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¿Son necesarios 190 días de clase?

Termina el año y Cornejo acaba de decretar la extensión del ciclo lectivo. En un contexto de crisis, la cual que atraviesa hasta el último rincón del país, una “solución” facilista no hace más que esquivar los problemas e incluso ser funcional a ellos.

Jaime Correas (Director de la DGE), junto a Macri y Cornejo

El gobierno de Mendoza dispuso el inicio de clases para el 18 de febrero y se extenderán hasta el 11 de diciembre “para garantizar 190 días de clases”, diez más de lo que habitualmente se proyecta año a año. Para Cornejo, esto implica necesariamente un “salto de calidad”, algo que no podría estar más lejos de la realidad. Analicemos la situación con los criterios del macrismo.

En primer lugar podemos ver, que más días de clase o mayor carga horaria no garantiza una mejor educación. De acuerdo a las pruebas PISA, países como Austria, Alemania, Hungría, Corea del Sur o Finlandia tienen menos horas en el aula que los alumnos de nuestro país, pero sus resultados en las pruebas son superiores.

 

Una aclaración antes de continuar, las pruebas PISA dependen de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), institución a la cual el gobierno le rinde pleitesía. La misma reúne a los 36 países que concentran el 80% del PBI mundial, el 75% de la Inversión Directa Extranjera en el mundo y el 60% del comercio global.

Si entre los primeros lugares figuran las principales potencias económicas ¿es la educación garantía de dominio o bonanza económica? ¿O acaso podría ser la evaluación ser funcional a sus intereses? Eso ya sería materia para otra nota, por ahora tomaremos las cifras que usa Cambiemos.

Hasta ahora parece que Cornejo sólo busca agregar días para adelantarse a los conflictos salariales del año que viene. Vale decir, seguirá ajustando.

Desmentida la pretensión del gobernador morado, ahora podemos realizar una análisis más profundo. ¿Qué diferencias podemos encontrar entre los sistemas educativos? El contexto nacional, el presupuesto y el papel de la educación en cada país.

Cualquier sistema educativo del mundo tiene dos elementos fundamentales, el docente y los alumnos. Pero separarlos de la realidad en la cual viven es imposible. Antes de evaluar los resultados de Lengua y Matemáticas, por una cuestión de pura humanidad (y hasta de lógica), cabe preguntarse antes si estas personas tuvieron algo para comer esos días o si pueden sostenerse dignamente con sus salarios.

Según la UCA, el 62,5% de los niños argentinos son pobres, 8 millones de menores tienen algún tipo de carencia (alimentaria, vivienda, educación, salud, saneamiendo entre otras) y uno de cada tres se alimenta en comedores.

Según el Cippec, en los primeros dos años de macrismo el poder adquisitivo de los docentes de todo el país cayó en promedio un 6%. Si sumamos lo sucedido este año entre ajuste y devaluación, según un estudio de la Universidad Nacional de Avellaneda el salario docente ha retrocedido un 18,1%.

Si tomamos en cuenta los fondos, según el presupuesto nacional, por cada 100 pesos destinados al pago de deuda, apenas 38 van a Educación. En una analogía del dinero, para el macrismo es tres veces más importante la especulación financiera que la educación nacional. Ni que hablar de la salud, el trabajo y otros.

Podríamos discutir largo y tendido sobre los distintos sistemas educativos para implementarse en el país. Debatir si mejoramos la formación docente en la escuela clásica, adoptar métodos al estilo finlandés o la educación Waldorf. Orientarnos a la formación técnica, el expresionismo o iniciativa individual. Dirigir la formación teniendo el cuenta el contexto regional o nacional.

Sería un interesante debate para dar en la sociedad en conjunto, pero en la situación que vivimos actualmente esto resulta ocioso. No nos faltan días de clase, sino que escacean los recursos y sobra el hambre. 

 

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