Home   /   Editorial  /   El nieto 129, nueva conquista para develar el dilema argentino
El nieto 129, nueva conquista para develar el dilema argentino

Resultado de imagen para nieto 129

El 24 de marzo de 1976 marcó a fuego a los argentinos desde cualquier perspectiva, al punto tal que aún hoy padecemos las consecuencias de ese modelo económico destructivo, de la censura, la represión y las desapariciones de quienes, de alguna u otra manera, ponían en tela de juicio a un sistema infiltrado por intereses extranjeros. Hace horas fue identificado por Abuelas de Plaza de Mayo el nieto n° 129, extirpado durante esos años. Es motivo de estas palabras y de una gran alegría.

La muerte del General Perón, el derrocamiento de María Estela Martínez y la toma del poder de facto por parte del gobierno cívico-militar, dieron fin a un periodo iniciado a fines de la década del 30, caracterizado por el proceso de sustitución de importaciones, del cual los trabajadores habían pasado a ser la columna vertebral. Lo anterior trajo consigo el impulso de ideas de carácter nacional, que atravesaron la política y la cultura argentina, primordialmente a partir de los primeros gobiernos peronistas y de su derrocamiento en 1955.

A partir del fatídico 1976, el poder militar fue la herramienta utilizada para garantizar un plan económico que encabezaba José Alfredo Martínez de Hoz. Ya no se daría valor al capital por medio del trabajo sino a través de los mecanismos especulativos e improductivos de las finanzas. Los Estados latinoamericanos, en primera instancia, fueron el blanco que el sistema financiero internacional eligió para sacar rédito, a través del otorgamiento de préstamos usurarios. Su aliado interno principal fue la oligarquía diversificada, que por medio del crédito externo avalado por la conducción del Estado y las altas tasas de interés locales, incrementó sus ganancias sideralmente para luego transferirlas al exterior (como al día de hoy). El país, como nunca en el pasado reciente, se endeudaba no en situación de déficit, sino de superávit.

Resultado de imagen para martinez de hoz

En 1982 aquellas obligaciones privadas se estatizaron, dando como ganadores al sistema financiero internacional y a la antedicha oligarquía, en detrimento de los argentinos de a pie. La deuda argentina había crecido en un 260% al cabo de 7 años, de U$S 12.000 millones a U$S 43.000 millones, y se había vapuleado el entramado productivo e industrial del país.

A diferencia de hoy, la conciencia nacional que se había desarrollado era un obstáculo a la hora de legitimar socialmente éste saqueo con los medios de comunicación y la cátedra universitaria. La violencia se tornó una necesidad. No solo se hizo indispensable la represión a los órganos gremiales vinculados con el Estado peronista, sino la persecusión política y personal de los militantes. Luchaban como ahora, dos modelos de estado: el que defendía el capital en detrimento del trabajo y el diametralmente opuesto.

El estado tenía las armas, y la “justicia” mientras caían compañeros en la desaparición física y política. Hemos recuperado, entonces, una muestra viva de ese enfrentamiento. Un nieto de esa década.

Las consecuencias del mecanismo, primigeniamente legitimado por la violencia física y el atormento ideológico, se vieron continuadas de otras maneras a lo largo de los 80 y 90, para llegar al punto de mayor algidez en diciembre del 2001: un 49% de pobres, más del 19% de desocupados, niveles de miseria y hambre como pocas veces se vio en el pasado reciente.

Sin embargo. y tras un breve respiro de 12 años con recuperación de memoria y trabajo (indisociables, en estos casos), los civiles de Videla vuelven a cargar sus armas contra los mismos y con un similar objetivo.

Identificar a otro nieto apropiado por la dictadura, es recuperar otra hebra más de la raíz histórica e insurrecta de los argentinos. Especialmente en los tiempos que corren, donde se reeditan políticas económicas del pasado y la persecución política macrista golpea a numerosas organizaciones que lo cuestionan.

No sólo tiene gran importancia en términos humanos, sino que es una más de las tantas ausencias que pretendemos recuperar. Es llenar espacios vacíos de una historia que nos permitirá comprender mejor nuestro presente y pensar mejor nuestro futuro, para ir por el próximo nieto sin perder de vista a los tantos millones de compatriotas que hoy corren el riesgo de morir de hambre por otro plan de saqueo, parecido al setentista.

Notas Relacionadas