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Un signo de la época, de aquella y de esta

Primero, nos encontramos frente a una reunión de “1ras damas”, forma añeja de relacionar a la dama como acompañante del poder. únicamente. El poder, lo social, lo económico, donde y a quienes van los capitales producidos por los trabajadores se estaba discutiendo en otros salones, bien lejos de la humita de Mallman y los vestidos elegantes. Awada les dijo “Como ella [Victoria Ocampo], estoy convencida de que la única medida para que alguien pueda llevar adelante un proyecto y lograr sus metas tiene que ser su capacidad, su talento”. Ya comentaremos esto del talento.

Segundo, el tema de conversación: algunas revindicaciones abstractas sobre la igualdad de género, acorde con la antigua dueña de la mansión. En una entrevista a Maxima, la Reina en Holanda, se profundizó sobre la brecha financiera que existe entre géneros. Discurso calcado de W-20. “Hay mujeres en el mundo que no tienen cuenta bancaria”. Tremendo, imagino el dolor que deberá sentir cuando se entere que algunas, ademas de no estar incluidas en el sistema financiero, son abusadas a diario o traficadas como “blancas” o muertas en violencia doméstica. Se cae de culo, junto con las otras lujosas participantes del almuerzo.

Tercero, la cobertura mediática, de un machismo explícito y absolutamente funcional: que los zapatos, que los vestidos, que los peinados. Que el duelo de bellezas.

Cuarto, el lugar, nada menos que la mansión de Victoria Ocampo. Sobre esto una breve reflexión que le da sentido a todo: ¡Justo a la mansión de una aristócrata, que encontraba tan dificil la escritura en castellano que optaba por escribir en frances para luego traducir la obra al español!. Ocampo y Macri tienen similares debilidades idiomáticas e identica comodidad en la subordinación -cultural la primera, económica el segundo-.

La misma Ocampo aceptaba tertulias con Mussolini, ese que decía que las mujeres servían para tener soldados que van al campo de batalla, por la necesidad de los lazos culturales con Europa. Pero cuando Perón daba el voto femenino de la mano de Eva era por un intento demagógico de este para perpetuar el régimen despótico. Parecía no influenciarle las conversaciones con Virgina Woolf, quien afirmaba que contar con independencia económica les permitiría
liberarse de las preocupaciones por la supervivencia y poder dedicarse al desarrollo de
su capacidad intelectual y artística.

Como no pueden aceptar que su fortuna proviene de lo que nosotros producimos, incurren en el viejo discurso liberal: en términos individuales, el talento, en asuntos económicos, el librecambio. Las mujeres plantean lo primero, lo segundo se discute entre jefes de Estado y el FMI. El dinero, la belleza, el arte de la imitación de las pautas culturales, el snobismo no han pasado de moda para ellas -ni para ellos-. El asunto es si estos personajes finalmente han pasado de moda para nosotros, porque ahí te quiero ver.

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