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Sótanos de la democracia (Parte Final)

Volvió la democracia, pero los sótanos quedaron. El poder de los servicios fue creciendo con el paso de los años, impulsado por el manejo reservado de los fondos, la extorsión mediante el uso de información secreta (también llamados Carpetazos) y un amplio abanico de actividades delictivas. De esta forma diversos agentes fueron conformando verdaderas mafias y grupos de poder dentro de los servicios.

Todos los gobiernos de una manera u otra fueron condicionados por los mercenarios y delincuentes. El primer caso resonante que se puede encontrar es el de Raúl Guglielminetti. Un agente de los servicios con amplio prontuario criminal, que se abrió paso hasta ser parte de la custodia presidencial de Alfonsín. Aún luego de su despido y posterior enjuiciamiento, el destape del caso manifestó la supervivencia de agentes y grupos que actuaban al servicio del mejor postor o de su propio bolsillo.

Numerosos jefes de la SIDE intentaron disciplinarla para sus intereses o sanear la agencia dependiendo del caso. Ya sea despidiendo agentes o incorporando masivamente los propios, aumentando sus fondos o haciéndolos públicos, otorgándoles facultades (como las escuchas telefónicas) o interviniendo la agencia. A su vez con el paso del tiempo una pérfida sociedad se solidificó.

Los servicios se asocian y utilizan a jueces y periodistas para desencadenar operaciones y contraoperaciones. Cada escándalo de corrupción y delito resonado de los últimos años se ve atravesado por la mano de los servicios.

El encubrimiento de la causa AMIA, la venta de armas a Ecuador y Croacia, las coimas en el Senado para la “Ley Banelco” y los jueces de la servilleta de Corach, son apenas algunos de los escándalos atravesados por los servicios de inteligencia durante las primeras décadas de la democracia recuperada. Si estos son algunos de los conocidos, imagine el lector todos los que escaparon del conocimiento público.

Un hombre de los servicios conecta algunos de escándalos con el caso Nisman y el affaire D’Alessio, siendo tal vez la personificación de todo lo que se pudre. Antonio Jaime Stiusso, nombrado Director de Contrainteligencia durante la presidencia de Fernando de la Rúa y hábil manipulador de las escuchas telefónicas y la seguridad informática. Con el paso de los años el agente se valió del espionaje y la extorsión para la construcción de poder dentro de los servicios, trabajando al mejor postor o de su propio interés.

Funcionó como nexo de los intereses de la CIA y el Mossad en la causa AMIA y la denuncia de Nisman al Acuerdo con Irán, como puede verse en el documental Nisman: El fiscal, la presidenta y el espía. No crea que el espía profesa fidelidad a un partido, hace unos meses sostuvo que era víctima de las extorsiones de D’Alessio, en connivencia con Elisa Carrió y Daniel Santoro.

Recordemos que el affaire comenzó con la denuncia de Pedro Etchebest al falso abogado Marcelo D’Alessio y al fiscal Carlos Stornelli, por presunta extorsión para no involucrarlo en la Causa de los Cuadernos. Si bien Stiusso salió eyectado de la agencia antes de que fuera convertida en la AFI, su red de colaboradores continúa.

El personaje manifiesta en su accionar todo lo que está mal en el funcionamiento de los servicios de inteligencia. La extorsión mediática y judicial, el manejo de fondos espurios y tantos otros atropellos. Poco podemos hablar de calidad democrática e institucional, existiendo individuos como éste que operan a sus anchas por el país.

Sanear las instituciones de operadores y extorsionadores es una deuda de la democracia. Recientemente el gobierno nacional mediante un DNU, ha limitado a la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) a participar en causas penales en casos de corrupción, narcotráfico o delitos comunes. El 90% de sus fondos ya son públicos. Como así les prohíbe realizar tareas de inteligencia, influir en cualquier caso en la situación del país y revelar información, salvo orden judicial. Sólo podrán dedicarse a tareas vinculadas a la prevención del terrorismo y de los delitos que afecten el orden constitucional.

Dentro de los próximos meses, se espera un nuevo marco legal para los servicios de inteligencia como así la desclasificación de numerosos documentos. Por la salud de la República, nuestra democracia y el respeto a la voluntad popular, la reforma es más que necesaria.

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