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Macri le reza a San Ictícola, pero Lagarde ¿le suelta la mano?

En plena campaña presidencial de 2015, los bancos, sedientos de dólares y especulación, guionaron la denominada ¡campaña bu!, para que los voceros de la dictadura mediática la encarnara contra Daniel Scioli. Y así la denuncia del recorte de jubilaciones, el ajuste en los salarios, los despidos, el endeudamiento, la vuelta al Fondo, quedaron como consignas de “los corruptos”.

El gobierno de Macri comenzó coherente. Como primera medida anunció que los argentinos podían comprar hasta 2 millones de dólares. El dólar ya estaba en $15 (con CFK había cerrado a $9). Las cerealeras colaboraron con 8000 millones de dolares y un conjunto de bancos extranjeros aportaron otros 5000 millones de dólares. Así arrancaba el “fin del cepo”.

A continuación se anunciaba el “sinceramiento” de las tarifas, mientras las paritarias cerraban por debajo de la inflación que se acrecentaba al calor de la devaluación constante. Reforma previsional, ajuste, despidos, quita de retenciones a las mineras, y altas tasas de interés, LEBAC’s mediante, eran un combo explosivo.

Ese combo implicaba una transferencia de recursos desde los bolsillos de los argentinos a las arcas de los bancos, mientras que el “fin del cepo” era para unos pocos que la guardaban en las guaridas fiscales (entre ellos, el mismísimo Macri conforme se denunció vía Panamá Papers).

En determinado momento, a los efectos de financiar la bicicleta financiera de las LEBAC’s, Macri realizó el gran anuncio: “decidí iniciar conversaciones con el FMI”. Y Lagarde se hizo presente, dueña de las recetas modernas, de un FMI “cambiado”. El mismo FMI que nos había condenado a la miseria durante los 90, luego de que los argentinos sacaban en helicóptero a De La Rúa, y con él el principio del fin del Fondo, volvía con Macri entre bombos y platillos.

Era el San Ictícola de la Mar. El Santo al que los feligreses rezaban para mejorar la pesca, sometió a toda una población a la escasés pecuaria. Y es que en realidad, aquél Santo era defensor de los peces, protector de los mismos. Un cura chanta le vendía el paquete a los creyentes que seguían sin poder pescar, pero le rezaban a San Ictícola. Ese cura y sus medios persuadían de lo contrario.

Ese Fondo que se presentaba como mejor versión que la última que conocimos los argentinos y del que nos liberó Néstor Kirchner, decía que quería sostener los beneficios sociales. Algunos cuantos argentinos rezaban al nuevo FMI. Pero ni una escuela, hospital o fuente de trabajo se creó con esos dólares. Es más, el 25 de junio de 2018, el FMI realizó su primer desembolso stand by por la suma de 15 mil millones de dólares. 90 días después, se había “fugado” el mismo monto. El negocio de las LEBAC’s era redondo, mientras millones de argentinos silenciados y silenciosos, se quedaban sin trabajo, no llegaban a fin de mes, no podían seguir yendo a las escuelas o no podían comprar los medicamentos.

San Ictícola de Lagarde (encarnado por Dujovne y Sandleris) anunciaban el sistema de bandas arreglado con el FMI. Es que el negocio de las ahora LELIQ’s (que solo pueden comprar los bancos), era redondo. Y lo sigue siendo. El dólar quedaba “controlado” en los $44. De $9 a $44, tasas de interés en LELIQ’s del 60% (hoy 75%) y los préstamos UVA que endeudaron a millones de argentinos expresaban la argentina de la que alguna vez fue víctima Bonifatti.

Según el Observatorio de la Deuda Externa (ODE), desde el 11 de diciembre de 2015, de la Argentina de Macri se fueron unos 133 mil millones de dólares. Ese es el resultado del gobierno de Macri. Aunque muy difícil de imaginar esa cifra, los argentinos lo sintieron en el bolsillo, en la inflación y en la falta de trabajo, que nos hambrearon durante estos años de gobierno de un presidente que hace rato perdió su legitimidad de ejercicio.

En el post elecciones PASO donde la fórmula Fernández-Fernández arrasó en las urnas, los bancos, avisorando que su títere marcha rectamente a abandonar la Casa Rosada, llevaron adelante una corrida y Macri aprovechó para sembrar el terror e intentar por ese medio dar vuelta una historia que ya está sentenciada. Con un dólar a casi $60, el FMI arribó nuevamente este fin de semana a nuestro país para un análisis de la situación.

“El equipo se reunirá con las autoridades argentinas para analizar los recientes acontecimientos económicos y financieros y los planes de políticas del gobierno”, indicó el FMI a través de un comunicado. Es que este año (con una inflación proyectada del 50%), el gobierno no llegará a cumplir con las metas de déficit e inflación que había pautado con el organismo.

Como eso ya es un hecho, y como se espera un “urnazo” el 27 de octubre por parte de los argentinos que votarían por la fórmula FF, el equipo económico del FMI se reunirá con asesores económicos de los principales candidatos presidenciales. Se prevén encuentros con Guillermo Nielsen y Cecilia Todesca, ambos referentes económicos de Alberto Fernández.

Los medios de comunicación (fundamental pieza de la victoria de Macri en 2015), ya le sueltan la mano al presidente. Lo propio evidentemente hace el FMI. Afortunadamente eso mismo ya hizo el pueblo argentino antes que el oportunismo lo dictara. Macri tenía fecha de vencimiento desde antes de asumir en 2015. El pasado 11 de agosto las urnas se lo recordaron. Falta poco para que Macri se vaya. Y sea como sea, pero con todos, a nuestro país le vienen mejores tiempos.

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