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La Nación vuelve a insistir con el arancelamiento universitario

En una nota de Editorial con fecha de 17 de diciembre, el diario La Nación nos ofrece sus “Opciones de arancelamiento universitario”. El motivo de la nota es porque “Es justo que se debata qué tipo de sistema es conveniente para nuestro país analizando todas las posibilidades para una educación inclusiva y de calidad.”

Hace varios meses que los grandes oligopolios mediáticos vienen insistiendo con el tema. Y entre efeumismos, falsas empatías al “quintil más bajo” (como nombran a la parte más castigada de la población), se descubre su verdara política. Están instalando la “ineficiencia” del sistema público universitario para ablandar el camino a una privatización.

Cada privatización que ha atravesado el país, o cada entrega de soberanía, ha sido precedido por una gran campaña mediático/cultural que iba allanando el camino. Implantando semillas con racionalizaciones, frases hechas e interesados cuestionamientos iban creando la opinión pública propicia para luego, una vez brotada esa germinación cultural, arrebatarnos de nuestros bienes y derechos.

El Editorial comienza diciendo que hay que evitar los dos extremos en los que reposa el debate sobre el financiamiento universitario: “gratuidad o aranceles”. Porque “…lejos de existir esta dualidad de aparentes opuestos, hay propuestas que son inclusivas sin caer en falacias, populismo ni demagogia”. La punta del ovillo empieza a descubrirse. ¿Es demagógico pretender una universidad gratuita? ¿Es populista? Primera semilla.

El problema se descompone en dos aspectos. Dice que el sistema gratuito es ineficiente, sólo el 26% de los estudiantes se reciben a término; e injusto, “a pesar de la falsa gratuidad, solo se recibe uno de cada 100 estudiantes provenientes del quintil más pobre del país.”

El verdadero rostro comienza a verse al final. Luego de la introducción que nos invita a reflexionar para buscar un sistema más eficiente y justo, viene la comparación con el Fondo de Solidaridad Universitaria (FSU) del Uruguay. Este último consiste en un sistema de becas financiado por el aporte de los profesionales graduados de la universidad. El arancel consiste en un monto fijo anual en dólares, y se comienza a cobrar despúes de 5 años del egreso.

El párrafo más evidente dice: “Otro dato es que en la Argentina las personas bajo la línea de pobreza no adquieren mejores oportunidades de llegar a los estudios universitarios solo porque son supuestamente gratuitos. Para que puedan acceder al nivel superior es necesario un modelo educativo con financiamiento eficiente. Lejos de colaborar a que más alumnos accedan a la universidad, la falta de aranceles abre la puerta a que muchos extiendan por demás su permanencia o la abandonen.”

Traducido: “La gratuidad universitaria es una falacia, que lo único que genera es un sistema populista que crea vagos que pululan por las aulas y pasillos universitarios indefinidamente.”

Y pese a no decirlo explícitamente, promueven el arancel general y la privatización: “como evidencia vale la distancia en el crecimiento de graduados entre universidades privadas y estatales entre 2003 y 2016”: Las privadas aumentaron un 124,6% y las estatales 38,4%.

El planteo del diario La Nación no es novedoso, ni los encuentra en soledad. En la provincia de Mendoza el rector de  la Universidad Nacional de Cuyo viene insistiendo con la necesidad de acortar las cúrriculas, eficientizar el egreso y modernizar los planes de estudio (esto último a través de los idiomas, y la internacionalización de la UNCuyo). El planteo sigue al pie de la letra las recomendaciones de la OCDE sobre la Educación, y utiliza en exceso categorías de triste pasar en el país. Este lenguaje colonial (neoliberal como le denominan algunos) busca crear un sistema educativo para “satisfacer las demandas del mercado”.

La gratuidad universitaria fue lograda el 22 de noviembre de 1949 (por decreto del Presidente Perón), y ha sido desde entonces un enorme orgullo argentino y latinoamericano. Posibilitó una real democratización del ingreso y una verdadera movilidad social ascendente.

Al democratizar el ingreso, miles de personas que antes se veían imposibilitados de acceder a estudios superiores lo pudieron hacer. Logrando para el pueblo argentino mayores expectativas de profesionales adecuados para la Argentina en la que estaba todo por hacer.

Hoy, el arancelamiento es una realidad, cosa que no dice La Nación, a través de las universidades privadas (en la provincia de Mendoza superan la cantidad de 6) y los postítulos. A través de un proceso de degradación del contenido de la currícula de grado, se intenta homologar el deficiente sistema educativo norteamericano donde el título de grado es un mero trámite y son necesarios varios posgrados.

Es cierto que el sistema educativo argentino y el universitario en especial necesitan una profunda transformación, pero en el sentido opuesto al planteado por el diario de los Mitre. Los planes de estudios se encuentran completamente alejados de la problemática de los ciudadanos argentinos, aquellos que la financian. Y los profesionales que egresan encuentran en la cátedra universitaria los argumentos para defender políticas hartamente perjudiciales como las que encabeza Mauricio Macri.

Lograr un país más justo, requiere necesariamente profesionales formados en esas fraguas. Y en un momento de enorme crisis económica y ajuste como el que impone el gobierno, las posibilidades de estudiar se ven reducidas. La discusión sobre la reforma de los planes de estudios se ve postergada frente a la necesidad de defender el presupuesto y el no arancelamiento. Retrocedimos a discuciones delarruistas.

La Editorial cierra desnudando sus verdaeras intenciones: “Pensar en universidades aranceladas no significa cortar oportunidades, sino mejorar las condiciones para quienes estén a la altura de los desafíos.”

70.000 becas por el sistema de financiamiento uruguayo y el resto de los casi 1.600.000 personas que van a universidades públicas que paguen el arancel y demuestren que se lo merecen. El planteo nos retrocede más de 100 años, a los tiempos previos a la reforma universitaria.

De a poco empiezan a instalar el sentido común de que el sistema universitario es ineficiente e injusto para justificar el enorme ajuste que está haciendo Macri y los radicales delaruistas para destinar fondos públicos al pago de la deuda con el FMI y a garantizar la transferencia de la renta argentina, bicicleta financiera mediante, al exterior.

 

 

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