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La esperanza que nos mueve

Un acto de cierre de campaña con la bandera argentina como protagonista, no en un salón cerrado en medio de la zona más “paqueta” de Buenos Aires sino en la deslumbrante Rosario, los candidatos que suben al escenario mientras se escucha de fondo a uno de los grandes de la música nacional y decenas de miles de argentinos y argentinas que aplauden, lloran y acompañando a Fito cantan, cómo dando la bienvenida: “yo te conozco de antes, desde antes del ayer, yo te conozco de antes, cuando me fui no me alejé”

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Pero el asunto es que efectivamente eran decenas de miles. Y viendo por la pantalla, descubrimos que habían jubilados, padres y madres con sus hijos, jóvenes con pañuelos variopintos, algunos con trajes y otros con mamelucos, de esos que aun tienen la suerte de poder seguir trabajando.

Por la pantalla también descubrimos que sus rostros eran sonrientes, alegres, que el Monumento a la Bandera durante esas horas fue el escenario de una gran fiesta. No vimos rostros tristes, como los que hace casi cuatro años vemos en los jubilados sin remedios, en las madres que apelando a la imaginación inventan algo para comer, en los padres que se quedaron sin vacunas para sus hijos, en los hijos que van a la escuela buscando comida, en las maestras y maestros que ven como esos niños se quedan dormidos en clases porque la noche anterior no comieron, como en los cientos de “sin techo” que mueren de frío en las veredas de las ciudades, como los trabajadores que reciben una mañana el telegrama de despido y la boleta de la luz, una en cada mano. Quizás, los que estaban en Rosario este 7 de agosto eran todos esos mismos, pero esta vez, sonreían.

Los portadores del odio, lógicamente, cuando descubrieron que se trataba de decenas de miles, publicaron eufóricos que se trataba de choriplaneros, negros, incultos… los mismos que bautizaron infámemente a los “cabecitas negras”, ahora reeditado.

Sin embargo, muchos otros lo que vimos ahí fue otra cosa. Vimos, en nuestra humilde opinión, otra reedición, pero en este caso, la reedición de la esperanza. Vimos argentinos y argentinas movilizados por la esperanza de que la noche por fin termine y que, al menos, empiece a amanecer.

En ese acto, no se dijeron grandilocuencias ni tecnicismos incomprensibles. Se dijeron las cosas que todo argentino y argentina con buen sentido quiere: trabajo, comida y felicidad. Y diciendo la verdad, quizás a más de uno que posiblemente el miedo a lo que nos está pasando nos había paralizado, al escuchar, al ver, sentimos como dice Fito, que Rosario estaba cerca, y que quizás efectivamente está empezando a amanecer.

Viendo el mismo acto, pero pasando también por el almacén de la esquina y por la verdulería de la otra cuadra, vimos que lo que pasó en Rosario pasa en muchas otras partes del país. Y creemos que lo que está pasando, es la esperanza. Aquella esperanza que nos cambiaron por globitos de colores, y que millones estamos recuperando. Los candidatos que la encarnan en las listas pueden ser muchos, de distintos sectores políticos, no importa. Lo que si importa, es que millones quieren volver al trabajo, a la escuela a enseñar y a aprender, a disfrutar de la vejez con dignidad, a reunirse con amigos al rededor del fuego de un asado, a terminar con el miedo a los precios y las tarifas, etc.

A todos nos gusta que nos cuenten una buena historia. Ojalá a partir de este 11 de agosto podamos empezar a escribir una para después contarla diciendo que a los argentinos la esperanza a una nueva alegría nos mueve.

Dra. Noelia Navarro
Abogada. Docente
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