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Los números de Cambiemos

El 73% de los argentinos considera que la situación del país es peor con respecto al anterior año. El 51% cree que la cosa empeorará dentro de un año. El 69% ve que su situación personal empeoró con respecto al 2017. Más de la mitad de los encuestados considera que es la cuestión económica la que afecta al país: el 40,1% apunta a la inflación y el 18,8% al desempleo. Los datos fueron brindados por la consultora Synopsis.

Según la lógica de Javier Iguacel (para quien los que se quejaban del intento de cobrar un retroactivo en cuotas para las empresas gasíferas eran kirchneristas), 3 de cada 4 argentinos estarían afiliados a La Cámpora, serían afición de Fito Paez o tiracables de Victor Hugo Morales. Para Cambiemos, la sociedad argentina es un rebaño de estúpidos, una gilada, en la que 4 o 5 jóvenes insurrectos difunden infamias para arrearlos contra el gobierno nacional. Cuando esto sucede, Macri y sus secuaces apuntan con el dedo y critican por no “hacer el esfuerzo necesario” o por no percatarse “de la forma en la que el país se está preparando para finalmente crecer”, aunque ya estemos en el sexto semestre y la retranca continua.

Todo esto, para sorpresa de Cambiemos y de los dueños de Papel Prensa, desemboca en la caída de la imagen positiva y crecimiento de la negativa del gobierno. Si eliminamos las explicaciones del gobierno nacional, la de la oposición demagoga oportunista o la de los argentinos que no se quieren sacrificar, quedaría dirimir si la recesión y la consecuente pauperización de las condiciones de vida de los argentinos se origina en factores externos o ajenos a Cambiemos o en su mismo seno.

Por ejemplo, la utilización de la capacidad instalada de la industria cayó al 63%, el peor registro desde el 2002. las causas fueron la devaluación (permitida e incentivada por Caputo en su breve pero rentable estadía en el BCRA), el aumento de los servicios, la apertura de las importaciones, entre otras; todas decisiones orgullosamente aplicadas por Cambiemos. El cierre de fábricas o la disminución de su funcionamiento tiene como obvia consecuencia los despidos y suspensiones.

Los tamberos del país se topan con la quiebra porque Macri decidió dejar en las manos de las empresas concentradas la fijación del precio a pagar por litro de leche. Lo que demuestra que cuando el Estado no interviene, en realidad interviene en favor de una parte. Nuevamente la consecuencia ulterior es la pérdida de puestos de trabajo.

Imagine el lector que hasta el sector financiero, fracción que lleva la batuta en Cambiemos, tiende a caer. Más allá de las exorbitantes ganancias gracias a la especulación financiera en donde la tasa de interés del Leliq ya llega al 74%, cada vez menos argentinos piden préstamos y cada vez más se vuelven morosos para pagar. Quizás los sociólogos que rodean a Mauricio dirán que es porque los argentinos no saben ahorrar o porque pagan Netflix cuando no tienen donde caerse muertos. O quizás con los factores antes mencionados. En los últimos cuatro meses desaparecieron 97.400 puestos de trabajo, la informalidad laboral trepó al 34,3% y el desempleo llegó a 9,6%, el peor registro en 12 años. Eso sumado al derrumbe del consumo y a una inflación interanual en septiembre del 35% da como resultante el desplome del poder adquisitivo.

 

 

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