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La Salud en Cuba: “Nadie se salva solo”

La solidaridad cubana para con el resto de los pueblos del mundo data de hace mucho tiempo. Cuba ha esparcido a más de mil doscientos especialistas de la salud en decenas de países afectados por el Coronavirus. Entre los casos más conocidos se encuentra el de Italia, a donde arribaron dos brigadas sanitarias de apoyo. Sudáfrica, Haití, Andorra y tanto otros también han sido alcanzados por la calidad profesional y humana de los cubanos y cubanas comprometidos desinteresadamente con el bienestar comunitario.

Este gesto digno de reconocer y emular, se concretaba al mismo tiempo que el embargo estadounidense impedía despiadadamente la entrada de respiradores y ventiladores artificiales, entre otros equipamientos e insumos en general, a la isla. Mientras Cuba demuestra su consciencia de humanidad, el gobierno de Estados Unidos expresa la crueldad más feroz.

La solidaridad internacional de la mayor isla de las Antillas se ha manifestado en tantas oportunidades que no podremos mencionarlas a todas, pero hemos intentado elegir las más significativas. El Gobierno cubano, conducido por Fidel Castro Ruz creó un Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias. Éste entró en acción cuando dos grandes catástrofes sucedieron, la de Guatemala y el terremoto en Pakistán. Fidel, en la entrevista que le realiza Ramonet (2006) expresa que las “brigadas de médicos cubanos que se enviaron a estos lugares están escribiendo una colosal página de heroísmo, de sacrificio y de eficiencia, que pasará a la historia como otra de las muchas grandes cosas que en diversos campos la Revolución ha realizado, sin cobrar ni un solo centavo por ello”.

Así mismo, otras tantas brigadas hicieron notar su presencia en las tragedias sucedidas en Perú (1970) y en Nicaragua (1972). La cooperación cubana ha llegado a Venezuela y a muchos otros países de América Latina y el Caribe, buscando de este modo, colaborar con la tan necesaria integración regional. África también ha sido beneficiada por la ayuda humanitaria de la isla. Cuba, con el mismo compromiso, participó activamente en la independencia de Argelia del yugo francés. En esa oportunidad fueron trasladados miles de niños huérfanos y heridos de guerra, que el sistema de salud cubano curó. Protegieron, además, a niños provenientes de Chernobil que ningún otro país quiso recibir.

En la actualidad miles de profesionales cubanos están en decenas de países con necesidades urgentes por satisfacer. No sólo médicos, si no maestros, enfermeros y combatientes. La compasión por los pueblos sufrientes los distingue.

Estos acontecimientos ocurrían a pesar de que el imperialismo norteamericano brindaba facilidades a los cubanos profesionalizados para que migraran de su país natal. Cruzaron el mar más de la mitad de los médicos en funciones de esa época.

De hecho, cuando el ciclón Katrina devastó a varios estados de Estados Unidos, Cuba, en una actitud solidaria y de grandeza, les ofreció tal ayuda médica que se podrían haber salvado muchas vidas. Pero su orgullo injustificado e inhumano, prefirió dejar a esas personas libradas a su suerte. Ése es el país que se embandera con la defensa de los derechos humanos. Es allí donde millones y millones de inmigrantes, e incluso ciudadanos estadounidenses, no tienen una asistencia médica asegurada. En Cuba, dice Fidel, no sólo el cien por ciento de la población tiene garantizado su derecho a la salud, si no que “la tiene cualquier ciudadano, sin que nadie le haya preguntado jamás cómo piensa, o le haya preguntado si apoya el bloqueo, como hacen algunos miserables. ¡Eso nunca se le preguntó ni se le preguntará jamás a nadie!”

Acorralada por el bloqueo comercial imperialista implantado desde 1962 y afectada por la caída del muro de Berlín y los regímenes comunistas de toda Europa del Este, la Cuba revolucionaria sigue en pie y dando la batalla. A pesar del hostigamiento exterior y de una crisis económica profunda, no deja de lado su espíritu de hermandad y amistad generosa con los pueblos del Tercer Mundo que requieran de colaboración.

Más allá de su sabida vocación altruista, ésta no hubiera podido llevarse a cabo sin la clara dirección política guiada por el Estado cubano. Éste comenzó a promover la investigación científica y el desarrollo de tecnología médica. Fidel hace más de 50 años ya construía un modo de producción afincado en la ciencia. Procuró formar un gran capital de recursos humanos para el área en cuestión. Las universidades recibieron un apoyo fundamental para la educación de médicos y profesionales de la salud. Salud y educación fueron los dos pilares insustituibles en el proceso que Cuba estaba llevando adelante. La articulación y coordinación de estas dos ramas fueron decisivas para que los efectos fueran los esperados: contar con más de cien mil médicos, no menos de cuarenta mil dentro de sus fronteras y aproximadamente treinta mil en el exterior y profesionalizar a otros cien mil procedentes de otros países. Llegaron a ser formadores de médicos. El objetivo de crear un capital médico no sólo tenía en vista la preservación del principal derecho humano, el derecho a la vida de los cubanos y las cubanas, si no que pretendían hacerlo extensible al resto de los pueblos del mundo.

Sin duda alguna, esta cualidad les ha brindado un lugar peculiar en la historia de la humanidad. Ni los Estados Unidos ni los países de Europa juntos disponen de una cantidad de médicos suficiente para enviar a otras naciones. “Los vecinos del Norte [Estados Unidos] han reunido decenas de miles de dólares, pero no reúnen cien médicos. No los tienen ni cuando ellos los necesitan” decía el entonces mandatario. Desmintiendo las atrocidades que sobre su pueblo se decían, él argumentaba que su “país no posee armas nucleares, ni armas químicas, ni obviamente armas biológicas. Las decenas de miles de científicos y médicos con que cuenta nuestro país han sido educados en la idea de salvar vidas. Estaría en absoluta contradicción con su concepción poner a un científico o a un médico a producir sustancias, bacterias o virus capaces de producir la muerte a otros seres humanos.”

Concebimos imposible que se alcance esa calidad y abundancia de capital humano especializado mediante el egoísmo y promulgando el individualismo en las sociedades. Cuba, apegada a su soberanía, ha obtenido resultados destacables en materia de desarrollo humano: erradicación del analfabetismo, reducción del índice de mortalidad infantil, incremento de la esperanza de vida de sus ciudadanos y, sobre todo, progresos en salud y educación. Sus estadísticas posicionan a este pequeño país, en el grupo de naciones más eficientes. Sostenemos que estos logros han sido posibles por la conducción de un gobierno convencido del rumbo tomado, colmado de esperanza, ternura y empatía.

Fidel ha repetido, una y mil veces, que su “ambición es sembrar salud y saber; medicina y educación por todo el planeta”. Algunos, de forma deshonesta y deshonrada, siguen condenando a nuestros hermanos cubanos por violación derechos humanos. Sólo con mucha malicia y calumnia se pueden defender acusaciones de este tipo. Parafraseando a un autor vinculado al estudio de la salud cubana, el combate se produce no sólo en el ámbito de la ciencia, de la economía y de la política, si no también en el de la conciencia.

 

FUENTES:

http://www.cubadebate.cu/especiales/2020/04/15/gracias-cuba-basta-de-embargo/#.XqYv7mgzbIV

http://www.cubadebate.cu/noticias/2020/04/26/agradece-sudafrica-colaboracion-medica-de-cuba-frente-a-covid-19/#.XqY5sWgzbIU

Ramonet, Ignacio (2006). Cien Horas con Fidel. En La Habana, Cuba.

 

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