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¿Qué ocurrió electoralmente en Colombia este pasado 27 de Octubre de 2019?

Respuestas ante un momento político único y sin precedentes en la “Tierra de Colón”

Históricamente, la crítica a la política colombiana, hace que sea calificada con el título de “una de las democracias más antiguas y estables de América Latina…” ¿las causas para este “calificativo”? Las respuestas a este cuestionamiento pueden ser varias y tomadas desde múltiples miradas.

En una de ellas, es necesario realizar el análisis de sus pocos y escasos periodos de “Dictadura Militar”: de 1954 a 1957, Colombia vivió un breve pero intenso período de “Dictadura” bajo el mando del General Gustavo Rojas Pinilla, quien tomó el poder ante el vacío gubernamental del presidente Laureano Gómez, (cuya elección fue controversial al no contar con un contendor del partido contrario, el partido liberal, época en la que se vivía una masacre avasallante de sus seguidores desde el año de 1946 tras la segunda fase del llamado “periodo conservador”, y cuyo punto de violencia extrema se redefine el 9 de abril de 1948, cuando es ultimado en Bogotá el líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, durante la celebración de la IX Conferencia Panamericana y el consecuente nacimiento de la OEA en la capital colombiana).

Gómez, quien había salido electo presidente de Colombia en las elecciones presidenciales del año 1950, derogó el poder por problemas de salud en 1953, y a causa del desangre humano que vivía el país sobre todo en los campos y pueblos durante la violencia bipartidista (los partidos liberal y conservador, gobernaron Colombia por espacio de casi siglo y medio), fueron factores en los que un militar de alto rango en este gobierno, decide tomarse el poder. Las características y detalles de este periodo de la historia de Colombia, obedecen a otro tipo de referencia que no viene al caso. Sin embargo, es destacable que durante este periodo de tiempo, y casi que tardíamente ya, en comparación con el resto de América Latina, es reconocida la ciudadanía a las mujeres en 1957, lo que genera que la mujer colombiana acceda a derechos anteriormente negados durante el bipartidismo, y sobre todo se convierta en una fuerza electoral para la segunda mitaddel siglo XX.

Mientras los líderes de los “antagónicos y enemigos” partidos tradicionales (liberal y conservador) negocian la manera de acabar con la dictadura militar desde Europa, es menester en la actualidad volver la mirada a ese periodo, bautizado con ese término, siendo posible, gracias a las diversas herramientas de la interpretación de la Historia, que existen aspectos y características en las que este periodo no parece ser muy similar a procesos vividos en otros diferentes periodos de la historia latinoamericana: casos de Brasil, Chile o Argentina. Es decir, profundizar en lo que realmente ocurrió durante estos tres años para reforzar o derogar tal calificativo, ya que es el único espacio de tiempo, al menos durante el siglo XX en Colombia, que ha sido nombrado de esta manera, y comprender además si han podido existir otros con aparentes “caracteres democráticos” que en su accionar más se asemejan a gobiernos de “lobos disfrazados de oveja”.

Durante el espacio de tiempo que le sigue a este, con el título de “Frente Nacional” (1958- 1974, aproximadamente) y ante el éxito de la estrategia creada tras la reunión en Europa de los líderes de ambos partidos para sacar del poder a Rojas Pinilla y acordar tras un pacto por cada cuatro años, la alternancia única de estos dos partidos políticos, los niveles de violencia rural no parecen desaparecer, al contrario, se diversificaron y tomaron forma, ya que fue durante el frente nacional que surgen las cuatro guerrillas que han caracterizado la lucha armada en Colombia:  FARC,  EPL, ELN, y el M-19 (en la actualidad, solo el ELN, continua su accionar militar, mientras que las Farc y el M-19 entraron en proceso de paz con el gobierno, convirtiéndose ambos movimientos en partido político).

El fuerte problema de reparto de tierras en Colombia, ha sido la raíz principal del largo, álgido, doloroso y constante conflicto armado colombiano desde el siglo XIX, el cual, ha contado con diferentes actores de las más diversas características y dinámicas, generando uno de los más terribles fenómenos de desplazamiento forzado interno en el mundo, comparado quizás, con el vivido en la actualidad por Siria, de acuerdo al análisis que realiza el foto- periodista Jesús Abad Colorado, quien con su trabajo fotográfico “El testigo” ha logrado centrar el interés del ciudadano colombiano al ilustrar de manera gráfica las terribles entrañas de la guerra, poniendo en evidencia a la principal víctima del conflicto: la población civil colombiana, principalmente, afro e indígena.

El trabajo artístico y de denuncia social realizado por Abad, al igual que el de Doris Salcedo “Fragmentos” (obra artística realizada tras la entrega de armas y consecuente fundición de armas, productodel acuerdo de paz firmado con las Farc en el año 2016), han logrado desde Bogotá, que las nuevas generaciones de Colombianos, cansados de ser nietos e hijos de una generación desangrada por la guerra, han logrado darse cuenta con ayuda del arte, unido al acuerdo de paz logrado con las Farc, de una historia de violencia y maltrato sin fin, destinada por ciertos “ilustres mandatarios” a que no finalice nunca. Si, quizás fue eso: el cansancio de nuevos ciudadanos colombianos, nombrados con el término “Millenials”, quienes estuvieron detrás del sorpresivo fenómeno electoral del pasado 27 de Octubre en toda Colombia, cuando salieron a elegir a los nuevos alcaldes, gobernadores, concejales, ediles, etc…

Antes de analizar este fenómeno, el cual no terminan de entender, hablar, dialogar y discutir muchos colombianos desde esta semana (varios, de manera sorpresiva y optimista, otros, no tanto, y ante el tremendo giro y retos que le esperan a la política colombiana en los siguientes años) es necesario destacar que fue gracias a la Constitución Política del año 1991, que se dio vía libre a una Constitución Política menos centralizada y más abierta que su anterior (a Colombia la regía una constitución decimonónica que duró 105 años desde 1886). Esta carta magna contó por primera vez, con el aporte de una guerrilla urbana recién desmilitarizada: el M-19. Reconocida por sus acciones durante los años 70 y 80, y las terribles y dolorosas consecuencias de su mayor acción armada: la toma del Palacio de Justicia en Noviembre de 1985.

Es necesario tener presente este cambio en la política colombiana en el año de 1991, con el propósito de entender el ocurrido durante esta semana a casi 30 años de su aprobación, ya que los presentes cambios se dieron por las facultades que brindó esta misma carta magna. Colombia, a partir de ese año logra abrirse al mundo con el reconocimiento constitucional de una nación “multidiversa, fuertemente pluricultural”, al igual que abierta a la participación política hacia otras ideologías y opciones electorales.

El “semi- estado de carácter canónico” y “semi- feudal”, a manos de muchas de las grandes y tradicionales familias y apellidos (coloniales e independentistas), parecía comenzar a poseer otros matices, tras el fin de la guerra fría en los años noventa. Lo anterior, gracias a la activa participación de un grupo de jóvenes universitarios de Bogotá, quienes en el año 1990, dolidos y preocupados por la situación de caos social vivido (cabe mencionar el violento narco- estado en el que había convertido Pablo Escobar a Colombia, volviéndolo uno de los países más inseguros del mundo, y a los que más temían arribar extranjeros durante los años 80 y 90). La fuerza reaccionariadel Paramilitarismo ante el movimiento guerrillero, junto al fenómeno del narcotráfico, había logrado ganar grandes espacios en la política colombiana, adhiriéndose al interior del Estado.

“La séptima papeleta”, como fue nombrado el fenómeno en el que un grupo de jóvenes universitario juntaron su voz de rechazo ante esta situación frente a  la cual la constitución decimonónica no lograbaadaptarse a las nuevas circunstancias sociales que vivía el país, logró agregar un séptimo punto a las seis que inicialmente el gobierno pensaba someter a voto popular. Este “séptimo” punto, logró nada más y nada menos, que lograr de manera mayoritaria inclinar la balanza hacia un “si”: un cambio a la Constitución Política colombiana. Desde allí, el país se abrió ante un cambioque se reflejó de nuevo, 28 años después.

Precisamente, una de esas jóvenes universitarias integrantey activista de la Séptima Papeleta, fue escogida como la primera mujerelegida por voto popular a la Alcaldía de Bogotá: Claudia López. Es el segundo cargo más importante en Colombia, después del Presidente de la República. Su trabajo y activismo social, fueron reconocidos por la ciudadanía el pasado 27 de Octubre. Además del reconocimiento popular por su denuncia y trabajo ante los desbordantes niveles de corrupción estatal.

Con la elección de Claudia y el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, entre otros, en muchas ciudades y poblados del país,se puede afirmar que el bipartidismo tradicional colombiano, por el cual se inició el conflicto armado colombiano desde el siglo XIX, quedó prácticamente sepultado el pasado 27 de Octubre.Además de otro fenómeno sorprendente tras las elecciones, ya que las fuerzas de ultra derecha y ultra izquierda, quedaronmuy debilitados.

Ahora bien, ¿Por qué la sorpresa ante estos resultados? Colombia es unos de los países más inequitativos del continente, y en época de elecciones, se manejan grandes maquinarias, e intereses económicos y compra de votos, con el único objetivo de asegurar la continuidad de grupos minoritarios y la no pérdida “tradicional” de privilegios.

Esto se había convertido en un común denominador de la política colombiana. Los graves escándalos de corrupción de gente electa de manera “democrática” en años atrás, y que prometieron ganar para favorecer las necesidades del pueblo, al igual que el proceso de paz con las Farc, iniciado en el año 2012 en la Habana- Cuba, unido al espaldarazo del presente gobierno, que pretende desconocer y acabar con lo acordado entre el gobierno y las Farc, unido a la terrible asesinato actual de líderes y liderezas sociales por toda Colombia, desde la firma del acuerdo de paz;generaron un fuerte sentimiento de rechazo ciudadano hacia las actuales políticas de gobierno, en las que el partido de gobierno, perdió gran cantidad de alcaldías y gobernaciones, a causa de estas situaciones, sumadas al enfado ciudadano ante las medidas estatales en contra de la educación, salud, pensiones, medio ambiente; así  como salario indigno y condiciones laborales desfavorables para los ciudadanos.

¿Quiénes perdieron estas elecciones? Las maquinarias que esperaban un “tradicional” triunfo electoral, al creerse dueños del electorado manipulando medios de comunicación y encuestas engañosas. ¿Ganadores? Los nuevos electores, sus redes sociales y la avasallante tecnología; aquellos nuevos ciudadanos colombianos, cansados de seguir una guerra, de la cual, las víctimas y desplazados, habían sido “tradicionalmente” sus bisabuelos, abuelos y padres, victimas del fuego cruzado entre liberales y conservadores desde el siglo XIX y XX, y cuyas confrontaciones dieron origen a nuevos actores rivales armados con los que crecieron (Guerrillas y paramilitares); algunos de ellos, víctimas de manera directa, otros, desde la comodidad de sus televisores en las grandes ciudades del país, observando el desangre de otro país totalmente rural.

De otro lado, es innegable, la fuerte influenciasobre el electorado colombiano de los movimientos sociales surgidos en Ecuador y Chile durante el mes de Octubre. Al igual, el activismo estudiantil universitario colombiano, que desde el año 2018, viene centrando la atención nacional por su fuerza y decisión frente a la defensa del derecho a una educación gratuita y obligatoria, en la que el Estado colombiano tenga responsabilidad.

Dicen que nació en Colombia, una fuerza de centro, menos inclinada a un extremo o al otro, más no un engañoso “centro”, actual en el gobierno, que está más a favor de intereses de grandes emporios económicos, y no hacia una democracia dirigida a suplir las necesidades de los menos beneficiados.

Así son Claudia y Daniel, los recién electos alcaldes de las dos ciudades más grandes de Colombia: de origen humilde, con formación universitaria hecha a punta de esfuerzo, sin privilegios de apellidos o padrinos políticos. Así es la nueva fuerza de coaliciones políticas novedosas, (que fue exitosa en las urnas) una fuerza nacida en la clase media ante un país que se sigue urbanizando y envejeciendo rápidamente.Claudia López lo decía: el siglo XXI, había llegado a Colombia desde el pasado 27 de Octubre.

Para el lector, la invitación a concluir tras este escrito con la idea inicial de este mismo: ¿Si ha podido cumplir Colombia, con aquel calificativo de “nación democrática antigua y estable”?

 

Especial desde Colombia, por Gabriel Montoya (Docente e historiador)

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