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Pandemia. El capitán, el consentimiento y una esperanza

“Preparémonos para asumir nuestras responsabilidades, y tengamos presente que, si el Imperio británico dura mil años más, la gente seguirá diciendo: ‘Esa fue su hora de gloria’”.
Discurso de Winston Churchill exhortando a los británicos a luchar contra Alemania después de la caída de Francia.

 

La frase que traemos a colación antecede el periodo de incesantes bombardeos sufrido por los habitantes del Reino Unido durante la Batalla del Canal de la Mancha, de puertas cerradas y ciudades fantasma. Salvando toda diferencia, si extrapoláramos la frase a nuestro país, y fuera Alberto Fernández quien la pronunciara, la significación literaria se mantendría: si nuestro país dura mil años más, la gente seguirá diciendo sobre nuestros días: “Esa fue su hora de gloria”. Y no se equivocaría.

La Argentina se encuentra hoy amenazada desde múltiples flancos. Por uno de ellos, el virósico “ejercito invisible” ha sitiado a las naciones del mundo, sin distinguir etnia o nivel de desarrollo, y retrata un parecido cuadro de reclusión al que aquella batalla retrató en las calles londinenses. Quizás es la amenaza más tenaz y más temida, pero no la única.

También otro ejército nos apuntala sin descanso y desde hace décadas. Aunque no invisible, se mantiene muy bien camuflado. Los paladines de las finanzas internacionales, de la mano de algunos aliados internos y hasta hace poco gobernantes, nos han dejado al filo de la banca rota y con varias cargas insostenibles.

El estratosférico nivel de endeudamiento externo legado por Cambiemos, pone en duda el éxito de un programa de contingencias de altísima calidad y gran aceptación, como es el llevado adelante por el gobierno de Alberto Fernández (94% de los argentinos está de acuerdo con las medidas tomadas ante la pandemia del coronavirus)[1].

Por su parte y según datos del INDEC, los niveles de Pobreza e Indigencia del segundo semestre del 2019 alcanzaron al 35,5% de los argentinos. El desempleo volvió a llegar a los dos dígitos delarruístas y durante todo el 2019, la actividad económica cayó un 2,2%, dejando una inflación del 53,8%.[2]

Para que no parezca tendencioso, proponemos al lector buscar los mismos números, pero de los tres años anteriores y notar por sí mismo la decadencia en que nos dejó un gobierno aliado y parte de los bancos y especuladores transnacionales. Salir de este gran embrollo en que nos han metido, con el agravante escénico de la pandemia mundial, efectivamente determinará nuestra gloria venidera como pueblo.

“Nuestra Patria enfrenta la pandemia de Covid-19 bajo el signo de la Supercrisis (1) de Cambiemos aún irresuelta, contexto que limita severamente los “grados de libertad” y las capacidades de respuesta ante los trastornos concurrentes.”[3]

Cambio de época, continuidad de políticas

La indecencia y la inoperancia, a nuestro juicio nada improvisadas, con que fue recientemente conducido el país, son características comprobables desde varías perspectivas. En lo que a la salud pública respecta, un clásico escrito hace 62 años, que evidencia que nada de esto es nuevo o desconocido, puede ser el botón de muestra:

“Aunque parezca increíble, hasta 1946 no existía en la República Argentina un organismo estatal encargado de velar por la salud de su población. Existía en cambio un Ministerio de Agricultura que tenía una dirección de Sanidad vegetal y animal. Interesaba más la salud de los animales porque estos tenían buen precio, en cambio un hombre no se cotizaba ni en ferias, ni en mercados. Esta era la Argentina que nosotros encontramos.

 (…) Una de las primeras medidas de nuestro gobierno en 1946, fue crear el Ministerio de la Salud Pública (…).”

“La fuerza es el derecho de las bestias”, Juan Perón, p. 49, 1958.

El Frente de Todos, victorioso en las últimas elecciones, se encontró el 10 de diciembre del 2019 (hace algo más de tres meses, por si no lo hemos notado) con un escenario casi idéntico al que encontró Perón en 1946, cuando su asunción. Recordemos entre otras cosas, que Macri había quitado el rango ministerial a Salud en el 2018, en un arrebato de liberalismo digno de la Década Infame.

No casualmente, en los mismos que abandonaba el poder entonces, encuentra raíz la fuerza antinacional que lo dejó hace algo más de 100 días. Sus características sólo han variado conforme al cambio en el patrón internacional de saqueo de las naciones inermes. Mutó la forma, pero se mantuvo intacto el fin.

Hace casi un siglo, los abuelos del macrismo firmaban el Estatuto Legal del Coloniaje o pacto Roca-Runciman con el usurero imperio inglés; sus nietos iniciaron hace solo meses la firma de otro con la Unión Europea, en condiciones de inferioridad y con el idéntico efecto de reprimarizar la economía nacional. Aquellos se rasgaron las vestiduras por mantener una relación comercial entreguista con la potencia en decadencia y en un mundo que, luego de la Gran Depresión, ponía coto al librecambismo; estos se abrieron obstinadamente a un mundo que se cerraba ante la guerra comercial China-EEUU y la gravosa concentración del capital. El saldo deficitario resultante, hoy nos mantiene al filo del default.

Aquellos, tal y como señaló Perón, tenían un Ministerio encargado de la salud del ganado que vendían, pero no uno que promoviera la buena salud de los argentinos; estos se atrevieron a dar de baja el Ministerio de Salud existente y a dedicar dos al saqueo: Hacienda y Finanzas. Aquellos tuvieron a un tal Federico Pinedo como ministro de Hacienda, promotor y cabal defensor del modelo infame de la década del ’30; estos tuvieron a su nieto, del mismo nombre, como Presidente Provisional del Senado y como Vicepresidente Segundo de Propuesta Republicana (PRO). Sus prioridades han sido claras.

En el marco de la pandemia por el Coronavirus, agravada por las condiciones que el gobierno de Macri nos ha dejado, a más de uno se le ha ocurrido preguntarse qué habría pasado si las elecciones hubieran resultado distintas, y Cambiemos continuara gobernando. Nosotros ni siquiera nos queremos poner en esa incómoda, y por suerte irreal situación, pero la eliminación del Ministerio de Salud nos da una que otra pista.

El capitán y el consentimiento

Hace algunos meses, después del cierre de campaña del Frente de Todos, desde esta revista compartíamos con emoción algunas opiniones sobre el futuro promisorio que nos esperaba. Sabíamos, igual que la mayoría de los argentinos, que desde hacía cuatro años eran menos compatriotas que sonreían, pero teníamos algo que nunca nos quitaron y que permitió que esas sonrisas no fueran del todo desdibujadas. Era la esperanza.[4]

Casi de inmediato llegó Alberto, y una Plaza de Mayo inmensa recibiéndolo era síntoma de que la cosa se ponía mejor. Los dos meses siguientes volvieron a pintar un rostro feliz en muchos argentinos trabajadores, que sabían que iba a costar poner a la Argentina de pie, pero el camino parecía ser el correcto. Volvían a sentirse parte.

Y en el medio de la discusión de las tarifas, la negociación de la deuda y el límite a la compra de dólares, aparece el virus. Nos encierra en la casa, nos pone barbijo y nos corta las piernas a tres meses del cambio de aire. El mundo se viene abajo con miles de muertos y un nivel de contagio que avanza a paso firme. Pero acá, en la Argentina pasa algo raro, que sorprende hasta a la Organización Mundial de la Salud.

Los argentinos, después de deuda, despidos, pobreza e inflación, obedecen las directrices con inusitado consentimiento. Esos orgullosos, soberbios y desordenados, obedecen. Ni nosotros, metidos en nuestras casas, entendemos bien lo que ocurre.

Aparece el capitán del equipo en la televisión y anuncia que la cuarentena se ha cumplido en un gigantesco 90%. Asegura que es reversible la caída de la economía, pero no la pérdida de vidas; que no es cuestión de que los empresarios pierdan, sino de que, en este momento de crisis, ganen menos. Inclusive, los que antes lo apodaban “albertítere”, hoy aseguran que se emancipó de la “ventrílocua satánica”. Hasta esos…

Con pandemia, con deuda, con fallecidos y en un mundo que se desmorona, la aprobación del pueblo al gobierno abraza el 79%, y la imagen positiva de quien lleva la cinta, el 94%.

Anoche aseveraba una abuela insospechada de peronismo que “está bien que el Presidente esté enojado y ‘rete’ a los que no cumplen la cuarentena”. El ahora más que nunca “Capitán Beto”, pasó de ser corrupto, candidato, presidente y marioneta, a convertirse el líder de un equipo que no parece estar tan agrietado, como tanto decían en la televisión. Algunos han llegado a darle inclusive un sentido paternal, y lo tratan con cariño, como él a ellos.

Las tribunas nacionales, apostadas en los balcones y terrazas de cada hogar, cantan el himno y aplauden a los titulares que están en la cancha. Médicos, policías, cajeros, basureros, y tantos más que no entran en un párrafo, se pasan la pelota. Los de abajo, los que están apretados y más vulnerables, se sienten tenidos en cuenta por un equipo bien liderado y que como puede, le da una mano para que no la pase tan mal. Y tal vez era eso lo que nos faltaba. Un buen líder. Un buen líder para la esperanza.


[1] https://www.perfil.com/noticias/politica/encuesta-imagen-positiva-alberto-fernandez-escala-en-medio-pandemia-coronavirus.phtml

[2] https://www.telam.com.ar/notas/202004/446940-indec-pobreza-2019.html

[3] https://www.baenegocios.com/columnistas/Respirar…-y-tambien-comer–20200322-0033.html

[4] https://rinacional.com.ar/sitio/la-esperanza-que-nos-mueve/

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