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Lula, a la espera del 4 de abril

-¿El departamento es suyo?
– No.
– ¿Seguro?
– Seguro.
– ¿Entonces no es suyo?
– No.
– ¿Ni un poquito?
– No.
– ¿O sea que usted niega que sea suyo?
– Lo niego.
– ¿Y cuándo lo compró?
– Nunca.
– ¿Y cuánto le costó?
– Nada.
– ¿Y desde cuándo lo tiene?
– Desde nunca.
– ¿O sea que no es suyo?
– No.
– ¿Está seguro?
– Lo estoy.
– Y, dígame: ¿por qué eligió ese departamento y no otro?
– No lo elegí.
– ¿Lo eligió su mujer?
– No.
– ¿Quién lo eligió?
– Nadie.
– ¿Y entonces por qué lo compró?
– No lo compré.
– Se lo regalaron…
– No.
– ¿Y cómo lo consiguió?
– No es mío.
– ¿Niega que sea suyo?
– Ya se lo dije.
– Responda la pregunta.
– Ya la respondí.
– ¿Lo niega?
– Lo niego.
– O sea que no es suyo…
– No.
(…)
– Señor juez, ¿usted tiene alguna prueba de que el departamento sea mío, que yo haya vivido ahí, que haya pasado ahí alguna noche, que mi familia se haya mudado; o tiene algún contrato, una firma mía, un recibo, una transferencia bancaria, algo?
– No, por eso le pregunto.
– Ya le respondí.

Aunque parezca ridículo, ese fragmento corresponde al interrogatorio del juez Moro a Lula, o contra Lula sería más atinado. El presunto delito de corrupción pasiva y lavado de dinero le valió la condena de 9 años y medio de prisión. Acusado de aceptar como soborno en la causa Lava Jato la remodelación de un departamento que no era suyo, ante la completa ausencia de pruebas como consta en el fragmento de la interrogación.

Pese a ser condenado, la jurisprudencia brasileña autoriza a ejecutar la sentencia recién cuando se agotan los recursos de segunda instancia. Antes no podrían encarcelarlo.

La primera apelación cayó en el Tribunal Regional Federal N°4 de Porto Alegre, donde no sólo ratificaron la sentencia sino que ¡aumentaron la pena!, una locura. De 9 años y medio a 12 años y un mes.

Si la sentencia quedara firme no sólo iría a prisión, quedaría inhabilitado para las elecciones presidenciales de octubre de este año, donde es claro favorito, y en las cuales competiría con el “Caputo” brasileño Meirelles. El verdadero objetivo de esta embestida ilegal queda revelado.

Ayer el TRF4 rechazó el “embargo de declaración” presentado por la defensa del ex-presidente (que consiste en un pedido de aclaración de la sentencia) por unanimidad, pero en simultáneo a este recurso, habían presentado un pedido de Habeas Corpus al Supremo Tribunal Federal para exigir el cumplimiento de la Constitución Nacional, para que el candidato con mayor representación en el pueblo brasileño permanezca en libertad hasta agotar todas las instancias posibles de apelación.

Decían los reformistas del 18 que “las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara.” Podríamos ampliarlo al poder judicial de cada Estado Latinoamericano.

En países semicoloniales, la dominación es realizada a través de la cultura impuesta (universidades y oligopolios mediáticos mediante) y garantizada, históricamente, mediante el poder judicial. En la cátedra universitaria fueron formados, y en los halagos, “prestigio” y favores de la cultura oficial y de la embajada norteamericana son alimentados. ¿Cuántos jueces pululan los “ágapes” de la embajada? ¿Cuántos son convidados, cual visitadores médicos, de viajes y cursos gratuitos alrededor del globo por fundaciones de dudoso patriotismo?

Quieren impedir que Lula sea el presidente del Brasil. Quieren garantizar que América Latina no busque autorrealizarse y que los Macri, Temer o Meirelles les sigan garantizando la enorme renta a de un puñado de mafiosos de paraísos visitar.

El 4 de abril el Supremo Tribunal Federal resolvería el pedido de Habeas Corpus, si no es admitido Lula podría ir preso, y la democracia del continente habría sufrido un nuevo golpe.

 

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