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Entre la invasión de Guaidó y las defensas de Venezuela

La guerra comercial entre China y Estados Unidos se ha convertido en el principal foco de los conflictos internacionales de los últimos años. El gigante asiático y la potencia norteamericana han ido y venido entre bloqueos comerciales mutuos, toma de zonas de influencia comercial de su contrincante y alianzas con terceros para perjudicarse mutuamente.

Dentro de este panorama, América Latina con sus más de 625 millones de habitantes y sus más de 22 millones de kilómetros de superficie plagados de recursos naturales es un punto estratégico. Por esto, la injerencia norteamericana en suelo latinoamericano tiene una larga historia, de la cual el conflicto actual en Venezuela es solo otro capítulo más.

Como para entrar más o menos por las buenas EE.UU siempre ha precisado de esbirros dentro de los Estados latinoamericanos para que les abran la puerta (mejor definidos como “cipayos” por Jauretche), siempre hay un entregador de la soberanía nacional que levanta las banderas de la “democracia” o la “libertad” mientras se abraza con el Estado más injerencista, terrorista y genocida de la historia.

En Venezuela ese es Juan Guaidó. Este autoproclamado líder del país desconoce la presidencia de Nicolás Maduro y no solo se nombra Presidente encargado sin ganar por las urnas, sino que pide literalmente que los Estados Unidos invadan su propio país. Un aliado de la democracia, pero de la democracia norteamericana. En palabras de Guaidó: “Nosotros haremos todo lo posible. Esto es un tema obviamente muy polémico, pero haciendo uso de nuestra soberanía, el ejercicio de nuestras competencias, haremos lo necesario” y así se despertó una controversia mundial.

Más allá del deseo personal de Guaidó y de la política injerencista del presidente norteamericano, Donald Trump, varios legisladores del país del norte se expresaron en rechazo a una intervención a Venezuela, alegando que no solo no hay acuerdos que lo permitan, sino que Trump por su cuenta no puede autorizar una invasión.

Diría el congresista estadounidense, Ro Khanna, que “…solamente el Congreso [norteamericano] tiene el poder para decidir si Estados Unidos debe involucrarse en conflictos militares. No lo tiene el presidente. No son funcionarios del Departamento de Defensa neoconservadores, ni los contratistas de defensa. Solamente el Congreso”. Pésimas noticias para Juan Guaidó y su deseo de que Venezuela sea ocupada por los marines y la CIA.

Ahora bien, si esto llegara a ocurrir, Venezuela no está desarmada para defenderse de la posible invasión de los EEUU. Gracias acuerdos comerciales y militares iniciados por Hugo Chavez desde 2006, Venezuela ha venido armándose de la mano de otro gran enemigo de los Estados Unidos: Rusia.

El estado gobernado por Vladimir Putin ha vendido a la República Bolivariana mucho armamento entre el que se encuentran decenas de tanques blindados, camiones de infantería, camiones lanzamisiles y carros de combate. De hecho, todo el armamento de tierra venezolano es de fabricación rusa y su mantenimiento es realizado periódicamente por expertos rusos que visitan Venezuela.

A su vez, Rusia le vendió a Venezuela 100.000 fusiles Kalashnikov AK-105 (una versión más moderna del conocido rifle de asalto AK-47) y se negoció la construcción de una fábrica de Kalashnikov en Venezuela que se pondría en funcionamiento en 2019.

También el gobierno ruso ha dado defensa aérea al estado presidido por Nicolás Maduro. Desde 2008 hasta la fecha, Venezuela ha recibido, puesto en funcionamiento y maniobrado 23 aviones caza Sujói Su-30MK2, 12 helicópteros Mi-35M2, 16 aparatos Mi-17V5 y 3 helicópteros pesados de transporte Mi-26T2.

Asimismo, el gobierno de Maduro cuenta con sistemas de misiles antiaéreos de largo alcance S-300BM, 12 sistemas de misiles antiaéreos de alcance medio Buk-M2E y 24 sistemas modernizados S-125 Pechora-2M.

Sería imposible saber si el difunto Hugo Chavez sabía que todo esto podía ocurrir, pero sin dudas armó a la República Bolivariana en caso de que lo peor pasara. Hoy, Guaidó quiere invasión, Trump quiere apoderarse de los recursos naturales venezolanos y el mundo espera el desenlace.

Sin embargo, el pueblo venezolano solo quiere comer y vivir dignamente, derecho del que el gobierno norteamericano lo ha privado con su bloqueo económico. Si la codicia por recursos del imperialismo norteamericano cruza la línea, como ya ha hecho innumerables veces en su historia, la defensa será necesaria, y allí esperemos que lo que prevalezca sea la voluntad de los pueblos libres./


Fuentes

https://www.telesurtv.net/analisis/congreso-eeuu-rechaza-intervencion-venezuela-guaido-20190210-0012.html

https://es.rbth.com/technologias/82506-armamento-ruso-venezuela-puede-usar

 

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