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Seis años de Francisco

El Papa Latinoamericano resulta una expresión de un mundo que ha cambiado y desea un futuro más justo.

En poco más de una década hemos visto como el mundo era sacudido por una crisis en el seno del sistema capitalista ligado a la especulación financiera. La misma se irradió al resto del globo y auspició entre otras cosas, un resurgimiento del proteccionismo con las más variadas expresiones.

Sin embargo el cambio no se ha dado sin conflictos. Mientras algunos los países imperialistas retoman las barreras arancelarias, los sectores ligados a la producción siguen disputando el poder con las grandes finanzas. A su vez, en los países semicoloniales, se reedita continuamente la lucha entre los modelos de redistribución nacional de la riqueza y los ligados a la extrangerización de la renta nacional.

La llegada de Francisco fue marcada por esta situación mundial. Una crisis profunda que ha afectado las nociones mismas de la política, la economía y la cultura que las sostiene a nivel global. La religión, como una expresión de la última, no podía evitar el conflicto.

Antes de la llegada de Francisco, la Iglesia Católica se encontraba en franco retroceso. La vieja Europa que la conducía, estaba repleta de deshaucios y desempleo. Mientras en su mayor núcleo de fieles, Latinoamérica, perdía adeptos frente a las iglesias evangélicas.

Sin embargo, dos mil años de organización no son producto del azar. De su seno surgió una expresión que  sostenía la necesidad de volver a las bases fundamentales de la institución. La denuncia de la injusticia y la reivindicación de los desposeídos. De esa interna surgía Francisco y los pueblos oprimidos del mundo ahora habían conseguido ahora un representante espiritual.

En sus seis años a la cabeza de la Iglesia Católica, no sólo ha planteado meras reformas internas sino una discusión sobre la dirección que debe tomar la institución. La reforma de la Curia, no sólo manifestaba una nueva forma de organización, sino también un rechazo hacia el hampa de las finanzas que la había inficcionado hace décadas en la Banca Vaticana.

A su vez se ha dado una apertura interesante sobre temas signados por la negación o el dogmatismo puro y que hoy vuelven a discutirse. Desde la condena a los abusos a menores y mujeres de toda índole a la ostentación impúdica de la riqueza, una reforma importante parece estar en ciernes.

Tampoco podemos dejar de resaltar el fundamental papel que ha tomado Francisco reivindicando la actividad política, condenado las desigualdades económicas, denunciando la crisis del medio ambiente y defendiendo la soberanía de los pueblos.

Entre sus palabras: “Involucrarse en la política es una obligación para un cristiano. Nosotros no podemos jugar a Pilato, lavarnos las manos: No podemos. (…) Debemos inmiscuirnos en la política porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común.” A los estudiantes jesuitas de Italia y Albania.

“La economía no puede pretender sólo aumentar la rentabilidad, reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos”; cuando en realidad  “debe seguir el camino de los empresarios, políticos, pensadores y actores sociales que ponen en primer lugar a la persona humana y hacen todo lo posible para asegurarse de que haya oportunidades de trabajo digno”. Por aquellos que tienen una responsabilidad en la economía. 

“Quisiera advertir que no suele haber conciencia clara de los problemas que afectan particularmente a los excluidos. Ellos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar.

Ello se debe en parte a que muchos profesionales, formadores de opinión, medios de comunicación y centros de poder están ubicados lejos de ellos, en áreas urbanas aisladas, sin tomar contacto directo con sus problemas. Viven y reflexionan desde la comodidad de un desarrollo y de una calidad de vida que no están al alcance de la mayoría de la población mundial. Esta falta de contacto físico y de encuentro, a veces favorecida por la desintegración de nuestras ciudades, ayuda a cauterizar la conciencia y a ignorar parte de la realidad en análisis sesgados. Esto a veces convive con un discurso «verde». Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.” Encíclica Laudato Sí – Sobre el cuidado de la Casa Común

“El mañana exige respetar el presente dignificando y empeñándose en valorar las culturas de vuestros pueblos. En esto también se juega la dignidad: en la autoestima cultural. Vuestros pueblos no son el “patio trasero” de la sociedad ni de nadie.” Jornada Mundial de la Juventud

Muchos a pesar de no pertenecer a su organización, seguimos con interés las posiciones que ha tomado en estos asuntos. Más aún considerando que sus detractores internos defienden el retorno a una iglesia medieval y lo denuncian de “populista” o incluso de hereje. Saludamos desde este rincón, a quién a puesto en sus palabras el dolor de millones de desposeídos.

 

 

 

 

 

 

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