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Retomar donde habíamos dejado

El honor, la dignidad y soberanía argentinos ya los rifaron. Se los juegan día a día en las mesas de la timba financiera. Los trabajadores secan sus bolsillos en las cajas de los formadores de precios monopólicos y en las ventanillas de los bancos. Ni Arteche se animó a tanto.

Estos rufianes que ven negocio en cuanta oportunidad se les presente, no dudaron ni un solo segundo en hambrear al pueblo que alguna vez supo arrebatarles las riendas del país para conquistar derechos laborales, una vejez digna, educación pública y gratuita, industria, hospitales y viviendas.

La “Fusiladora” del 55 asesinó por odio a esas conquistas a los negros peronistas que se atrevieron a nombrar y  defender al Coronel devenido en Presidente y que había cometido el pecado de acceder a los reclamos de quienes formaban parte de aquel subsuelo de la patria. La continuidad fue la “Revolución Argentina” del César antidemocrático, censurador y proscriptor de los bastones largos. Prohibió la actividad política y sindical con las armas y esos bastones a los efectos de garantizar la política económica del Dujovne de la época, un tal Krieger Vasena, también representante de los monopolios extranjeros.

El Cordobazo fue el punto de quiebre de una política que censuraba para ajustar, para saquear. Censuraba para callar a los que denunciaban tal entrega del botín.

Habían instalado que en la Gran Década se habían robado un PBI, que el Estado era ineficiente y que se gastaba más de lo que ingresaba. Onganía congelaba salarios, ofrecía créditos a la gran empresa, habilitaba las “fuentes financieras usurarias” y abría las barreras aduaneras a la “libre competencia”.

Hoy, el “Onganiato” se expresa con la dictadura mediática que reproduce las versiones de “austeridad”, “excesivo gasto público”, “la oferta y la demanda”, la “competitividad”, etc., para garantizarle a los bancos y los monopolios la transferencia de dividendos a las guaridas fiscales.

Esos dividendos se reparten entre unos pocos gerentes o CEO’s vendepatria, al tiempo que constituyen las pérdidas socializadas del poder adquisitivo de nuestros salarios.

El retorno de Perón el 17 de noviembre de 1972, aunque no fue definitivo, fue la expresión de los argentinos que pretendían nuevamente decidir sobre sí mismos. Y sí, era un viejo cautivador y de firmes convicciones que interpretó las necesidades de un pueblo. A algunos nos emociona. A muchos diría…

El éxito de la política durambarbista que aplica Macri radica entonces en que muchos no puedan emocionarse. No con Perón, sino con una Argentina justa, donde no hayan niños pidiendo en la calle, donde esa niñez no se rife a una estrecha ganancia, donde los argentinos puedan cobrar salarios que les permitan vivir dignamente y jubilarse con los honores de haber servido a la grandeza del país, con la educación pública, gratuita y por qué no de contenido nacional, con hombres y mujeres luchando por la emancipación nacional, social y de género, todo ello como decía el General, para lograr que los argentinos seamos un poquito más felices.

Quizá estas líneas hayan sido una excusa para recordar ese retorno y dar las razones del por qué el “día del militante peronista”. Pero ante el embate de la CEOcracia macrista vendepatria, circunscribir la lucha al “peronismo” no es suficiente. Tal vez el 17 de noviembre de 2018 esté lejos de algún retorno. Tal vez esté cerca. Pero las razones son las mismas. El tres veces Presidente de los argentinos dijo: “¡No hay que olvidar que los enemigos están preocupados por nuestras conquistas, no por nuestros problemas! Ellos se dan cuenta de que hemos nacionalizado los resortes básicos de la economía y que seguiremos en esa tarea, sin fobia, pero hasta no dejar ningún engranaje decisivo en manos extranjeras…Sabemos que tenemos enemigos que han comenzado a mostrar las uñas. Pero también sabemos que tenemos a nuestro lado al pueblo, y cuando éste se decide a la lucha, suele ser invencible…”

Macri es la Argentina extranjerizante, entreguista, de los bancos, la timba, la represión y el saqueo. Llegará la hora… porque sabemos que desde ese subsuelo de la patria, nos sublevaremos…

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