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¿Moneda común para qué?

Los anuncios de Macri y Bolsonaro generan la sorpresa que dura un suspiro. Un día después del anuncio del “peso real”, la propuesta fue rechazada por el Banco Central brasilero.

El proyecto de moneda común nunca salió de los sueños del macrismo y sus amigos en Brasil. Los adictos a los oficialismos (funcionarios y medios por igual) anticipaban el inicio de una nueva era para el Mercosur. Un mercado inmenso abierto al comercio global y las inversiones. Sólo faltaba decir que si ganaba Macri, en un par de años reeditabamos la Unión Europea (pero en el Sur).

La verdad es que el anuncio nunca se cimentó en una realidad concreta. Bolsonaro con el anuncio intenta posicionarse internacionalmente (como lo ha hecho desde un principio) como el indiscutible líder de los estados latinoamericanos amigos de Washington. Macri en plena decadencia por su lado, hoy en día se aferra a todo aquel que se saque una foto con él.

El sistema financiero que opera en Brasil conoce perfectamente el estado de la deuda nacional (en cuatro años la deuda aumentó pasó del 43 al 97% del PBI) y la fragilidad de Cambiemos (ver cualquier encuesta). Este mismo sector se ve representado en el gobierno en la figura de Guedes y compañía. He allí la razón del entuerto.

Cabe ahora preguntarse por la utopía, si acaso una moneda común solucionaría nuestros problemas.

La respuesta es la misma si nos preguntamos sobre los efectos de un sistema de transporte de mercancías unificado o una banca común. Una moneda (tanto para el comercio interestatal y como el uso corriente) es una herramienta de soberanía y desarrollo. Integra profundamente lo mercados, atando sus destinos.

Actualmente en la discusión prima el criterio liberal, donde ambos estados entregarían su política monetaria y de crédito en pos de una tranquilidad económica (o más bien una paz cambiaria). Un Banco Central independiente de los gobiernos, vale decir controlado por la banca privada.

La moneda común es un arma de doble filo, como lo son todas las grandes herramientas de los estados. Puede ser un mecanismo fenomenal de integración y desarrollo económico, como así puede convertirse en un nuevo mecanismo para la concentración y transferencia de la renta.

Con ejemplos se entiende mejor, supongamos que se implementa el peso real.

Dos gobiernos defensores del desarrollo nacional podrían usar esta moneda para desterrar al dólar de todo intercambio, cambiar el sistema de reservas o simplemente financiarse mutuamente complementando sus potencialidades. Dos gobiernos dirigidos por el sistema financiero internacional, pueden usarla para garantizar que se pueda mover fácilmente el capital originado de la renta nacional y especular con él. Si hoy existiera el peso real, las Leliq estarían en español y portugués.

Sin embargo a la hora de decidir, no podemos negarnos ante el peligro. Sí, en la historia de los latinoamericanos hemos visto una y mil veces como como las mejores herramientas de progreso han sido puestas al servicio de la oligarquía adicta al extranjero. Desde la entrega de los ferrocarriles al vaciamiento de las empresas estatales de servicios públicos. Sin embargo cuando las mayorías postergadas llevan a sus mejores representantes al gobierno, las herramientas son usadas de forma revolucionaria. Al BCRA creado originalmente al servicio del capital inglés, se le pudo dar un carácter nacional y ser usado para financiar nuestra industria.

Sí, hoy gobiernan los Bolsonaro y los Macri, pero pero no son eternos. Quién dice que a la vuelta de la página, todo lo que usan para multiplicar la miseria, mañana podamos usarlo para repartir justicia.

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