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El peor de los mundos posibles

Si la Policía no puede usar un arma, es el peor de los mundos”. Patricia Bullrich

La ministra debe ignorar con quién está debatiendo cuando pronuncia sus frases. Es demasiado sencilllo culpar al alcohol, es más preciso señalar su impericia para el debate filosófico y su eficacia para el uso de las armas en contra del pueblo.

Si la filosofía y la política económica alemana ha nutrido la historia política nacional (Hegel, Marx, luego Fitchte, List) nos ha regalado al autor con el que, sordamente, debate Bullrich. A ella le recomendamos lea estas breves líneas.

Gottfried Leibniz (1646-1716) era un filósofo (entre otras enorme cantidad de cosas) que aseguraba que vivíamos en “el mejor de los mundos posibles“. Tal afirmación podría ser una conclusión deísta del pensamiento Hegeliano, que indicaba que los fenómenos históricos son una serie inevitable de acontecimientos que se resuelven en una síntesis. En sus palabras: “nada se hace sin razón suficiente, es decir que nada sucede sin que le fuese imposible a quien conociera suficientemente las cosas (Dios), dar una razón que sea suficiente para determinar por qué es esto así y no de otra manera.”

Las cosas son como son, porque en el debate de las razones, subyacentes, triunfa lo que sucede realmente. Es lo mejor posible, no necesariamente ideal.

Cuando la ministra nos dice: “Si la Policía no puede usar un arma, es el peor de los mundos” no está debatiendo con el filósofo. Podría decir, por ejemplo, que el mundo tal y como es no es el mejor; que hay lucha de clases y grandes mayorías con hambre. Desde un punto de vista humanista eso no sería bueno. Ojalá hubiese querido expresar que el imperialismo y la extranjería dominante mantienen este mundo (malo) por su propia e individual conveniencia y en connivencia con la Alianza Cambiemos. Que en filosofía Leibniz está equivocado y en política la errada es ella. Pero no.

Simplemente hace uso de su discurso tipo Bolsonaro, más antiguo que él, basada en la aberrante inseguridad que existe, para defender un protocolo que busca asesinar a los presuntamente malvados ladrones o a los que protestan en la calle. Que, para ella, son una misma cosa.

Diderot, hablando del filósofo, dijo alguna vez: “Cuando uno compara sus talentos con los de Leibniz, uno tiene la tentación de tirar todos sus libros e ir a morir silenciosamente en la oscuridad de algún rincón olvidado”.

Ojalá la ministra lea estas líneas y compare sus talentos.

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