Sports en el escándalo “FIFAgate”. O sea, la mezcla de delincuentes de los bajos fondos y ladrones de guante blanco del mundo de los medios y las finanzas. Una combinación que es la naturaleza del PRO y el gobierno macrista.

Pero, ¿quién es el principal perjudicado? Para un sector del PRO, Rodríguez Larreta es el chivo expiatorio del gobierno. Ocurre que el calvo Jefe de Gobierno y María Eugenia Vidal son los únicos “gobernadores” que tiene el partido de Macri y quieren desprenderse del peso muerto del Presidente en las próximas elecciones para conservar sus gobiernos. Por ello amenazan desdoblar la fecha de elecciones.

Si los radicales son socios de Cambiemos, Macri intentará dominarlos con el látigo, la billetera y los medios masivos para “contenerlos”. Pero Larreta y Vidal son del del “riñón” PRO. Y empiezan a abandonar el barco.

En la Rosada acusan al intendente porteño. Como resume el periodista Roberto Navarro:

“…Larreta le hace pasar un terrible papelón con el superclásico días antes del G20. Vidal da tres reportajes un domingo como si fuera presidenta. Clarín y La Nación dicen que hay que adelantar la elección en Provincia de Buenos Aires porque Macri tira para abajo a Vidal”.

La alianza Cambiemos está en problemas: el radicalismo facturó duramente a Macri la pérdida del sillón del presidente del bloque de la UCR Mario Negri en el Consejo de la Magistratura. Varios gobernadores, como ya se dijo, quieren desdoblar, perjudicando la reelección de Mauricio Macri.

Pero la crisis llegó al PRO y estalló con estos hechos. La lucha intestina en el partido que puso al presidente y vice de la nación,  a los gobiernos de la provincia y la ciudad de Buenos Aires, y a los presidentes de ambas cámaras del Congreso se ha desbordado.

La peor noticia para el macrismo es que la tendencia es que esta interna feroz del PRO se profundice y amenaza las posibilidades de Cambiemos, no solo de conservar la Rosada cuatro años más, sino su propia existencia como alianza.

Lo que pasó revela la crisis de un gobierno en descomposición. La interna feroz es causa y efecto a la vez de la lenta desintegración del frente de clases con patrocinio extranjero que llevo a Macri a la presidencia. Cada día que pasa al ejecutivo le cuesta más ejercer el poder. Cuando un gobierno pierde peso y  sus decisiones no pueden imponerse por la guerra intestina, es porque está desapareciendo poco a poco del poder./


Fuentes

La Nación

Clarín

El Cohete a la Luna

Página 12

Doble Amarilla

La Izquierda Diario

Twitter Roberto Navarro

Twitter Edgardo Rovira

Wikipedia

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Dr. Gabriel Delgado
Abogado y profesor.
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