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URUGUAY EN EL LABERINTO DE AMERICA LATINA

El convulso panorama latinoamericano escapa de explicaciones facilistas. Con el retorno del peronismo al gobierno, la victoria de López Obrador, las puebladas chilenas y ecuatorianas, y hasta con la excarcelación del político más popular de la historia del Brasil, muchos nos esperanzamos con el devenir de una nueva “brisa progresista” en la región. Pero el golpe de Estado en Bolivia y la reciente derrota del Frente Amplio nos significó a más de uno, un duro baño de realidad.

Es sobre el caso uruguayo que nos explayaremos. Nuevamente y a pesar del incuestionable progreso experimentado por las mayorías uruguayas en estos quince años de gobierno del Frente Amplio, una fuerza nacional y popular es vencida en las urnas y por estrecha diferencia, por una coalición de partidos de derecha y centro-derecha. Coalición identificada, curiosamente, con el Cambio.

Los ciclos de bonanza y estancamiento económico; la ruptura con cámaras empresariales y sectores vinculados a la propiedad de la tierra; una gran “alianza multicolor” de partidos opositores; una campaña mediática focalizada en la “inseguridad” y la “corrupción”; como así también, los déficits y graves errores del Frente Amplio desde el gobierno y en campaña, permitieron reeditar en el Uruguay del 2019 un escenario similar al de la Argentina del 2015.

Es importante hacer hincapié en esto último, puesto que las derrotas sufridas en los últimos años por los gobiernos nacionales y populares de la región creemos que obedecen, a pesar de sus particularidades, a motivos similares.

Análogamente a lo ocurrido en nuestro país, Uruguay se benefició a comienzos de la década pasada del alto precio las materias primas en el mercado internacional, accediendo a un importante flujo de divisas de la exportaciones agrícolas – ganaderas. Quince años más tarde, persiste en el país ribereño una fuerte dependencia de la renta generada por las exportaciones de bovinos y soja. La diversificación de la matriz productiva que podría haber permitido sentar las bases de una economía industrial y sortear los períodos de estancamiento económico, nunca llegó.

De esa forma, con la disminución de los ingresos agrícolas-ganaderos, los notables índices de crecimiento económico, igualdad y empleo, fueron menguando a la par que la inflación avanzaba. Puede este marco explicar la inclinación de los sectores rurales del interior del país hacia la fórmula del Partido Blanco. Solamente en Montevideo y Canelones pudo superar Daniel Martínez a su contrincante, viéndose derrotado en los otros 17 distritos electorales.

FUENTE: El Observador con el 100% del escrutinio primario finalizado.

La corrupción fue otro flagelo con los que el partido de gobierno tuvo que lidiar. El vicepresidente electo en 2014, Raúl Sendic, tuvo que renunciar ante las acusaciones de apropiación de fondos públicos para beneficio personal. A pesar de que el Plenario Nacional del Frente Amplio impulsó la abdicación de su cargo, el hecho repercutió en una fuerte deslegitimación del gobierno de Tabaré Vázquez; fogoneada, claro está, por la oposición y la prensa concentrada.

Al desgaste propio de tres lustros al frente del gobierno, diversas voces, entre los que destacan Atilio Borón[1] y hasta el mismísimo Pepe Mujica[2], se han alzado para señalar la desdibujada campaña emprendida el Frente Amplio. Desde rispideces entre el principal candidato y los ex presidentes Mujica y Tabaré Vázquez, hasta una campaña torpe e ineficaz, que viró su rumbo en más de una oportunidad acorde a una agenda pública impuesta por la prensa.

A grandes rasgos, estos son algunos de los factores que desde el mismo Frente Amplio, creemos que facilitaron la victoria del Partido Blanco. Para el resto de los latinoamericanos y para los argentinos en particular, el resultado de esta elección no es un dato menor.

Lacalle Pou ya ha adelantado la salida de su país del Mecanismo de Montevideo, organismo conformado por México, Bolivia y Uruguay para colaborar en una salida soberana y democrática del conflicto en Venezuela; como así también ha señalado coincidencias con el Grupo de Lima y con el presidente de la OEA, Luis Almagro, responsable directo de la ruptura del orden constitucional en Bolivia. Jair Bolsonaro, por su parte, celebró la victoria del Partido Blanco, contrariamente a la prédica descalificatoria con la que condenó el triunfo de Alberto Fernández. Las insinuaciones del servil presidente brasileño sobre la expulsión de la Argentina del Mercosur pudieran concretarse si contara con el apoyo del electo presidente uruguayo.

Muchas veces en la política, como en la física, por la Ley de la Acción y Reacción, la presión ejercida por una fuerza por sobre otra, es respondida con otra presión de igual magnitud, pero de sentido contrario. Quizá por esta razón, los augurios de tiempos mejores tendrán que esperar ante la contraofensiva que los sectores más reaccionarios de América Latina están llevando adelante, con la activa participación del Departamento de Estado.

 


Referencias:

[1] EL PAÍS. Mujica tras victoria de Lacalle: “No ganó la oposición, sino que perdió el Frente Amplio”. 28/11/19

[2] BORÓN, Atilio. Uruguay: un balotaje de música ligera. Publicado en la web personal del autor.

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