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La CEOcracia fusiladora de Martínez Dujovne de Hoz

En tiempos de Macri, elaboramos desde la redacción de esta revista una sección a la que denominamos: “Los Vendepatrias del siglo XXI”. Allí demostramos la continuidad histórica de los gabinetes de tres (entre tantas) contrarrevoluciones: el del la Fusiladora (1955-1958) y el de Videla-Martínez de Hoz (1976-1983), con el de Macri. Tales gabinetes traducen la composición de clases de la rosca oligárquica-extranjerizante en determinado momento histórico. Del predominio de la Sociedad Rural pasamos al del capital financiero transnacional. La delincuencia económica de la banda macrista se verifica en cuentas de Bahamas y en sociedades offshore de Panamá. Vivimos una dictadura financiera enmascarada bajo la formas muertas de la república semicolonial. Lo cierto es que el demos estuvo ausente del Estado.

Compartimos con nuestros lectores lo que aquella vez decíamos y ratificamos.

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Dujovne asesora gobiernos y empresas en favor de sus patrones: los bancos extranjeros. Es un producto de la máquina de prestigio universitaria y mediática (TN, Clarín, La Nación).

Su <<pensamiento>>, al leer sus artículos, es muy difícil de distinguir del de Martínez de Hoz y sus epígonos y descendientes. Comentamos algunos entre tantos. Sabemos que lo importante es el conjunto, no las citas aisladas. Pero no hay otra manera de presentar al personaje. Su divisa bien puede ser la del ministro clásico de la semicolonia: “achicar el Estado para agrandar la Nación”.

Dujovne viene a ajustar y desregular. Lo primero a destruir es el proteccionismo industrial:

“En comercio internacional, el Gobierno tiene un plan. Consiste en ir eliminando gradualmente la protección que hoy genera que los argentinos enfrenten sobreprecios insoportables cuando consumen electrónicos, prendas de vestir, juguetes y otros bienes. Ese sobrecosto será removido gradualmente junto con la disminución de la protección en esos sectores. Y la forma de institucionalizarlo vendrá de la mano de la firma de acuerdos de libre comercio (como el del Mercosur y la UE), donde el sendero de convergencia hacia la apertura, de 10 o 15 años, quedará establecido.” (La Nación, 20/12/2016)

Por supuesto, es la vuelta al librecambio clásico y la división internacional del trabajo, donde nos toca el lugar de exportadores primarios e importadores de manufactura extranjera.

“El proteccionismo de la Argentina también impide exportar”

Pero se cuida muy bien de mimar simultáneamente a los sojeros y a las transnacionales autopartistas:

“Pasar de producir acero a vender autos o autopartes a todo el mundo implica bajar el costo arancelario de los insumos. Cambiemos.” (LN, 26/09/2016)

Por supuesto, la subordinación argentina a las grandes potencias y la destrucción de la integración nacional suramericana es el objetivo estratégico:

“Remover la estructura de protección de la Argentina para promover las exportaciones requiere un acuerdo estratégico con Brasil y convicciones duras como una roca para abrazar acuerdos comerciales que actúen como guía para una modificación gradual de la actual estructura decadente de protección” afirma en el mismo artículo.

Debemos formar parte de la Alianza del Pacífico y acordar el libre comercio con la UE, o sea, renunciar a la soberanía económica suramericana.

En un párrafo digno de “Joe”, como familiarmente llamaba Rockefeller a Martínez de Hoz, Dujovne nos dice que las variables para impedir el <<salto exportador>> son:

“…los altísimos costos del transporte interno, el proteccionismo y la presencia de numerosos impuestos muy distorsivos que se acumulan en cascada para quienes venden su producción al exterior”.

Este genio de la “Ciencia Económica” recomienda dejar de preocuparse por las exportaciones industriale y concentrarse en las de servicios:

“En el mundo de los servicios no hay aranceles de importación, ni Moyanos, ni retenciones a la exportación. Y el tipo de cambio que reciben los exportadores de servicios es el mismo que reciben los industriales, quienes hoy se quejan de la apreciación del peso.”

Esa es su doctrina en todo su esplendor. Pues resulta que para Dujovne el dólar no debe ser caro (como necesitan los países atrasados).

Obviamente, para él “…la vigencia de un régimen de cambio flotante es un gran avance”. Como corresponde a la tradición antinacional, se despoja al Estado del control sobre el mercado de cambios, que queda, en cambio, en manos de los monopolios, como el resto de la economía.

Finalmente, para no abrumar al lector, citamos los párrafos más graves, en los que el Ministro plantea la destrucción de los derechos laborales y las conquistas de los trabajadores.

“Es inviable para un país, e injusto para quienes lo sufren, que el 35% del empleo sea informal. Ello ocurre porque tenemos impuestos, una justicia laboral y regulaciones laborales inviables. En la Argentina, los impuestos al trabajo generan un costo laboral 40% más elevado que el salario de bolsillo. Esa cifra se compara con menos de 10% de sobrecosto en Chile y Australia y menos de 20% en Canadá, México, Israel, Corea y Estados Unidos. La Argentina agrega además una justicia laboral que parece diseñada para que las empresas cierren sus persianas y sus dueños inviertan en Lebac.” (LN, 22/11/2016)

Los argentinos conocemos muy bien esta retórica; es una mentira que cíclicamente esbozan los liberales coloniales para abaratar el salario y aplastar a las masas trabajadores, debilitando el movimiento nacional y reforzando la dominación del capital extranjero asociado a la rosca local.

La gema final del programa de ajuste, desindustrialización, financiarización y desnacionalización de la economía es esta:

(…) la apertura comercial en los países con poco capital y muchos trabajadores disponibles, como es el caso de la Argentina, genera una mejora en el precio del factor abundante, es decir, el del trabajo (los salarios). Sólo podemos ir en una dirección: más apertura, más competencia y mejores salarios. (LN, 24/10/2016).

Si la competencia no existe desde la era del imperialismo mundial (fines del siglo XIX), pues los monopolios dominan la economía global, mencionarla es engañar; la referencia a mejores salarios, contradice toda la historia de los gobiernos liberales-coloniales, donde éste desapareció y se redujo. Lo único verdadero es <<más apertura>>. Martínez de Hoz nunca se va.

 

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Dr. Gabriel Delgado
Abogado y profesor.
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