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Lo máximo de la impostura: Ahora AMIA le solicita a DAIA que deje de lado la denuncia por el memorándum con Irán

He decidido hace un tiempo ampliar una nota, desdoblada en tres partes, sobre el tema Amia, el cual considero la gran estafa al pueblo argentino.

Hace cuatro años, en Enero y Febrero de 2015, me animé a argumentar, en pleno bombardeo y hostigamiento mediático, sobre  la muerte de Nisman. Uno de esos artículos, trataba sobre el comportamiento del Fiscal en la causa AMIA y otro, sobre su ostentosa y lujuriosa vida privada.

Respecto al primero, no podía dejar de soslayar, el innegable carácter de operador político al servicio de Israel y la DAIA. Esto fue evidente. Jamás se apartó de la digitada línea demarcatoria que le indicaron sus verdaderos jefes: Acusar a Irán. Aun con argumentos insostenibles, que rozaban a veces lo estólido y delirante, estos lo habían dictaminado así, y sujeto a ese “mandato divino”, el Fiscal debía profundizar el libreto sin objeción, incluso por supuesto a costa de entorpecer otras pesquisas. Nada que se alejara o desviara del objetivo trazado desde el minuto cero le estaba permitido.

Esto, con el paso del tiempo se convirtió en sustancia vital, esencial en su cotidianidad y profesión. Es que no solo recibía una cuantiosa suma de dinero del Estado argentino, sino que entre las sombras, y tal cual revelaron sus cuentas en el exterior, las misteriosas dádivas en dólares se hicieron cada vez más onerosas. Indudablemente la Industria Amia cubría todas sus expectativas. Por eso la desesperación en las últimas semanas, cuando los fuertes rumores indicaban su apartamiento de la misma. Ya a esa altura, con su reputación muy cuestionada, sumado a su concupiscente accionar vox populi, el destino se le hacía inexorable, irrevocable.

Asediado, debía urdir una maniobra distractiva con el objeto de apartar la atención sobre su parcial y deplorable desempeño. La prensa hegemónica, como siempre, se encargaría de provocar la conmoción necesaria y el cotillón indispensable para animar el circo. Y así fue que sus altisonantes declaraciones se pontenciaron con una estridencia portentosa. Las “significativas e irrefutables pruebas” sobre el encubrimiento del caso por parte del gobierno y los acuerdos “secretos” con el país persa, que involucraba especialmente a la presidenta Cristina Kirchner y el canciller Héctor Timerman ensordeció todo el espacio nacional con maniática obsesión, tanto que parecía un virtual “Jaque mate” a la Casa Rosada. Sin embargo en otros ambientes más especializados, la realidad marcaría otra cosa. Aquellas declaraciones, si bien en el seno de la opinión pública, no perderían borboteo, en el espectro judicial, se empezaron a desvanecer como pompas de jabón. A punto tal, que antes de presentarlas al Cogreso Nacional, casi todos sus argumentos fueron desestimados por varios de sus colegas. Esto Nisman lo sabía bien. Y algo le comenzó a hacer demasiado ruido….Percibía, advertía que una requisitoria en público pondría en evidencia las horribles vulgaridades de su denuncia. Y lo dejaría en un incertidumbre extrema. Esto, sumado a las peleas con su ex esposa, la jueza Arroyo Salgado y al endeble vínculo con sus hijas, su futuro se complicaba minuto a minuto.

Apenas la fiscal Viviana Fein anunció, luego de una escrupulosa, esmerada y aprensiva investigación en Puerto Madero, que el fallecimiento de Nisman, fue provocado por un suicidio ( el asunto sobre si fue inducido o no, quedará en el terreno de las especulaciones) se terminaron de cerrar las teorías de varios interesados en el tema. Yo particularmente, tras manifestarme firmemente sobre eso, recibí algunas críticas, incluso de personas allegadas y con cierta estima, pero que jamás se tomaron el trabajo intelectual de investigar al menos unas horas, el escabroso asunto AMIA. Recuerdo la Argentina de aquel momento. Las primeras tres o cuatro semanas fueron turbulentas, frenéticas, a pura exageración, desorden y delirio. El amplio arco mediático y político opositor, afirmaba sin ambages y casi con un furor surrealista, lo del asesinato. El rédito político a esa suposición era por demás fabulosa. En un año cien por cien electoral, eso debía ser aprovechado de forma colosal. La opinión pública ardía, y como muchos saben, la opinión de las mayorías en determinados casos, no es más que una construcción mediática. Esto lo afirma el propio Walter Lippmann, considerado padre del periodismo de EEUU. Alguien que no goza en absoluto de mi simpatía, sino lo contrario. No solo por sus labores como Secretario de Guerra del presidente Woodrow Wilson, en la primer conflagración mundial de 1914 al 18, sino por su colaboración en la redacción de los 14 puntos Wilson antes del armisticio de Compiègne. Eso sin contar que además fue el brazo comunicacional del infame CFR Norteamericano (Council on Foreign Relations) , un verdadero gobierno entre las sombras, financiado por fundaciones como Carnegie o Rockefellers . De todas maneras, debo reconocer que su libro “Public Opinion”, de 1922, enunciaba verdades irreductibles en eso de influenciar o inflamar a las masas.

Indudablemente, y parafraseando a Giovanni Sartori, vivimos en la sociedad del “homo videns”.

Una masa teledirigida, permeable, incapaz de reflexionar de manera crítica, analítica. Ni siquiera lo racional e infalible alcanza cuando el alto tribunal inquisitorio se expide: Los mass media. Y a pesar que la lógica indique lo contrario, al ciudadano común se le complica enfrentar esa “verdad revelada” por la prensa, o lo que es peor, enfrentarse al influjo de un amplio grupo. A juicio de los teóricos psicososiales, acomete con vigor el miedo, el resquemor. Se atribuye una especie de auto silenciamiento, el famoso principio catagelobófico, que es el terror al ridículo o simplemente a ser humillado por la fuerza de las mayorías…Esto explica porque somos proclives a formar comunidades gregarias. Y permítanme ese ejemplo para vincularlo al caso AMIA-Nisman o Nisman-AMIA. Sin dudas bastante pertinente.

Lo cierto es que hasta hace unos días, el asunto cerraba cada vez menos. La “sincronía perfecta” daba paso a más y más dudas hasta que las cosas desbarrancaron, tomando un giro inesperado. Todo comenzó hace unas semanas, cuando Mario Cimadevilla, ex titular de la Unidad Especial AMIA, relativizó la línea de investigación que involucra a funcionarios iraníes.: “La pista iraní es débil. Importa más que se mantenga la sospecha sobre Irán que la verdad” – manifestó en forma contundente. Luego la decisión de la ex esposa, la Jueza Arroyo Salgado de apartarse de su propia denuncia fue otro golpe. Y acaso como efecto dominó, la semana pasada quizá lo más tumultuoso: el escrito por el titular de la AMIA, Agustín Zbar, solicitando a la DAIA que no se siga adelante contra Cristina Kirchner por el memorándum con Irán. “No me animo a decir que el memorándum era un pacto de impunidad con Irán”- llegó a sentenciar el presidente de la mutual judía. A eso se le sumó Laura Ginsberg, una de las referentes de Asociación Por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA) y familiar de las víctimas: “La bomba en la AMIA fue una operación controlada por la SIDE misma, no por la inteligencia iraní”- manifestó a Diario Perfil.

Desde la semana pasada, todo se ha convertido en una verdadera pesadilla por los que se inclinaban a la teoría diametralmente opuesta. Incluso para gran parte de la prensa mercenaria que padecemos a diario. Hasta hace unos meses, a los “Nismanianos”, el asunto cerraba a la perfección: Como Irán es responsable, Nisman es quien investiga por años cada uno de los detalles con la “honestidad propia de un gran patriota”; la presentación realizada cuatro días antes de aparecer muerto en su departamento, donde denunciaba a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y al canciller Héctor Timerman por encubrir a los iraníes de ser los autores ideológicos encajaba perfecto en esa lógica y por último, apelando al carácter transitivo de la cuestión, Cristina ordena matar al fiscal! Este razonamiento tan básico, sin dudas que al propio Arthur Conan Doyle, creador del inolvidable detective, Sherlock Holmes, le arrancaría una gran carcajada…

Pensar que los hechos discreparían con tal elocuencia y se enfrentaría a tamañas contradicciones, que el tiempo, único y alto tribunal, tarde o temprano, ubicaría las cosas en su lugar. Vamos al inicio…

Aquel lejano 18 de julio de 1994, el gobierno y el Poder Judicial argentino, a pocas horas de siniestro, detentaron una conducta execrable. De forma apresurada, acusaron sin dilación ni pesquisas previas, a un determinado grupo de personas. Tamaña arbitrariedad, inmoral y artificiosa, lamentablemente decretó desde el minuto cero, el hundimiento de la causa. Cualquier búsqueda o indagación seria, acabó desmantelada por completo. Tanto fue así, que el móvil, origen o las motivaciones íntimas que provocaron el atentado, terminaron sepultadas por siempre bajo los escombros esa misma tarde. Estólidamente, desde el inicio, acusaron sin la más leve huella a diplomáticos, políticos e incluso hombres de negocios de la República Islámica de Irán. Violaron así, derechos, garantías y la propia jurisprudencia internacional.

Los artífices de este complot fueron varios. En primer lugar el Gobierno Nacional encabezado por el Dr Carlos Saul Menen, el Ministro del Interior Carlos Corach, el Jefe de Inteligencia del Estado Miguel Angel Toma, el Canciller Guido di Tella, y por supuesto el Juez Galeano y los fiscales Alberto Nisman, Emanuel Mullen y José Barbaccia. Pegado a ellos, y comandando la inteligencia del caso, los servicios de espionaje de EEUU e Israel. Por último, como actores necesarios, grupos opositores al entonces Gobierno de Irán. Como la Organización de los Muyahidin Khalgl ( MKO) conocida luego como Consejo Nacional de Resistencia ( NCR) cuya dirección estaba a cargo el líder del MKO. Esta camarilla aportó como testigos a Mannochehr Motamer, Mannochehr Ganji ( ex ministro de educación en la era del Sha de Persia, Mohammad Reza Pahleví cuyo derrocamiento se produjo en Enero de 1979 con la Revolución Islámica del Ayatollah Ruhollah Musaví Jomeini) y Abolghasem Mesbahi. Insisto en lo curioso, lo peculiar del asunto… horas después- como sucedería con las Torres Gemelas- EEUU, Israel y en este caso la justicia Argentina, lo tenían casi todo resuelto. Llamativo también, que a cinco días del siniestro , el Juez Galeano en vez de presentarse en el lugar, viajase secretamente a Caracas, Venezuela, en el avión Tango 01. ¿El motivo? Tomar declaración a un ciudadano Iraní que aducía conocerlo todo. Su nombre quedará inscripto en los anales de las más célebres infamias: Manoochehr Motamer. Este sujeto acusó sin pruebas ni fundamentos a Parvaresh, Alameh Falsafi, Zarabi khorasani y Mahvash Mosef. Lo asombroso fue que al cotejar las fechas, en relación a su estadía en Argentina, ninguna coincidía con el día, mes y ni siquiera el año de los hechos. Parvaresh, en aquel momento diputado del parlamento de Educación, había viajado a la Argentina invitado por el Ministro de Educación Rodriguez. Eso entre el 3 al 6 de diciembre de 1993; o sea siete meses antes !!. Respecto al segundo Alameh Falsafi, se desempeñó como diplomático de la Embajada de Irán en Bs As de Junio de 1989 a finales de agosto de 1992. Tampoco volvió a contar con Argentina. El tercero Zarabi Krorasani trabajó desde septiembre de 1987 a marzo de 1990 y luego se dirigió en Misión Diplomática a la India!!! El último de la primer tanda de señalados , Mahvash Monsef trabajó de Abril de 1988 a Diciembre de ese mismo año y luego nada. O sea, ninguna relación con Julio de 1994. No obstante eso, el juez Galeano y el entonces recién ascendido Fiscal Nisman, manifiestan tener el tema resuelto. Los años indicarían lo contrario.

Porque más allá de lo inverosímil de los argumentos, al cabo de un buen tiempo, el propio Motamer manifestó en realidad, que lo indujeron a mentir. ¿El motivo? Presión de ciertos países y su interés en obtener la visa de EEUU con el objeto de radicarse en Los Angeles. Esto desbarataba la primer gran impostura, pero no sería la última ni por asomo. Porque cuando todo indicaba que la causa iba a tomar otro cariz o senda, contra todo pronóstico, la línea investigativa no cambió ni un ápice. O sea, continuaron inculpando a Irán de cualquier manera, ya con otros personajes que entrarían es escena y nuevos“testigos”. Una “fresca” estrategia en puerta…

( CONTINUARA LA PRÓXIMA SEMANA)

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