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Massa y el frente nacional antimacrista

Alternativa Federal. Tras la aplastante victoria de Schiaretti en Córdoba, algunos sectores del peronismo se ilusionaron vanamente con la posibilidad de que el triunfador contribuyera a la unidad y a la conformación de un frente para derrotar al macrismo. Contrariamente a tal expectativa, el gobernador cordobés hizo dos cosas:

1) Correr a juntarse con Macri y sacarse una foto juntos. En una actitud con pocos precedentes, el vencedor va sin demora al cuartel del vencido a pedir condiciones para la paz. Aunque digan “ni Macri ni CFK”, hasta el más simple observador de la política entiende que la posición de Schiaretti es colaborar con Macri impidiendo la victoria del frente encabezado por la fórmula Fernández-Fernández.

2) Organizar una reunión con los otros integrantes de Alternativa Federal: Pichetto, Urtubey y Massa. El resultado fue confirmar que AF se inscribirá como alianza y celebrará PASO para elegir a su candidato presidencial. Lo que equivale a cerrar el paso a Roberto Lavagna y sus aliados progresistas no peronistas, y al mismo tiempo, retener momentáneamente a Massa. El sentido de la maniobra fue claro: detonar el posible frente patriótico con el Partido Justicialista y Unidad Ciudadana, o sea, la fórmula Fernández-Fernández, tratando de impedir la alianza del massismo con resto del peronismo que apoya dicha fórmula. Además de fragmentar el voto antimacrista, por supuesto.

Recuérdese que los “ganadores” de las elecciones cordobesas, además del gobernador, fueron Urtubey y Pichetto, quienes corrieron también con demasiada prisa a la Casa Rosada a la que acababan de derrotar para pactar con Mauricio Macri la detonación del frente que ganaría sin ningún tipo de problemas en segunda vuelta. Si hoy todavía Cambiemos puede ganar en octubre y entregar la soberanía nacional cuatro años más, la responsabilidad política recae con toda claridad en los autores “peronistas” de ese nuevo contubernio.

Evidentemente ninguno de los tres precandidatos de AF (Pichetto, Urtubey y aun formalmente Massa) compite para ganar. Todos parecen guiados por el objetivo de preservar su poder provincial, municipal bonaerense y parlamentario. En suma, nadie quiere seriamente derrotar al macrismo. Todo indica que prefieren presenciar la derrota de Alberto Fernández y esperar una lenta desintegración del kirchnerismo, o su reducción a fenómeno electoral en el conurbano y a una corriente progresista en las clases medias de los grandes centros urbanos.

Este enfoque parece una reiteración del erradísimo pronóstico de los sectores anticristinistas tras la derrota del 2015 que auguraban la desaparición del poder político de la ex jefa de Estado y su caudal electoral. Pero tal pronóstico se hizo con un macrismo vencedor y sin experiencia de gobierno. Tras tres años y medio casi de gobierno de Macri y sus aliados radicales, el resultado es que quienes realizaron tales pronósticos no tienen ni siquiera la más mínima posibilidad de enfrentar a la Casa Rosada y, en cambio, la alianza orientada por Cristina encabeza todas las encuestas para ganar las elecciones generales de octubre, aunque no asegure por el momento el triunfo en primera vuelta.

Por lo tanto, en vez de acordar con Alberto Fernández y Cristina y ganar la presidencia para el peronismo, prefieren arreglar con Macri y dejarlo con vida para que pierda el peronismo.

Consenso 19. La semana próxima Lavagna presentará su local de campaña ubicado en el centro porteño. La inauguración será un acto político que significa que el ex ministro kirchnerista será el candidato presidencial del frente que reune a sectores del peronismo, el socialismo, el radicalismo y el GEN. Según LA NACIÓN “…[Sergio Massa] presionado por intendentes y referntes bonaerenses…podría quedar envuelto en las PASO con el kirchnerismo y dejaría vacante parte de su electorado independiente. La alianza Alternativa Federal se desaticularía y Lavagna podría demostrar el motivo por el cual no quería las primarias. Podría así procurar un acuerdo con Urtubey y Pichetto y convertirse en el andidato mejor posicionado del ‘espacio del medio’ “.

Frente Renovador. Sergio Massa fue proclamado precandidato presidencia por su agrupación en el congreso de la misma, que a la vez le otorgó facultades para celebrar alianzas electorales con una condición fundamental para la defensa del interés nacional: “derrotar al macrismo”. Por lo tanto, Massa continua las negociaciones con el peronismo y el kircherismo, fuertemente avalado por los intendentes y la militancia del Frente Renovador que desean ganar en sus municipios bonaerenses y conservar e incluso aumentar la representación parlamentaria. Incluso, no dan por terminadas las posibilidades de llegar a un acuerdo para competir junto al peronismo cristinista contra María Eugenia Vidal en la PBA.

Massa sabe que no puede ser presidente en 2019. Pero tampoco tiene mucho para ganar junto a sus ¿ex? aliados de Alternativa Federal. Lo único que garantiza sus objetivos de liderar un bloque parlamentario, retener poder provincial bonaerense, aumentar su caudal electoral e incluso formar parte de un eventual gobierno peronista, es la alianza con el Partido Justicialista, Cristina y Alberto Fernández, en el marco de un gran frente patriótico que gane en octubre. En cambio, el contubernio con Macri lo dejaría como perdedor, con pocos votos y menos legisladores e intendentes. Sin embargo, el exclusivismo K de la fórmula bonaerense Kicillof-Magario no parece que de lugar a la alianza ganadora con el massismo.

No obstante las especulaciones, hay una realidad social, profundamente impactante en lo electoral. Los sectores del empresariado medio y pequeño, así como los pequeños agricultores y demás sectores populares y de clase media que conforman el Frente Renovador no pueden desconocer la necesidad imperiosa de concluir con la política económica macrista, que conduce directamente a la quiebra empresaria.

En definitiva, no parecen haber obstáculos imposibles de salvar para realizar un frente electoral entre el peronismo cristinista, los gobernadores peronistas y el massismo, además de los sectores progresistas no peronistas que adhieren al kirchnerismo. Más allá de las presiones de la Embajada y el mundo que compone las extensas y prolongadas relaciones de Massa con EE.UU, descontando, la nada desdeñable campaña de ataques mediáticos en contra del tigrense por su diálogo con sectores K.

Sin embargo, posibilidad de que la ciudadanía cuente con una expresión electoral más o menos unificada con eje en el peronismo y con fuerza para ganar las elecciones y terminar con la era del macrismo vendepatria, confiere un neto carácter nacional a la misma. Ya que, más allá de la heterogeneidad y las contradicciones políticas y sociales de tal frente, si le gana a Macri, el objetivo principal está cumplido. Lo demás lo dirá la Historia y el pueblo argentino./

Dr. Gabriel Delgado
Abogado y profesor.
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