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La oligarquía: esa piedra en el zapato

Nuevamente estamos en el final de un gobierno oligárquico que nos deja como saldo lo mismo que todos los gobiernos de esta orientación: más pobreza, atraso, desempleo, desindustrialización y un endeudamiento que compromete nuestra soberanía y el futuro de millones de argentinos.

La política de Macri mientras tuvo el control del gobierno fue la de beneficiar a los fondos especulativos que hasta hace poco eran asesorados por los altos funcionarios de su gobierno y permitirle pingües ganancias a los bancos a partir de préstamos al Estado sin arriesgar en créditos para inversiones productivas, con una tasa de interés de política monetaria ridículamente alta que promovió una economía en donde los que ganan hacen dinero a partir del dinero sin producir un solo bien o servicio y sin generar un solo puesto de trabajo.

La apertura económica boba en un mundo que avanza hacia el proteccionismo inteligente, generó un déficit en cuenta corriente que terminó siendo pagado con endeudamiento externo. Por supuesto, esto no fue un error sino que benefició a intereses concretos de potencias empresariales que pudieron depositar mercancía en nuestro país que antes no ingresaba. Esto en detrimento de amplios sectores industriales que se vieron perjudicados por no poder competir. Otra parte del endeudamiento fue destinado a financiar la transferencia de renta nacional al exterior por varias vías, entre otras, la fuga de capitales.

Con esta política es muy sencillo que los “lideres mundiales” le tomen aprecio al presidente que se va el 10 de diciembre.

El mito de un empresariado argentino cómodo, subsidiado, excesivamente protegido en nuestro país se cae cuando vemos que se les exige competir con las industrias de los países adelantados en condiciones de absoluta inferioridad:

  • La tasa de interés impide realizar inversiones en incorporación de nuevas tecnologías para ganar productividad y ponerse a tono con sus pares extranjeros,
  • los tarifazos aumentan los costos de producción,
  • los aumentos de combustibles permanentes y la inexistencia de ferrocarriles genera mayores costos de distribución,
  • el ajuste sobre el presupuesto para desarrollo de ciencia y tecnología dificulta la creación de adelantos tecnológicos nacionales que pueden ponerse al servicio de nuestras empresas a menores costos que la importación de conocimiento;

 

Estos son los elementos, entre otros, que hacen imposible la competencia de algunos sectores industriales con la producción extranjera. Solo una variable de los costos tendió a disminuir: el salario de los trabajadores. Flaco favor le hicieron a los empresarios que al disminuir el poder adquisitivo de los salarios vieron cómo se caía el mercado interno y todos los meses las estadísticas oficiales indicaban que caía el consumo de los argentinos.

Solo sobreviven a estas políticas los sectores de la economía beneficiados objetivamente por la política del gobierno y la oligarquía tradicional de nuestro país.

Los propietarios de las tierras pampeanas con su humus, régimen pluvial y cercanía al puerto; no necesitan de la protección del Estado, salvo como policía del régimen de propiedad oligárquica en la Argentina. En la cabeza de los terratenientes esto incluye que el Estado no le cobre impuestos porque “se quedan con lo que les pertenece”. Así lo hizo Macri mientras pudo, eliminando las retenciones que luego tuvo que restituir. Curiosamente la oligarquía aceptó las retenciones macristas, no así las peronistas, lo que demuestra que es quizás el sector con mayor conciencia de clase en nuestro país: con tal de que no vuelva el peronismo al poder es capaz de financiar con su propiedad al gobierno de Macri, quien por supuesto es un par de clase ya que su madre es de apellido Blanco Villegas, familia terrateniente tradicional de provincia de Buenos Aires. Entienden que las retenciones de Macri son una circunstancia pero no es su política.

El peronismo es un movimiento policlasista que sigue expresando políticamente a esa Argentina productiva que pugna por ingresar a la modernidad con sus pares latinoamericanos porque entiende que esto solo es posible en el marco de un proyecto de Patria Grande. Esa Argentina ha soportado durante 4 años de gobierno macrista una política tendiente a favorecer a unos pocos sometiéndola al atraso y a la barbarie de la pobreza. Pero a partir del domingo 27 de octubre se encendió una luz de esperanza porque el presidente electo dijo que “entre los bancos y los que producen y trabajan priorizamos a los que producen y trabajan”.

La verdadera grieta es esa: la argentina productiva vs la improductiva que pretende que todo el país le rinda tributo.

La acción de los medios hegemónicos de comunicación y un sistema educativo que no logra generar conciencia histórica y política en sus ciudadanos, le ha permitido a esta argentina para pocos tener muchos votos. El instrumento utilizado es la colonización cultural explicada por Jauretche, Ramos, Hernandez Arregui, entre otros, y mas acá en el tiempo por otros autores como Marcelo Gullo.

Los desafíos del próximo gobierno son enormes: renegociar la deuda externa para pagar sin ajustar sobre los sectores populares, concretar un pacto económico y social que permita volver a poner en marcha el mercado interno y unirnos con nuestros compatriotas latinoamericanos en un proyecto de Patria Grande que nos permita ingresar a la globalización con dignidad. La buena elección del macrismo y el escenario latinoamericano, en particular con Bolsonaro gobernando Brasil, dificultan esta tarea.

Sin embargo, la esperanza expresada en las urnas de millones de argentinos le da poder al próximo gobierno para avanzar en el sentido antes señalado. Cuenta para esto con una herramienta imprescindible: el Estado. A partir de este instrumento es posible reorientar al país y también disminuir la base de sustentación electoral del macrismo conquistando a sectores de la sociedad que no votaron a Alberto y Cristina en esta elección.

Pero a pesar de todas estas preocupaciones no podemos dejar de disfrutar que empezamos a dejar atrás la noche macrista y vuelve a la argentina un gobierno popular.

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